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| De milagro en milagro Guillermo Ortega También ocurre que en Economía, de vez en cuando, se ponen de moda esas explicaciones que echan mano de un cierto comportamiento misterioso para explicar lo que las teorías tradicionales no pueden. Es el caso de los famosos efectos contagios, de las burbujas, del "hearding behaviour", términos que a menudo son muy utilizados para tratar de descifrar el caso de una economía aparentemente sana que de pronto colapsa. El ejemplo típico de la crisis asiática o de ciertas crisis de balanza de pagos que parecen no encajar con factores fundamentales, sirve para ilustrar esos fenómenos. Curiosamente esas explicaciones son muy frecuentes en el caso de las crisis, Pero de verdad muy escasas a la hora de explicar recuperaciones que también tienen su toque de misterio. Al final si se trata de asuntos en cierta forma simétricos, también pareciera razonable aplicar los mismos conceptos a una recuperación que empieza simplemente por un efecto contagio. La pregunta entonces es si después de toda esta temporada a la penumbra a la que nos condenó el inefable gobierno dl doctor Caldera, podremos salir del maleficio con una de esas pócimas milagrosas que parecieron asomar luego del triunfo del presidente Chávez. Sera posible que luego de semejante desastre en el manejo de la economía, podamos estar al frente de una recuperación milagrosa, un efecto contagio que inyecte mejores expectativas al mercado y permita que la economía vuelva a crecer. Creo que la hipótesis no es nada despreciable, al menos por tres razones. Primero, teóricamente, al menos desde el famoso modelo de Samuelson de 1956, en cierta forma la formalización de algo que ya se sabía con siglos de antelación, en Economía sabemos que algunas cosas importantes funcionan por un sencillo acto de fe. Algunos activos, como por ejemplo el dinero, se mantienen finalmente porque tenemos confiaza de que alguien lo va a aceptar al final del camino. Por supuesto esos activos son muy útiles al reducir costos de transacción y todas esas cosas que se enseñan habitualmente en un curso de Teoría Monetaria, pero es bien sabido que en última instancia el dinero no es desplazado por otros activos en la medida que se tiene fe en su aceptación. Pues bien, si los venezolanos hacemos un acto de fe y decidimos incrementar nuestras tenencias de bolívares, no cabe duda de que muchas cosas cambiarían a favor de una rápida recuperación. La economía se remonetizará, las tasas de interés bajan, aumentan la inversión y se da comienzo a esa simple cadena sobre la que mi amigo Francisco Vivancos podría construir un interminable artículo. En segundo lugar, creo que tampoco hay que descartar la hipótesis si se piensa en el alto grado de ingenuidad de nuestro mercado. Cuando uno observa cómo muchos de los analistas del mercado ahora hacen el trabajo de construirle al Presidente las más floridas loas, cuando apenas ayer el mismo personaje era su peor pesadilla, comprende que al menos en cuanto tiene que ver con el mercado de valores, apenas un chasquido de dedos es suficiente para ponerlo en movimiento. Lamentablemente es un mercado muy pequeño, para iniciar la recuperación, pero una fiesta de corredores puede ser bastanta ruidosa. El tercer factor es el efecto gobierno, en febrero vamos a tener un Presidente sobre quien el país no va a estar especulando sobre la duración de su siesta. Como dice un amigo, un país que ha estado siete años sin Presidente, ahora va a tener uno. Bastó que Chávez ganase para que el presidente del BCV suspendiera su escandalosa agenda de viajes, Pdvsa recortará su presupuesto de gastos y en el mercado se sintiese un poco de autoridad. Ese efecto Chávez puede facilicitarle las cosas por un tiempo, sobre todo en un país en que muchos practican con extraordinaria habilidad el viejo oficio de cortesano. No cabe duda de que todos esos factores pueden hablar a favor de una recuperación milagrosa. Y ojalá las cosas fueran así de fáciles. Sin embargo, me temo que es muy largo el camino y muchos los problemas. El peor engaño al que puede someterse a sí mismo el próximo gobierno es creer que los problemas se resuelven simplemente como un acto de fe. Eso seria repetir uno de los errores del gobierno del presidente Caldera. La economía venezolana no es ni remotamente el caso de un cuerpo sano al que atacó de repente una epidemia. Nuestro país tiene el peor desempeño económico de las últimas tres décadas y una de las razones fundamentales tiene que ver con el colapso institucional de un sector público incapaz de instrumentar las políticas necesarias para el crecimiento. Empezar esa reconstrucción institucional no es tarea fácil. La recuperación, al contrario de esas crisis que se producen por efectos contagio, no puede ser pasajera, para ser una recuperación de verdad tiene que ser sostenida y eso suena a ser más producto del trabajo que de los milagros, Sinceramente creo que podemos ver 1999 con optimismo. Siempre he creído que más temprano que tarde este país va a comenzar su enorme espacio de oportunidades, pero en cualquier caso, no está de más que por estos días comencemos por ese milagro de restituir la confianza en el Gobierno.
El Universal Digital, 4 de enero de 1999 |
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