Venezuela 1999

Virgilio Lovera

Hay circunstancias en la vida de los pueblos en las que los gobiernos se ven obligados abstracción hecha de su origen a tomar severas medidas para resolver serios problemas relacionados con el proceso dialéctico de una sociedad determinada. Es entonces cuando se pone de relieve la diferencia entre uno y otro sistema de gobernar, toda vez que los que han sido elegidos en democráticos comicios se esmeran en proteger las libertades públicas y los derechos fundamentales del ser humano.

La Venezuela del tiempo de hoy comienza a remontar el año que habrá de conducirla a la antesala del segundo milenio. Van a ser 360 días condicionados por una serie de problemas cuya solución dependerá de la capacidad, el talento, el patriotismo y la inteligencia de los integrantes de un equipo de gobierno sobre cuyos hombros descansa la grave responsabilidad de abrir caminos que conduzcan a los venezolanos al logro de un destino mejor: dicho en otras palabras, ya la suerte está echada.

El Estado venezolano está hoy en las manos de un grupo de hombres cuyo líder fue electo casi multitudinariamente (60% de los votos). Ese resultado comicial obliga aún más a sus personeros a rendir una labor esperada ansiosamente por un pueblo tantas veces engañado. La corrupción, la inseguridad, el desempleo, el déficit fiscal, la devaluación, la deficiente educación, son carencias que exigen una eficaz y satisfactoria solución. Sería ingenuo creer, a pesar de ciertas declaraciones, que la solución a esos males pueda ser impartida en cinco años. Y a este respecto, ya el Presidente electo emitió unas declaraciones para que nadie se llame a engaño. Porque la verdad sea dicha, es la nuestra una situación tan grave que va a exigir el discurrir de una inteligente y abnegada generación, dispuesta a hacer de este país una nación puntera dentro del Tercer Mundo. Y es entonces cuando va a surgir la amarga realidad de una crisis de la clase dirigente que viene azotando a esta subregión.

Las más recientes declaraciones del presidente Chávez Frías parecían destinadas a tranquilizar los ánimos de gente preocupada por decir lo menos frente a un destino que luce un tanto incierto y proceloso. No obstante, ellas han surtido buenos efectos que algunos escépticos han dado en calificar de 'luna de miel', la cual, según los mismos comentaristas, podría resultar pasajera. Sin embargo, la asunción de una actitud optimista, nacida de un intransferible amor por Venezuela, nos lleva a esperar en paz y tranquilidad el advenimiento de un futuro inmediato prometedor. Así las cosas, las clases sociales, desde la más alta pasando por las diversas clases media, hasta el sufrido proletariado, víctimas todas de irregularidades sin fin, van a declararse en vigilante actitud de espera.

Nota al margen. Con todo el respeto debido a su investidura me veo obligado, por imperativo histórico, a expresarle al padre Sosa, que Isaías Medina Angarita fue elegido por un Congreso teniendo como adversario al ilustre Rómulo Gallegos. Más adelante, gobernaría profesando un amplio respeto a la libertad y la justicia. No hubo durante su régimen presos, perseguidos ni exiliados.

 


El Universal Digital, 6 de enero de 1999



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