| Y ahora lo que se impone es trabajar por
Venezuela Los resultados del ya histórico 25 de julio de 1999 son
contundentes. A pesar de la abstención de un 53% aproximadamente de los inscritos en el
registro electoral, el Polo Patriótico logró nada menos que 121 constituyentistas de los
131 escaños que conforman la Asamblea Nacional Constituyente. Esto significa, como bien
lo señaló un articulista del diario El País
de España, que "Venezuela se ha entregado a Hugo Chávez. Sin condiciones, sin
contrapesos y sin posibilidad de marcha atrás".
Las causas de este aplastante triunfo van más allá del sistema de votación
"entubado" y de la intensa campaña electoral desarrollada por el gobierno.
Incluso, van más allá de la efectividad del discurso de Chávez, discurso que cala
fácilmente en un 80% de venezolanos cada día más empobrecidos y que se muestra
convencido de que Venezuela es el país más rico y que por tanto se merece volver a los
años dorados del boom petrolero. Los motivos recaen fundamentalmente en la falta
de coherencia y claridad por parte de una oposición política (y económica y social)
desarticulada, desorganizada, desprestigiada, desmotivada, para decir lo menos. Ni los
partidos políticos tradicionales, ni la llamada sociedad civil ni los empresarios han
sabido reaccionar seria y efectivamente como no lo hicieron en las últimas dos
décadas a las necesidades y expectativas de cambio exigidas por la sociedad. Ésta
es la pura verdad.
Pero ahora lo que se impone es trabajar con verdadera responsabilidad por Venezuela y
su futuro. Todos tenemos en ello una gran responsabilidad. Al gobierno y a los
constituyentistas les toca refundar la patria en términos realmente democráticos y
pacíficos. El presidente Chávez ya anunció desde su "balcón del pueblo" del
Palacio de Miraflores que presentará su proyecto de Constitución Bolivariana y que se
creará un nuevo Congreso, un nuevo Poder Judicial y Electoral, una nueva Federación
donde se puedan repotenciar los poderes locales y regionales. Ojalá estas iniciativas
cumplan las crecientes expectativas creadas por el propio jefe de Estado, ya que de no
cumplirse lo prometido las consecuencias serían nefastas para la paz social. Y ya no hay
excusas para no acometerlas. El puntofijismo está fuera de
juego.
Por otra parte, a la oposición le llegó la hora de la verdadera renovación. Los
partidos políticos reconstruyendo sus ideologías, su estructura e incluso sus cuadros
dirigentes. Aunque tardíamente, al menos algunos de AD y Copei ya han puesto sus
renuncias a la orden de sus respectivos partidos. La sociedad civil y el sector
empresarial, dejando de lado los personalismos y conjugando una estrategia cívica clara y
coherente. A todos les corresponde hacer una oposición constructiva al nuevo gobierno,
aunque aún más atenta y vigilante.
Sólo así empezaríamos a salir del ya demasiado largo atolladero de la
ingobernabilidad, la inestabilidad social y de la crisis económica que atraviesa el
país, la peor sin duda de las últimas décadas. |
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