Integración

Res non verba

Juan Amarillo

Los latinoamericanos llevamos ciento ochenta años de bla bla bla acerca de la integración de nuestros países. No obstante que todas las condiciones -idioma común, raza común, etc.- son propicias para establecernos como una poderosa comunidad de naciones, no ha sido posible que entablemos un proceso continuo al respecto.

Sólo dos intentos serios han tenido lugar en este lapso. El de 1821-1830, que obedeció a la genialidad visionaria de Simón Bolívar, y durante el cual Colombia, Venezuela y Ecuador conformaron un país formidable. Sin embargo, "la mano invisible del mercado" se dio mañas para desbaratar ese logro y transmutar una república fuerte y pujante en tres países debiluchos en lo económico y lo social; y el del Pacto Andino, iniciado por el Presidente Carlos Lleras Restrepo en 1966, que llegó a tener cierto esplendor, también malogrado por las "manos invisibles" que sabemos.

La Unión Europea, que acaba de sellarse con la moneda única, el Euro, puesta en marcha desde el 1o. de enero pasado, se gestó en un largo, difícil parto de cincuenta años. De este hecho histórico podríamos los latinoamericanos aprender dos lecciones esenciales. Primera: que una vez empezada, la Unión Europea no tuvo solución de continuidad, su avance no se interrumpió un segundo. Las dificultades que surgieron por el camino fueron sorteadas sin que, en ningún momento, se pensara en retroceder o en parar el proceso. Segunda: que los europeos superaron un inconveniente mayúsculo como es -o era- el de la diversidad de razas, idiomas, costumbres y el nacionalismo arraigado de cada uno de los países miembros de la Unión Europea. Sobre estos nacionalismos privó el concepto continental, y hoy, por ejemplo, un español acepta sin ambages que, antes que español, es europeo. Así, de esta conjunción de diversidades, ha surgido para el tercer milenio una nueva potencia mundial.

Hechos, no palabras, necesitamos en Latinoamérica para convertirla en una comunidad grandiosa. Además, porque la única vía que nos permitirá ponerle fin al subdesarrollo, eliminar la pobreza, la miseria y la ignorancia, es la acción común de nuestras naciones en ese sentido, la realización de la Comunidad Latinoamericana, incluida una moneda única.

El Ministro de Relaciones Exteriores del próximo gobierno de Venezuela, José Vicente Rangel, ha declarado que la prioridad de su gestión será "acelerar el proceso de integración de América Latina". El Presidente electo del hermano país ha reiterado en varias ocasiones su decisión de iniciar sin demora la integración colombo-venezolana. Iguales propósitos expresó en su campaña el presidente de Colombia, Andrés Pastrana. ¿Se quedará todo en palabras?

Desde hace seis años se viene insistiendo para que entre Colombia y Venezuela se elimine el visado, y todos los empeños han caído en el vacío. Si una cosa tan simple encuentra tanta resistencia, ¿qué esperanzas podemos tener sobre la integración?

Res non verba. Ojalá en este año los gobiernos del Presidente Hugo Chávez y del Presidente Andrés Pastrana pudieran concretar un acuerdo binacional histórico que elimine el visado y establezca la libre circulación de ciudadanos de Colombia y Venezuela por ambos países, como un primer paso a la integración. Y suprimir la reversa en los cambios del vehículo integracionista.


El Tiempo (Colombia), 15 de enero de 1999

 


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