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| El sexo del tres Vicente Verdú Anteayer informaban los diarios en España sobre la aparición en castellano de La tercera mujer, el último libro de Gilles Lipovetsky. Ayer, algunos periódicos resolvieron la síntesis de los desfiles milaneses de Prada, Gaultier, o Dolce & Gabanna, titulándolos como propuestas de "tercer sexo". Hace pocas semanas, apareció La tercera vía de Tony Blair, y no tardará mucho en distribuirse otra "tercera vía" político-económica de Anthony Giddens. No terminan ahí, por otra parte, las triadas para el milenio número tres. El sistema capitalista en general ha ido mutando de una formación bipolar, desde la lucha de clases a la guerra fría, para desembocar en esta piscina veloz que es el triángulo. En la bipolaridad se establece con contundencia el sí o el no, los unos y los otros, la falacia y la verdad pero todo esto se ha acabado. La bipolaridad fue diáfana y elocuente en los tiempos duros de USA y la URSS, de oriente y el occidente. Mientras en Nueva York se alzaba el Empire State, en Moscú respondía Stalin con el Lemosov, el rascacielos que se erigió como una réplica torácica a la ideología del enemigo. Tuvo que celebrarse primero el XX Congreso del Partido Comunista y sobrevenir después la larga crisis del petróleo para que ya, en los setenta, la bipolaridad del capitalismo industrial fuera derivando en la morbidez del capitalismo de consumo. De ese tiempo es la moda de construir edificios no agresivamente falocráticos sino ambiguos, especulares: las Torres Gemelas de Nueva York, las Torres Colón de Madrid o, años después, las Torres KIO o las Petrona de Kuala Lampur son la continuación hasta ahora mismo de la vacilación en que vinieron a parar las opciones antagonistas. Poco a poco, el mundo fue absorbiendo la melaza del pensamiento único y ya, dentro de su magma fue cabiendo cualquier pensamiento con tal de que su sabor predominante fuera el librecambio y un simulacro de docilidad democrática. Dentro de ese universo global, a temperatura constante, los sexos, los planes y las culturas podían ser tan intercambiables como las producciones de Reebock y Nike, de ATT o ITT, de Boeing o de McDonnell al punto de que las fusiones no han cesado de crecer. De la unión de tales parejas, tan idénticas como las Torres KIO, ha crecido siempre un vástago que -como en las Torres KIO- anuncia el triángulo en su seno, el signo vaginal por llegar. El número uno era machista, falocrático; el dos era bisexual, ambiguo; pero el tres es femenino. La trilateralidad es la primera garantía de un entendimiento estable, el primer sustento del equilibrio, la primera base que puede soportar una plataforma superior. Antes había que conocer dos idiomas, pero ahora, la internacionalidad sólo empieza con tres. Antes, bastaba para la identidad cualquier adscripción a una patria, ahora se incluye el terruño, el área estatal y la zona supraestatal, como parte del lote. El tres, que nombra al nuevo milenio, no constituye, sin embargo, una opción agregada. Más que un punto adicional en la escena, el tres provoca el fin de la contradicción y, con eso, la apertura de un espacio donde caben numerosos elementos en su interior. En la relación sentimental a tres no hay sólo un elemento más sino, como la misma Lady Di, "una muchedumbre" adosada. Woody Allen no cesa de vindicar la naturaleza de la infidelidad en esta tercera ola. La misma tercera vía de Blair o el tercer sexo de la moda son, de su parte, versiones de la importante intervención de un tercero que ha bendecido André Girard. En la actualidad, ya no existen helados de un solo sabor y, cada vez más, desde Australia a Canadá, es prácticamente imposible comprar una botella de zumo que no se haya elaborado con tres o más componentes distintos. La unión de dos elementos es susceptible de acoplamiento pero la conjunción de tres produce mixtura, indeterminación, sorpresa. El siglo XXI será en consecuencia muy terciario; promotor de triángulos, culturales, políticos, sexuales donde, a la fuerza, los deseos sortearán alegremente la terca dialéctica del sí y el no. El País Digital, 15 de enero de 1999 |
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