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| Opinión La "burbuja" El comportamiento de la economía de Estados Unidos se ha convertido en una gran paradoja y en un complejo interrogante Carlos Caballero Argáez La palabra "burbuja" tiene un significado especial en economía. Normalmente una burbuja desaparece, tarde o temprano. Como una bomba de jabón de esas que a los niños les encanta hacer para ver qué tanto crecen, cuánto durará su efímera existencia y cuándo habrá de romperse. Si se dice que la economía de algún país semeja en un momento dado una burbuja, el sentido es exactamente el mismo: hay una situación de expansión, de crecimiento, que no puede sostenerse. La pregunta, entonces, es cuándo se reventará. Las burbujas son peligrosísimas. Su manejo es sicológicamente más difícil que las contracciones o las recesiones. Todo el mundo, sin excepción, se entusiasma. Llega un momento en el cual se cree que la vida será, ahora sí, diferente y que la prosperidad no tendrá obstáculo ni fin previsible alguno. Los precios de la finca raíz y de las acciones bursátiles suben y las gentes sienten que están más ricas que antes. El empleo aumenta. El crédito se hace accesible a las clases medias porque los bancos les enchufan, por donde pueden, tarjetas de crédito. Algo parecido sucede con las empresas, aun con las pequeñas. Como se pierde la noción del riesgo, el sistema financiero se lanza a prestar. Y quien se oponga a una condición de esta naturaleza por dudar de la durabilidad de sus cimientos pasa por aguafiestas y enemigo de la felicidad humana. Naturalmente, el guayabo viene después, cuando se totea la burbuja. Así lo comprobamos, entre otros, los colombianos en estos últimos tres años durante los cuales nuestra propia burbuja de 1993, 1994 y 1995 se reventó lenta y dolorosamente. Pues bien. Los primeros días de enero fueron cruciales en lo económico en el mundo industrializado. No solamente por la exitosa introducción de la moneda única europea, el "euro", que se considera puede dar lugar, rápidamente, a un nuevo orden mundial -con una Europa fortalecida que desafía la preeminencia de Estados Unidos como la única potencia económica en el universo al iniciarse el tercer milenio-. El comportamiento de la economía de Estados Unidos se ha convertido en una gran paradoja y en un complejo interrogante. La pregunta es si Estados Unidos se encuentra o no en medio de una gran "burbuja". De ese dictamen depende la evolución de la economía mundial en 1999. Los precios de las acciones en las bolsas de Nueva York se dispararon en los tres meses finales de 1998 y siguieron de para arriba en la primera de 1999, independientemente del proceso del Congreso contra el Presidente Clinton. Esto ha dado lugar, desde hace algún tiempo, pero con mayor énfasis en los últimos días, a dos interpretaciones. Una, la optimista, que considera que Estados Unidos vive un "nuevo paradigma", el del crecimiento permanente, sin inflación y sin desempleo, por los aumentos en la productividad que ha traído consigo la innovación tecnológica. Otra, la pesimista, que estima que la economía estadounidense está recalentada porque las autoridades monetarias permitieron que así sucediera. La oferta monetaria y el crédito han crecido a tasas más allá de lo razonable, lo cual no se ha reflejado en la inflación por la caída en los precios de los productos básicos como consecuencia de la crisis asiática. De ahí el alza sostenida de las acciones en momentos en los cuales la tasa de ahorro de los americanos -las empresas y los hogares- es negativa y el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, gigantesco. Los expertos y los columnistas de la prensa especializada concuerdan cada vez más con la segunda de las anteriores interpretaciones. La pesimista. La de la "burbuja". Lo que quiere decir, simple y llanamente, que habría que esperar una fuerte corrección de los precios de las acciones en algún momento en el presente año. Y, como lo anota Samuel Brittan, el economista inglés, "esa corrección haría sentir su impacto no únicamente en Estados Unidos sino en el resto del mundo". Una baja de 30 por ciento en los precios de las acciones en Wall Street en un período de 12 semanas reduciría la expansión de la economía de Estados Unidos en cerca de 2.5 por ciento (en 1998 el crecimiento habría sido de entre 3.5 y 4.0 por ciento), de acuerdo, naturalmente, con un modelo macroeconómico sofisticado. Y, como Estados Unidos es el comprador de última instancia del mundo, el motor del crecimiento de la economía internacional, deduzcan ustedes el efecto de esa caída sobre todos nosotros, humildes mortales. Gracias a la acción de los banqueros centrales de Estados Unidos y Europa sobrevivimos 1998. Nuevamente dependemos de ellos para superar 1999. Esta vez la solución del problema es más difícil. La decisión es cuándo y cómo reventar la "burbuja". El Tiempo(Colombia), 13 de enero de 1999 |
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