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| Televisión religiosa y humana Jeremiah O'Sullivan Ryan Desde hace como un mes nos está sorprendido una nueva señal en la pantalla de nuestro televisor. Se trata de un canal -Vale TV- de cultura, educación y valores religiosos. Para muchos de nosotros, la programación del canal en prueba, es un bello recuerdo del viejo canal cinco, canal cultural del Estado venezolano. Felizmente ha resucitado el canal cinco, y su gerencia diaria está en manos del arzobispo de Caracas. La razón de ser de Vale-TV, sigue siendo la cultura, la educación y los valores éticos y humanos. Han aparecido algunos comentarios que expresan sorpresa por la entrega de la señal del Canal Cinco al Arzobispado de Caracas, como también una preocupación por su transformación en un canal netamente cultural y con poca participación para la sociedad. En torno a estas preocupaciones quisiera expresar unas ideas, aunque centrándome en la trascendente realidad de la televisión como tal. Mucho se sabe hoy de este mundo televisivo, sus responsabilidades, usos y posibles efectos. De sus atractivos y debilidades, del irresistible cariz de escapista entretenimiento que entrega a niños, jóvenes, adultos y ancianos del mundo. Pero muy poco se enfatiza en el verdadero papel que cumple la televisión en nuestra sociedad, función que trasciende ampliamente de los efectos, acusaciones y recelos que el medio genera de parte de investigadores y audiencias en general. Lo relevante y verdaderamente clave es el proceso social que determina la televisión: nos dice a qué se parece nuestro mundo, cómo opera y qué significa. La televisión hoy forma parte de la familia, perdiendo todo carácter de agresor y se convierte en la gran compañera de nuestros días. La "invasión" que la pequeña pantalla produce, la dominación que impone, son sentidos muchas veces como liberación por el telespectador habitual. La televisión, más que un medio de comunicación, ha pasado a ser el lugar donde la gente encuentra una visión del mundo al reflejar lo que para ella es de valor definitivo y que justifica su conducta y su manera de vivir. La televisión, lo sepan o no los televidentes, está acaparando no solamente nuestra atención y nuestro dinero, sino nuestras almas mismas: se está convirtiendo en la expresión primaria de las costumbres y de las intenciones -la verdadera religión para la mayoría de nosotros-. La televisión resalta como "cultivadora cultural" en razón de su superior alcance y nivel de penetración que el resto de los medios. Según Paúl Tillich gran teólogo suizo de tradición protestante "la sustancia de la cultura es la religión y la forma de la religión es la cultura". Su concepto tiene implicaciones profundas tanto para las funciones de la televisión como de la religión en nuestra sociedad. Esto significa que la televisión, que ha venido a ser el cultivador primario de nuestra cultura, nos está abasteciendo con los mitos, las enseñanzas y las expresiones de nuestra religiosidad. Los ritos, mitos y celebraciones expresan la vida y dan sentido y propósito a nuestra existencia. Los humanos somos inevitablemente fabricadores de mitos, al no ser una parte mecánica de la historia, sino constructores de ella. Toda cultura tiene su explicación del mundo como es, pero también toda cultura tiene su explicación de cómo la vida y la historia deberían desarrollarse y cómo queremos desarrollarlas. Los mitos recogen pedazos de la ciencia del momento, sentido común, propuestas filosóficas e imaginación literaria, tejiéndolos a todos en un "mapa" ordenado de nuestro futuro colectivo. En nuestros mitos encontramos el sentido de la vida y los símbolos inspiracionales para los retos diarios. Ahora que el Canal Cinco es del pueblo de nuevo tenemos que lograr una síntesis entre la educación, la cultura, las creencias religiosas para no sólo ir descubriendo con paciencia y amor el alma venezolana vivida a través de su cultura, sino también, educar a nuestra juventud, la belleza de la patria y de los significados más profundos de los ritos, roles, costumbres y valores que forman y conforman nuestra cultura. De aquí viene mi inmensa ilusión en que el nuevo Vale TV dará amplio espacio a tantos programas educativos, culturales, y ético-religiosos que reposan en las videotecas de diversas y distinguidas instituciones. Tenemos tanto que enseñarnos a nosotros mismos como al mundo entero, que Vale TV tiene que ser portador y protagonista de una nueva manera de hacer televisión, de tratar y valorar a los venezolanos y a lo venezolano. El Canal Cinco va a ser verdaderamente religioso porque será verdaderamente humano, de ahí que nadie que tenga un mensaje cultural importante podrá estar ausente de él.
El Nacional On-line, 10 de enero de 1999 |
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