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Franquicia Poncho Rentería Lo de siempre, la ciudad es deliciosa cuando se ven mujeres muy bronceadas, con la piel color caramelo por todo el cuerpo. En Cartagena se citaron todas las bellas de la televisión, del modelaje, de la moda, el diseño y del periodismo. Ellas, vanidosamente, mostraron sus cuerpos en bikini para dicha de los adultos que por allí mirábamos. No me digan frívolo por hablar solo de ellas; en Cartagena también hubo señorones notables y doy nombres: Andrés Pastrana, Vernon Jordan y un dúo de costeños que, por viejos amigos, fueron juntos a ver toros: García Márquez y Julio Mario Santo Domingo. Así haya mujeres bronceadas en la calle, hay que decir que se vuelve del ocio con pereza de madrugar, de conjugar el antipático verbo trabajar y si vamos a fondo este servidor tiene gran pereza de escribir, de grabar televisión, de... levantarse, porque las cobijas, con periódico en mano, son una rica compañía. Volver a la ciudad es pedir cupo para el manicomio, porque el ruido está insoportable y el paisaje de ver a miles de niños pidiendo limosnas es un triste panorama. Regresan de vacaciones y se repite la historia: la esposa viene muy sentida porque le tocó hacer oficio como nunca, aparte de lidiar las 17 rumbas alcohólicas del marido con los cuatro hermanos y los 17 sobrinos. Lo peor, que ese divino marido estuvo muy coqueto con la señora vecina de la finca y fue pillado mientras le pedía el teléfono. A cuentas lo llamaron y hay vacaciones que son una dicha para el matrimonio, pero hay otras que resultan fatales y por eso en enero son muchas las parejas que hablan de divorcio. Ya que volvieron a la ciudad, les recomiendo comprarse el nuevo libro titulado La urbanidad de Tirofijo. Que en nada se parece a la respetable urbanidad de Carreño. En ella, el guerrillero sostiene que "toda cita o compromiso puede desplazarse para el mes entrante, siempre y cuando no sea una cita sentimental". A propósito: supe de buena fuente que a 'Tirofijo' no le dio permiso la esposa de ir a la cita con Pastrana en el Caguán. Sabemos que hay maridos oprimidos a los que les prohíben todo. No especulen más, ese fue el único motivo serio para que el viejito de vista fatigada no llegara a verse con Andrés & Cía. Bienvenidos a la ciudad, atrás quedan las pesadillas que vivimos los que nos tocó aguantarnos a los ruidosos niños de cinco años estrenando corneta. Atrás quedaron los niños fastidiosos que lloraban en las piscinas porque les prohibían orinarse desde el segundo piso. Atrás quedó el vendedor de "Mentol chino" (el viagra de los pobres), que lo ofrecían en la playa y en la puerta del hotel. Ahora, enfrenten lo que soñaron, la ciudad civilizada con todos sus horrores y sus benditas facturas cerquita del cobro judicial. Alégrense, a ustedes aún no les ha llegado la limpieza macabra, la que hacen los venerables 'paras', esos que mucho justifican en privado porque dizque son muy eficientes en el arte de matar. Aleluya, estamos en el 99. Ojalá lleguemos vivos al año 2000... ¡En Colombia no es seguro! ponchore@cable.net.co El Tiempo (Colombia) , 13 de enero de 1999 |
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