Saramago y el Gabo: la revolución va a comenzar

Emeterio Gómez

Las declaraciones de José Saramago y Gabriel García Márquez, en Santiago de Cuba, en la celebración de los 40 años de la revolución, no dejan de ser estremecedoras. Uno trata de pasarlas por alto, de despacharlas rápidamente, recordando que se trata de dos viejos comunistas aferrados a sus fantasmas, o pensando que el socialismo es un cadáver, que en cuanto muera Fidel ya nadie se acordará nunca más de él, o que la China 'comunista' acaba de declarar que dedicará el siglo XXI ¡a la construcción del cruel capitalismo!.. pero de todas formas no dejan de ser estremecedoras.

Porque además de dos viejos comunistas y de un comandante guerrillero ya anciano que gastó inútilmente su vida tras un ideal insensato, tras un absurdo que hace 70 años con las purgas de Stalin ya se sabía que era absurdo; además de todo eso, decíamos, se trata ¡casi nada! de dos premios Nobel, dos 'monstruos de las letras contemporáneas', como los cataloga el cable de la AFP, y se trata sobre todo de unas declaraciones un tanto exageradillas. ¡Que es 'un gran escritor'!, al parecer ha dicho el Gabo de Fidel Castro. Y las opiniones de Saramago merecen cita aparte, porque da la impresión que se fue a Cuba a desahogar su comunismo; a soltarse el moño de la revolución bolchevique.

'Si hay una posibilidad de que el ser humano sea verdaderamente humano, esa posibilidad está aquí y lo que he oído de Fidel Castro lo muestra clarísimo'. El pueblo cubano 'está de pie y dispuesto a afrontar otros 40 años o 400, si fuese necesario'.

Por muy profunda que pueda ser la convicción que uno tenga de que el socialismo fue un fraude, una estafa insuperable, por mucho que uno sepa que en Cuba no hay ninguna posibilidad de desarrollar al ser humano, y mucho menos 'lo verdaderamente humano', por mucho que sea evidente que allí no hay la menor esperanza de nada, a no ser que se complete el gran viraje ¡hacia el capitalismo! que el propio Fidel vergonzantemente está dando, no deja de ser estremecedor y de llamar a la reflexión oír semejantes opiniones de un par de premios Nobel, de gente a quien uno tiene que suponerle por lo menos un cierto nivel de comprensión de la sociedad y de lo humano.

Dos reflexiones saltan inmediatamente del cable a la mente. Una que tiene que ver con lo que acabamos de mencionar, la correlación entre comprensión del hombre y Premio Nobel y la otra muy ligada a la anterior: la alusión de Fidel a la revolución cubana como 'defensora del género humano ante la rapacidad del capitalismo'.

La primera Es que uno tiende ingenuamente a pensar que para ser Premio Nobel de Literatura, o, más exactamente, para ser un gran literato o un gran poeta se requiere una comprensión profunda del mundo, lo que de paso supone una comprensión profunda del hombre. Cualquiera puede tener la que le venga en gana. Porque al fin y al cabo, dado que no hay ni puede haber ninguna definición de lo humano, en ese plano cualquier opinión es válida. Uno puede adscribirse a la visión del hombre que más le plasca, lo que no puede hacer es creer que esa visión la que sea se esté construyendo en Cuba. Allí simplemente está muriendo un sueño iluso. El manifiesto comunista, que germinó hace exactamente 150 años en la mente afiebrada de un revolucionario:

En las revueltas europeas de 1848, Marx lanzó al mundo la insensata idea de una sociedad en la que se hubiesen abolido el Estado, la economía, el valor de cambio, la política y el derecho. ¡Nada más! Una sociedad en la que dada la plena abundancia de bienes estos se distribuirían entre los ciudadanos, no de acuerdo a sus aportes al proceso productivo ¡sino de acuerdo a sus necesidades! Una idea loca que entusiasmó e hizo un inmenso daño a millones de seres humanos; y que en alguna medida es responsable por el asesinato de casi 2.000.000 de personas en Cambodia, a manos del Jemer Rojo, a finales de los 70. La misma idea arcaica que Fidel impuso en Cuba a punta de fusilamientos.

Saramago es libre, decíamos, de tener la visión del hombre que más le plazca, lo que uno pudiese tal vez objetar y lo que nos resulta estremecedor es que venga a decirnos que 'si hay alguna posibilidad de que el ser humano sea verdaderamente humano, esa posibilidad está en Cuba'.

La segunda reflexión tiene que ver precisamente con la noción de lo humano. Y, más específicamente, con la relación entre ésta y el régimen capitalista de producción. Fidel dijo en Santiago para gozo supremo de Saramago y el Gabo que 'la revolución cubana apenas estaba comenzando' y que la nación socialista era la defensora del género humano 'contra lo que llamó la rapacidad del sistema capitalista mundial'.

Nuestro comandante y los dos premios Nobel no han logrado entender qué cosa es el capitalismo y cómo es que éste se relaciona con lo humano. No han logrado captar más allá de su rapacidad todo el poderoso impulso que en estos 400 años, el mercado ha significado para el desarrollo de lo humano. Como quiera que entendamos este terminó. El comandante obviamente no ha entendido el impacto inmenso que en el hombre produce la libertad individual, la libertad para crear y para constituirse a partir de sí mismo y no de lo que la revolución, el Estado, el colectivo o el Contrato Social de Rousseau decidan- Posdata. Mi seminario sobre la encíclica La Fe y la Razón empezará definitivamente el sábado 23 de enero. He escrito este diciembre un breve libro sobre el tema Atenas y Jerusalén se llamará, La Razón y la Fe. Es un gran esfuerzo por 'poner en blanco y negro' nuestras reflexiones morales de los últimos 6 años. Los tres primeros capítulos, revisados, estarán disponibles en Cedice a partir del lunes. Los interesados en inscribirse o en reconfirmar la inscripción, por favor llamar a Carmen al 571.3357/1719/0820

 


El Universal Digital, 6 enero de 1999



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