José Saramago

Ricardo Gil Otaiza

Dos de mis mayores descubrimientos vitales del año 98 han sido los libros y la personalidad del escritor portugués José Saramago. Luego de la violenta arremetida de los autores pertenecientes al denominado boom de la literatura latinoamericana en la década de los setenta, el surgimiento de la figura de este intempestivo hombre de letras, casi que cerrando el presente siglo, ha demarcado con absoluta claridad el camino de la novelística contemporánea: enalteciéndola con una prosa limpia, desenfadada, alejada sin rubor de las estáticas reglas gramaticales que pretenden convertirse en camisa de fuerza o en un corsé academicista a la libre expresión del pensamiento y de la creación literaria. El personal toque y la singular composición sintáctica de Saramago, constituyen un hecho relevante en las letras universales, acostumbradas a más de lo mismo, pero con diferente sazón y empaque. La magia de su escritura radica en narrar de la misma manera cómo se contaría una historia a través de la oralidad, lo que le confiere una gran flexibilidad y exquisita soltura: 'Lo que está clarísimo nos dice el propio Saramago es que cuando hablamos (...) no usamos puntuación, hablamos como se hace música, con sonidos y pausas'. Estas cuestiones de inmediato son percibidas con gran goce estético por parte del lector, ya no tan pasivo, de su obra literaria, y que deberá por obligación poner una osada cuota de esfuerzo intelectual; es decir, tendrá que darse a la fatigosa tarea de descifrar el texto para así poder tener 'acceso' a su intencionalidad y fin.

Como suele suceder con los escritores de gran valía, a Saramago sus compatriotas y contemporáneos más por recelo o envidia que por su calidad estética lo mantuvieron por años casi que marginado, al no considerarlo pieza importante y de competencia recia en el campo de las letras. Aunándose el desenfado ya mencionado con anterioridad con el cual el escritor ha penetrado en el mundillo voraz y temible de la literatura. Es a partir de la publicación del libro El año de la muerte de Ricardo Reis (1985), cuando su creador contaba con la no despreciable edad de 60 años, que el mundo despierta con asombro a un nombre que pasa a ocupar de inmediato un puesto de importancia en la literatura portuguesa e hispana al mismo tiempo, llamando de inmediato la atención de diferentes culturas que se dan al acecho y a la caza de sus libros para traducirlos y multiplicarlos por miles. Nacía, entonces, un mito literario que cerraría uno de los mejores mas no el último, por cierto capítulos de la creciente gloria y consagración universales: El Premio Nobel de Literatura 1998, que vendría a unirse con fuerza a una compleja y díscola personalidad que atrae la mirada de comentadores, de revistas a nivel mundial y de casas editoriales deseosas 'y urgidas' de estampar sus emblemas en los libros de este universal portugués.

Un hecho importante por resaltar lo constituye el grado de madurez literaria que alcanzó José Saramago en relativamente pocos años (poco más de diez), depurando con antojadiza inquietud una forma y un estilo inconfundibles: sobrio, sólido y con férrea disposición a romper con los paradigmas existentes en materia literaria, que lo ubican como a un auténtico y genuino creador de mundos densos, terriblemente humanos y al mismo tiempo impregnados con pinceladas de utopía, de gran imaginación, de poderosa riqueza imaginativa y fabuladora. No se advierte en su literatura afanes hedonistas ni crematísticos, mas sí la innegable intención de develar el alma humana, y con ella sus flaquezas y liviandades.

Es Saramago un autor comprometido con la causa socialista, gran amante de la mujer y de sus encantos, un apasionado sincero de la vida y de sus misterios, y un connotado escéptico frente a lo inexplicable; todo lo cual pasa a constituirse deliberadamente, supongo en su principal fuente de inspiración literaria, y en su mayor atributo frente a sus no tan ausentes enemigos. En fin, un gran escritor que anda a la caza de intensos momentos para vivirlos, para luego transformarlos en compleja y rica prosa con estampa universal y eterna.

E-mail: rigilo99@hotmail.com
Ricardo Gil Otaiza es profesor de la ULA y escritor.

 


El Universal Digital, 9 de enero mde 1999



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