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El último Congreso de esta era democrática

El próximo sábado se instala el octavo Congreso de esta era democrática que sienta sus bases en la Constitución Nacional de 1961. Pareciera ser el último parlamento en instalarse en el régimen político vigente. Han sido ocho quinquenios de experiencias, equivocaciones, avatares y largas jornadas de discusión.

Los cambios y transformaciones que experimenta el país cierran la página de la historia escrita por aquellos hombres, que tras una era de década de autoritarismo, impulsaron la idea de fundación de un Estado y de un modelo político democrático.

La transformación radical propuesta por el nuevo Jefe de Estado no pretende la conservación de lo existente. Se promete la refundación de la República, y con ella la eliminación de todos los vicios y los problemas que se han generado en el sistema en los últimos 40 años. El Congreso es señalado como el principal centro de esos viciosy hacia su eliminación pareciera dirigirse la acción del nuevo gobierno.

Vale la pena recordar, sin embargo, que el nuevo Congreso fue electo por votación popular el 8 de noviembre de 1998, y por ende, goza de la misma legitimidad que tiene el presidente electo. Hay una distribución más ecuánime de las curules parlamentarias designadas por el Soberano. Fue el pueblo quien lo eligió y debería respetarse la decisión de la mayoría.

No obstante, todo parece indicar que la legitimidad del Parlamento y la variedad de su conformación política no son sinónimos de su permanencia como institución democrática. El encendido debate nacional apunta hacia una clara e irremediable confrontación de poderes. En la cual el Parlamento tiene las de perder.

El Congreso, como institución hacedora de leyes tiene el deber de imponer el cumplimiento de las mismas. Una parte de sus miembros se han expresado a favor de la Convocatoria de una Asamblea Constituyente pero haciendo previamente una reforma a la Constitución Nacional vigente que no establece la Constituyente como mecanismo para ser derogada. El Ejecutivo no quiere reforma constitucional y apela a la soberanía del pueblo para materializar sus objetivos.

Frente a la disyuntiva existente es fácil imaginar que el futuro de nuevo Parlamento se encuentra limitado en el tiempo de las labores de la todopoderosa Asamblea Constituyente. Ojalá y la sensatez se imponga a la hora de tomar decisiones.



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