También era de esperarse

En el marco de la subversión y de la violencia generalizada suelen presentarse frecuentes situaciones y no pocos episodios que algunos toman por manifestaciones de sorpresa, pero que en realidad no tienen otro carácter que el de nuevos capítulos de la barbarie, movidos por estímulos y objetivos que en el fondo se identifican, así se pretenda ubicarlos en frentes diversos.

Es lo que ocurre, por ejemplo -ya con tendencia recurrente-, en lo que concierne a las acciones de los llamados grupos paramilitares, que los ingenuos suelen diferenciar de las que protagonizan los denominados con benevolencia "alzados en armas".

La cruda realidad -como todas las que se relacionan con episodios bárbaros-, es que los llamados paramilitares hacen exactamente lo mismo que los insurrectos, cuando no los superan con creces en sus excesos. Eso lo esperaba el país, sin duda alguna. Presuntivamente organizados para oponer un frente de resistencia y ataque a los alzados en armas, han concluido, como ellos, en sistematizar el asesinato.

No otra impresión puede desprenderse de la circunstancia de que, luego de otras hazañas similares, hayan asesinado en los últimos días a cuarenta y un campesinos en once municipios de Antioquia y de la región de Urabá, y que en la población de Curumaní, en el Cesar, hayan sacrificado igualmente a once personas, entre ellas una anciana que resultó incinerada. Con su dotación completa y con listas en mano han buscado a sus víctimas y las han ultimado a mansalva y sobreseguro. Ese es el auténtico ataque criminal contra la población indefensa de los campesinos, cuyo número de sacrificados en la región de Urabá en los últimos diez años ha sobrepasado la cifra de diez mil. Todos a una, los alzados en armas y los paramilitares, más asociados que enfrentados. diezman a gentes humildes.

Facilidades para exportar

Siempre se ha sostenido que las exportaciones constituyen una fuente sustancial para vigorizar, en términos generales, la economía de un país; para exaltar su condición en el conjunto del comercio exterior y para asegurar una provisión adecuada de bienes de consumo, entre otros factores. También entre nosotros se comparte ese criterio genérico, mas en la práctica los mecanismos no han operado como fuera de esperarse. La tramitología de las exportaciones no presenta la indispensable agilidad, y en todos los recodos suelen presentarse erogaciones no siempre justificadas en debida forma, que conspiran contra la cautela en el nivel de los costos.

Todo eso se espera que se modifique sustancialmente, con base en un nuevo estatuto aduanero cuya preparación se inició a mediados del año anterior, y que se fundamenta cabalmente en un estudio realizado por el Fondo Monetario Internacional sobre la materia, en el que se formularon recomendaciones específicas al respecto.

Lo primero que se encontró en ese panorama fue el exceso de normas y tramitaciones no pocas veces contradictorias, contenidas en dos leyes marco; ocho leyes ordinarias, ochenta decretos, cientos de resoluciones y mil conceptos. El nuevo estatuto ya no será una simple codificación de toda esa tumultuosa literatura administrativa sino un compendio orgánico que agilizará los trámites, los procesos, y los simplificará electrónicamente al máximo, hasta el punto de que los pagos de orden tributario ya no serán dispersos sino unificados en una sola oportunidad final.

La desaparición de la tramitomanía inoficiosa será, en estas condiciones, uno de los factores técnicos para impulsar las exportaciones nacionales, con fundamento en una muy clara y extensiva investigación de los mercados externos, en el marco de un nuevo estatuto aduanero en verdad funcional y práctico.

 


El Tiempo de Bogotá, 10 de enero de 1999

 



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