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| Preocupaciones, interrogantes y desafíos Eddo Polesel El inicio de 1999 tiene la particularidad que el 2 de febrero estrenaremos un nuevo gobierno, el cual, por las propuestas programáticas que ha presentado al electorado, va a tener nuevo estilo y contenido político; además, según criterio de muchos, se finaliza una época que cubre los últimos cuarenta años de un proceso que se inició en 1959 y comienza otra que hace pensar que sus características serán distintas de la anterior. Al analizar los distintos criterios que se expresan sobre el estado de la nación se evidencia que según la versión oficial, expresada por el jefe del Estado en la alocución del 1o de enero de 1999, el país está en paz, la crisis que heredó en 1994 ha sido controlada, con lo cual se ha normalizado la situación y facilitado el tránsito a una nueva época. La otra versión es que el país se encuentra sumergido en una crisis, la cual se ha hecho más profunda en este último quinquenio, que comprende tanto al sistema de partidos, como al aspecto económico, social, financiero y fiscal del Estado; deterioro se afirma que ha llegado a tales extremos que una propuesta electoral que incluyó cambiar la Constitución con el propósito de refundar nada menos que la República ha sido la ganadora, lo cual no puede ser considerado como un premio, sino un castigo a la forma como se ha gobernado. Independientemente de las justificaciones que se puedan presentar, o las causas de la crisis, debemos aceptar que el desafío del país en general es cambiar el curso de los acontecimientos, comenzando por cambiar la forma de gobernar. Por otra parte, también debemos entender que ello dependerá del aporte y/o presiones que ejercerán las organizaciones de la sociedad civil, de manera que se logre una reorientación de los fines y propósitos del Estado en general para que éste apoye al desarrollo de las actividades de la economía real, que se eliminen los factores que alimentan la inflación, se fortalezcan las finanzas públicas y el ahorro privado, porque ello es indispensable para poder mejorar el nivel de vida de la población. En fin, que se vaya normalizando verdaderamente la situación en el país por la presencia y la participación de un Estado que establezca la vigencia de un efectivo Estado de derecho, de manera que el individuo recupere la confianza y la autoestima; se adopten dentro de una nueva estrategia medidas para estimular las inversiones privadas, como lo han hecho y lo están haciendo los países que hoy disfrutan de estabilidad política y cuentan con economías sanas y sus ciudadanos disfrutan de un alto nivel de vida, producto de su trabajo y constante esfuerzo de superación. Con relación a la posición del gobierno saliente, no se puede considerar un logro el hecho de que frente a un incumplimiento generalizado se hayan cumplido los programas de ayuda social mientras la pobreza aumenta, la ocupación disminuye, aumenta la dependencia del ingreso petrolero, lo que representa nuestra mayor debilidad. La verdad es que hasta ahora, a pesar de los planteamientos que con mucha insistencia se ha venido haciendo desde la sociedad civil, especialmente por parte de las organizaciones empresariales, en cuanto a la necesidad de que se adoptara una estrategia de desarrollo dirigida a diversificar nuestra economía, los gobiernos han venido manteniendo oídos sordos, por eso hoy estamos donde estamos. Por lo tanto, si es que queremos realmente iniciar una nueva forma de gobernar debemos comenzar por revelar la realidad que confronta el país por más crítica que ella sea, de otra manera se contribuiría a mantener una situación de indefiniciones que ha sido lo que ha atrapado hasta ahora a la dirigencia política y engañado a la población en general. Por todo lo antes expuesto esperamos que el presidente Hugo Chávez Frías, al asumir el cargo informe del estado en que recibe la nación de manera que se produzca una profunda reflexión que coloque a cada quien dentro de la realidad que confronta el país. Por otra parte, confiamos que con la presentación de su gabinete, con la definición de las primeras orientaciones de política económica y con las medidas fiscales que adopte, defina nuevas orientaciones para la administración pública y nuevos rumbos para las actividades de los particulares, de manera que se inicie sin vacilaciones, en pleno respeto de la legislación vigente y sin esperar los cambios institucionales, la recuperación económica del país y por la otra, debemos disponernos todos gobierno y gobernados, a realizar un diálogo para la definición de unos lineamientos programáticos que faciliten iniciar un proceso de desarrollo que haga posible establecer las bases de un crecimiento económico que permita satisfacer progresivamente las necesidades de la población y como epitafio a la situación en que nos encontramos recordemos lo expresado por el presidente Caldera con su pronunciamiento del 5 de febrero de 1992 y también como una recomendación por el desafío que tenemos que encarar, que resulta difícil defender la democracia con hambre. E-mail: rqepole@telcel.net.ve
El Universal Digital, 8 de enero de 1999 |
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