Venezuela otra vez indicando el camino, una nueva forma de hacer historia

Jose Miguel Guimera

Una vez más, parece que nuestro país dará el ejemplo de cómo hacer las
cosas. De eso se trata la constituyente. Una nueva Independencia, no de
autoridades lejanas, ciegas de las realidades más allá de sus playas, sino
de autoridades locales que pensaron que sin ellos el venezolano no sabría
que hacer. Es la primera vez que un pueblo latinoamericano puede
pronunciarse con respecto a un cambio radical en su constitución y
participar en una revolución pacifica, donde tiene la posibilidad de
aceptar o no las nuevas direcciones que se esten generando. Es un hecho
que es la sociedad venezolana es la que ha propulsado este proceso. Muy
parecido al proceso estadounidense de hace más de 200 años, donde las
comunidades de 13 provincias británicas se unieron en torno a un objetivo
y necesidad.

Debemos reconstruir una constitución, que permita su adaptación a la
realidades que se vivan en el momento, siempre ajustada a los derechos
humanos fundamentales e inalienables y apegados a la justicia. Esta última
tenemos que garantizarla, de manera efectiva y sin la menor duda. No se
pueden seguir tolerando decisiones judiciales como a las que nos tiene
acostumbrados nuestros ilegítimos magistrados. Menciono lo de ilegítimos,
porque muchos venezolanos nunca se han sentido ni protegidos y ni mucho
menos representado por estos señores. En otras palabras: Nos han impuesto
unos jueces, ante los cuales no hemos podido nunca hacer valer nuestros
derechos y muchos menos pedirles cuentas de sus acciones.

Bien decía el Sr. Miguel Osio Sandoval en respuesta a la opinión del Dr.
Uslar Pietri, con respecto a la modificación de la Carta Magna indicándole
a nuestro  famoso escritor que no ha entendido el proceso que hoy estamos
viviendo.

Tal vez habrá que explicarle al Dr. Uslar que el juego ya no se se rige por
las mismas reglas, que ya la nación decidió que esta constitución y leyes
por la cual nos estabamos rigiendo, ya no representa la voluntad
mayoritaria de los verdaderos dueños de este país y que por lo tanto, se le está
violando a la población su derecho básico y primario constitucional
universal, de cambiar la misma sin tener que pasar por una aprobación
previa de los elegidos supuestamente para estas funciones.

Aceptar lo que plantea Uslar Pietri es como por ejemplo: aceptar que cuando
contratamos a un técnico para arreglar el sistema eléctrico de nuestra
casa, el técnico decida hacerlo según unos planos de vigencia ancestral y cuyas
especificaciones y materiales ya no se ajustan a las normas internacionales
modernas actuales, aduciendo que esos son los planos originales de la casa
y que para modificarlos el propietario necesita la aprobación del sindicato
de trabajadores eléctricos del estado, ante lo cual el propietario se vería
sujeto a la voluntad de terceros para mejorar la comodidad y seguridad
eléctrica de su casa,donde él vive , sin la menor oportunidad de
hacer los cambios que en realidad  necesita y que va a pagar por tenerlos.

Cualquiera que piense que esto es exagerado, debe saber que tenemos ciertas
normas y leyes de diferentes especialidades, donde el atraso que existe en
ciertas áreas, impiden que sus preceptos sean cumplidos porque ya ni
siquiera existen los elementos que le daban sentido a la normativa.

El problema se plantea porque hay quien dice que eso solo requiere una
modificación, pero resulta que estamos hace 40 años esperando que este
proceso de modificación se lleve a cabo de una manera más eficaz, coherente
y rápida. No solo no se hacen los cambios evidentemente necesarios, sino
que pasan años para modificar hasta la menor de las leyes.

El problema venezolano ha sido que los gobernantes se han basado en la
ambiguedad e imprecisión de la constitución y las leyes, para generar estas
crisis de gobernabilidad y confrontación entre poderes, generando así una
especie de juego de monopolio donde el banquero cambia las reglas del mismo
según la ocasión le convenga, acelerando aquellos procesos de modificación
que él quiere imponer y entorpeciendo aquellos que no le convienen.

Ante esta situación los jugadores deben decidir entonces que van hacer con
el juego, con el banquero y las reglas a las que se deben apegar.En nuestro caso,
más claro no canta un gallo; los jugadores ya han decidido
por una constituyente les guste o no a los congresistas, los cuales
estarían entrando en desacato del mandato del soberano, si intentan obstaculizar el
proceso. El mensaje del pueblo es muy claro: El que no se monte en este
autobús, se queda.

E-Mail: jmguimera@bigfoot.com



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