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| La tercera mujer Eduardo Haro Tecglen El sociólogo Lipovetsky anuncia "la tercera mujer" en un libro de Anagrama. Espero que no sea peor que las dos anteriores: la hogareña, ama de casa, madre y esposa, y la feminista integrista. La unión de esta noticia insegura, obra de pensador y francés ¡son temibles!, con la real de que el paro sigue siendo mayor entre las mujeres que entre los hombres en España, y que el descenso de 1998 sigue aumentando la desigualdad, puede hacer pensar otras cosas. Una, que el capitalismo nunca permitirá que trabajen grupos protegidos por su condición maternal. Para eso hace falta otro régimen social. Otra, que el trabajo clandestino de la mujer es mucho mayor que el del hombre: en el campo, en la múltiple condición de empleadas del hogar; en el tiempo parcial, que es la verdadera trampa del aumento en las colocaciones. Una tercera, la conversión del trabajo de la mujer en instrumento del consumo imprescindible: un hogar mantenido por una persona en el exterior y otra en el interior, ahora necesita a los dos fuera para sobrevivir. El salto de la liberación a la esclavitud es apenas perceptible. La masa salarial el total de lo que se paga en un país o una comunidad por remuneración al trabajo apenas ha subido, pero sí el número de trabajadores: tocan a menos. Hay regiones, dice el ministro de Trabajo, que están ya al nivel europeo. No dice que los salarios españoles equivalen, ahora, a dos tercios de los equivalentes en Europa, mientras los precios tienden a ser iguales. Todo está en relación con "la tercera mujer": con la segunda, con la primera. Y con el tercer hombre, y el tercer niño, y el tercer matrimonio. Y el Tercer Mundo. Me estoy adelantando a la lectura del libro, y aprovecho lo que dice el autor en sus conferencias de prensa de Barcelona. Y en lo que dice el ministro de Trabajo, erguido en su ufanía de nuevo europeo. A mí me impresiona poco, por mi edad. Yo nací aquí al lado, en Pozuelo de Alarcón: Europa. Éste era un país europeo, donde pudieron penetrar con muchos siglos de retraso algunas conquistas de la Revolución Francesa. Franco destrozó el europeísmo, la revolución de la mujer, la de los trabajadores de todas clases; lo que estamos ahora es reconstruyendo lo que perdimos cuando raptaron a Europa. Desfranquizando. El País Digital, 14 de enero de 1999 |
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