Venezuela: balance 1999
Todo fin de año es propicio para la evaluación
del estado político, económico y social de un país.
Más aún si el año en cuestión pone fin a un siglo
y da inicio a un nuevo milenio. Para Venezuela,
específicamente, el balance adquiere importancia
especial ya que 1999 representó la muerte definitiva
del modelo democrático "puntofijista"
iniciado 40 años atrás, en 1958, y el inicio de un
régimen revolucionario cuyo fin supremo es refundar
la sociedad y establecer la República Bolivariana de
Venezuela.
Pero lamentablemente, la balanza venezolana de 1999
se muestra en desequilibrio y se inclina -al menos por
ahora- más hacia el lado negativo que positivo.
Revisemos los datos y los hechos.
En materia económica, y según estimaciones del
Banco Central de Venezuela, el año termina con una
disminución del Producto Interno Bruto del 7,2%, con
una reducción del 24,9% de la inversión privada, con
un índice de desempleo del 15,4% y un 51,7% de la
población ocupada trabajando en el sector informal,
con una caída de la producción agrícola del 0,7%,
declive que vino acompañado de una fuerte
contracción en los sectores que más generan empleo
en el país, construcción en 20,4%, manufactura en
10% y comercio en 16,5%. La recesión es lo más
relevante del panorama económico. Comenzada en el
segundo trimestre de 1998, no sólo ha continuado sino
que se ha profundizado durante todo el año a pesar de
que los precios petrolero se han recuperado con creces
desde el mes de marzo. Cabe destacar, que estas cifras
aún no registran el efecto de la tragedia natural de
diciembre. El único aspecto positivo, aunque
relativo, que muestra la gestión económica del
Gobierno es la disminución de la inflación que
-según el actual Ministro de Planificación- se ubica
en un 20,1% "la más baja desde 1986", así
como el crecimiento de las reservas internacionales en
500 millones de dólares más que en 1998, cuando
cerraron en 15 mil millones.
En lo social, si bien el gobierno no ha dado a
conocer datos concretos, no cabe duda que la
situación de pobreza critica, pérdida de la calidad
de vida, aumento del delito y la violencia social que
viene sufriendo el país en forma sostenida entre, al
menos, 1995 y 1998, se ha empeorado en 1999, en virtud
de la paralisis y recesión económica, la falta de
medidas sociales por parte del gobierno y dada las
considerables pérdidas a causa de las lluvias que
azotaron al país. Pero a pesar de ello, o tal vez a
causa precisamente de esa situación critica, aún se
observa en el venezolano una actitud positiva en la
mayoría de los venezolanos que se puso de manifiesto
claramente ante el desastre de las lluvias cuando fue
activada una espontánea, vigorosa y entusiasta red de
voluntarios para prestar ayuda y socorrer a las miles
de familias y ciudadanos afectados y así, desde los
distintos rincones de la ciudad, gentes de los barrios
más humildes como de las urbanizaciones más
acomodadas, se confundíeron en un solo gesto
solidario.
El panorama político de 1999 continuó siendo de
incertidumbre, inestabilidad, retórica agresiva,
conflictos y divisiones dentro y entre los diversos
actores gubernamentales y no gubernamentales del
sistema político. La nueva Constitución aprobada en
el referéndum del pasado 15 de diciembre defraudó a
todos aquellos que esperaban que el debate
constituyente concluyera con la adopción de un texto
constitucional capaz de promover y garantizar el
proceso de cambios modernizadores que la sociedad
venezolana reclama en orden a la reconstrucción de la
República dentro de parámetros democráticos de
avanzada, como lo exige la dinámica del nuevo siglo.
Más bien, esa nueva Constitución ha causado
sospechas nacionales e internacionales en torno a la
instauración en Venezuela de un nuevo modelo
autoritario y militarista con fachada democrática, sospechas que se han incrementado
tras las últimas decisiones y acciones de la
Directiva de la Constituyente. Incluso personas
pro-gobierno, como el asambleísta Ricardo Combellas,
han levantado su voz de protesta ante la actuación de
la Directiva, rechazando, en primer lugar, la forma
cogollérica como se seleccionó a los miembros del
llamado "Congresillo", y advirtiendo, en
segundo lugar, que los actos constituyentes vulneran
principios constitucionales vigentes desde hace más
de 25 siglos y desdicen del espíritu de la nueva
Carta Magna.
No obstante, 1999 muestra dos rasgos positivos en
términos políticos: Primero, el año termina con
relativa paz y con cierta moderación en la
agresividad de la compleja vida política. Segundo, en
el transcurso del año se observó una relevante
reacción cívica dentro de los sectores medios de la
sociedad venezolana de la cual podrían surgir en el
futuro la nueva oposición política que tanto se
necesita tanto para el resguardo del equilibrio de
poderes dentro del sistema político, como para
garantizar la continuidad de la democracia venezolana.
Pero a pesar de todo lo anterior, de este balance
realista y hasta cierto punto desolador se deben
imponer el espíritu y la actitud constructiva. Es
esencial la disposición a continuar trabajando y
luchando por Venezuela, dejando atrás la queja y el
pesimismo paralizante. Al menos este es el mensaje y
el deseo profundo de todo el equipo de Venezuela
Analítica, el cual le hacemos llegar.
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