Motivación
La educación: prioridad de prioridades

Juan Martín Echeverría

La sociedad venezolana debe ir preparando de la manera más conveniente a los nuevos miembros que se le incorporan, para que se integren y sean útiles, lo deseable es que la Nación tenga ciudadanos bien preparados, que no sean un factor de destrucción y contribuyan en la medida de sus posibilidades al crecimiento del país: es ilógico fabricar desocupados o incluso enemigos. En este contexto los candidatos presidenciales concentraron su oferta educativa en los doscientos días de clases del año escolar, la reducción de las asignaturas obligatorias, el doble turno, la gratuidad de la enseñanza, la mejora de sueldos de los profesores y maestros, la construcción de nuevas sedes educativas y el aprovechamiento de la informática.

En relación a las promesas electorales, habría que comenzar por cumplir con los ciento ochenta días de clases previstos en la legislación actual, porque lo cierto es que con mucha dificultad se llega a impartir educación durante ciento cincuenta días; el doble turno escolar es una meta ideal, que requiere un programa de nuevas construcciones educativas, en un plazo entre cinco y diez años y las materias obligatorias sí podrían reducirse. Estamos de acuerdo con la gratuidad de la enseñanza primaria y básica, también con el incremento progresivo de los sueldos de los educadores y con los laboratorios de computación y el acceso a internet, siempre que cada sede de enseñanza tenga agua, luz, teléfonos, pizarrón, tiza y pupitres, ya que hay que adecuar las promesas a la realidad en que vivimos.

Sin embargo habría que comenzar por definir las metas educativas: ¿Qué haremos en el futuro con los gremios y las condiciones draconianas de los contratos colectivos? ¿Debemos preparar los técnicos a partir del noveno pacto educativo? La preparación de nuestros jóvenes no cumple con los objetivos sociales que tiene asignados, porque no los prepara para integrarse a la demanda de trabajo y la calidad de la educación es demasiado desigual, al no atenerse a un mínimun de exigencias de obligatorio cumplimiento.

La enseñanza no puede jamás equipararse a cualquier bien de los que ofrecen en el mercado, como vehículos, servicios o prendas de vestir; se trata de la prioridad por excelencia y del futuro de las próximas generaciones, conviviendo en un mundo globalizado donde la técnica se ha vuelto imprescindible y es la palanca de la modernización. En fin, el esfuerzo en mejorar la calidad educativa, de quienes no han podido disponer de igualdad de oportunidades para su formación, es una especie de rebelión contra el destino implacable.

La crisis educativa tiene el don de ubicuidad y como un ser superior está en todas partes y bien a la vista, como quien quiere esconderse de un posible enemigo situándose delante de un árbol y no detrás; es imposible desconocerla y está incorporada a nuestros hábitos, costumbres y manera cotidiana de actuar, mostrándose en la escasa formación en el hogar, en las reacciones agresivas de la gente, en los abusos y desaciertos de los funcionarios y en la atmósfera en permanente ebullición que nos rodea.

En el trato que hemos tenido con maestros y profesores suelen mostrarse sorprendidos por la ignorancia de sus alumnos, por ello debemos resaltar que los educadores más conocidos y respetados son aquellos que aplazan a la mayor parte de sus alumnos, lo que es contradictorio porque sería el reconocimiento de su incapacidad para transmitir sus conocimientos; el maestro o profesor que quiera enseñar con éxito una determinada materia, tiene que ser dueño de todas las iniciativas y motivar a sus educandos para que se entusiasmen en aprenderla.

Como lo señala Umberto Eco, hoy en día ni siquiera se permite hacer una guerra sin pedir permiso, mucho menos se permite hacer una revolución, pero en este país mágico cada candidato trató de superar al otro en las promesas, sin embargo existen dos áreas intocables que no deben involucrarse en 'los manejos de la clase política': la educación para el trabajo y para la vida; en consecuencia, la oferta educativa debe ser realizable, concreta en el tiempo, determinada en sus costos y con lineamientos precisos, sobre todo en la capacitación técnica. La Nación espera el compromiso de todos los ex candidatos para hacerla efectiva y ese acuerdo tiene sentido estratégico y visión realista del futuro.

E-mail: juanmartin@cantv.net

 


El Universal Digital, 10 de enero de 1999



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