Desafortunadamente el espíritu navideño parece
estar bien lejos de los venezolanos de este fin de
siglo. El clima se ha enrarecido por la pugnacidad
generada tanto por los partidarios del sí como del
no.
Resulta paradójico que lo que debería haber unido
a los venezolano ,como lo fue la redacción de la
carta magna para empezar con buen pie el milenio , ha
sido un elemento de diatriba, de desunión , producto
, en parte, de una incomprensible prisa por concluir
un proceso que iba marchando bien, a pesar de las
dificultades evidentes en lograr un texto legal que
satisficiese intereses contrapuestos.
Hoy el país está en "guerra". Se
blanden sables desde diversas trincheras y sólo falta
una chispa para que se encienda la yesca que hará
volar el polvorín
Nadie en su sano juicio puede desear que se
produzcan en Venezuela estallidos que acaben con la
paz social – imperfecta- que ha vivido la República
en la mayor parte de este siglo, Si algo podemos
definir como positivo en el venezolano ha sido su
capacidad de conciliar, de encontrar puntos de
encuentro con el adversario. Ejemplo de eso fue la
redacción de la Constitución de 1961 en la que
participaron todas las fuerzas políticas que lucharon
contra la dictadura del General Marcos Pérez Jiménez,
incluso el actual presidente de la ANC Luis Miquelena
.
Factor de paz social fue también el proceso de
pacificación iniciado en el gobierno de Raúl Leoni y
concluido en el primer gobierno de Caldera. Tan
efectivo fue ese proceso que antiguos revolucionarios
alcanzaron posiciones relevantes de gobierno en las
administraciones de Pérez, Herrera y Caldera 2 , como
fueron, entre otros, Manuel Quijada, Teodoro Petkoff,
Gumersindo Rodríguez, y Pompeyo Marquez,.
Incluso en el periodo de turbulencia que acabó con
la segunda presidencia de Pérez se hicieron serios
esfuerzos por evitar que se interrumpiera el dialogo
entre las diversas corrientes de opinión del país.
Con el triunfo del Presidente Chávez y su condena
al pasado, entramos en un período especialmente polémico
en el que se parte del axioma, de que todo el pasado
democrático es negativo y todo el futuro es
regenerador. Ese maniqueísmo es entendible, si bien
discutible, como plataforma política para lograr
reagrupar y motivar emocionalmente a inmensos sectores
del país que habían entrado en un virtual estado de
anomia , sin embargo tiene por lógica consecuencia ,
una vez derrotadas las fuerzas políticas del pasado,
arremeter contra sectores sanos de la sociedad
venezolana que tienen por único defecto el no ser
marginales,
El Presidente Chavéz tiene una gran
responsabilidad histórica, no sólo de impulsar los
cambios que el país requiere sino de unir a todos los
venezolanos detrás de ese proyecto. Los cambios no
deben consistir únicamente en acabar con AD y COPEI y
centralizar el poder.
La oposición tiene que entender el proceso de
cambio como algo necesario y si bien su función es
poner de manifiesto las incoherencias y
contradicciones, sin embargo no puede sumarse de
manera irreflexiva a un juicio de intención.
Para utilizar la expresión del General López
Contreras, se requiera calma y cordura. Las victorias
o las derrotas vistas como opciones excluyentes no
presagian nada bueno para el país. Al final de este
referéndum del 15 de diciembre se inicia un nuevo
proceso del cual la constitución no es sino una
etapa. Lo importante es lo que vendrá después. Podrá
y querrá el Presidente convertirse en el líder de la
nación o deseara seguir siendo el comandante de una
fracción del país por grande que esta pueda ser.