Pinochet y los lores

Leopoldo Villar Borda

Casi exactamente tres meses después de su arresto en Londres, la suerte del ex dictador chileno Augusto Pinochet será puesta de nuevo en la balanza de la justicia británica a partir de hoy, al abrirse las audiencias del tribunal de siete jueces de la Cámara de los Lores que decidirá si debe ser dejado en libertad o extraditado a España para ser juzgado por graves violaciones de los derechos humanos.

Desde el momento de su detención el 16 de octubre pasado, el caso de Pinochet ha suscitado apasionadas reacciones de partidarios y opositores suyos, que han llegado a chocar en las calles de Santiago, de Londres y de otras ciudades. Escenas como estas seguramente se repetirán en los próximos días, mientras los lores escuchan los alegatos de los abogados del gobierno chileno, de Amnistía Internacional y de la fiscalía británica (estos últimos en representación del juez español Baltasar Garzón).

El tema en discusión es si el ex dictador, por el hecho de haber ostentado la jefatura del Estado chileno, está amparado por la inmunidad soberana que la ley británica ha otorgado tradicionalmente a los gobernantes, probablemente como una derivación de los privilegios otorgados a sus propios reyes.

En una decisión que fue calificada de histórica, precisamente porque rompió esa tradición, hace dos meses el tribunal de cinco lores, designado inicialmente para decidir sobre el caso, negó dicha inmunidad a Pinochet. Pero, como es sabido, su fallo fue revocado porque uno de los jueces, lord Hoffman, no advirtió oportunamente que tenía vínculos con Amnistía Internacional, organización que ha sido parte en el proceso desde el principio.

Si el nuevo tribunal de los Lores reafirma la sentencia original, dará la razón a quienes sostienen que el Derecho Internacional Humanitario y los tratados y convenciones que han firmado numerosos Estados -incluyendo a la Gran Bretaña- para desarrollarlo deben prevalecer sobre la tradición que guió a la Cámara de los Lores en el pasado, cuando actuó en su condición de tribunal de justicia.

El caso de Pinochet ha dado lugar a que abogados y comentaristas británicos señalen la contradicción que existe entre la legislación moderna en estas materias y el anacronismo del sistema judicial británico y, sobre todo, de su máximo tribunal. Este anacronismo, que nace de la forma de constitución de la Cámara de los Lores y se extiende a muchas de sus funciones, llevó al primer ministro Tony Blair a proponer una reforma radical de dicha Cámara, que comenzará por eliminar su carácter hereditario.

La propuesta de Blair ha ganado fuerza con motivo de este episodio. Es probable que en un tiempo relativamente corto, los Lores pierdan algunas de sus prerrogativas y el sistema judicial británico sea objeto de una profunda transformación. Al mismo tiempo, es inminente la incorporación a las leyes británicas de la Convención Europea sobre Derechos Humanos, con lo cual desaparecerá la inmunidad de los violadores de dichos derechos, cualquiera que sea su rango o condición.

En cierto modo, todos estos pueden ser considerados como efectos positivos del proceso que conmociona a la opinión chilena e internacional desde hace tres meses, y que aún no sabemos si terminará con la extradición y el juzgamiento de Pinochet.


El Tiempo(Colombia), 18 de enero de 1999

 


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