¿Constituyente sin Constitución?

Manuel Caballero

Pocas frases nos producen mayor rechazo, en particular cuando cedemos a la tentación de decirlas nosotros mismos, como esa de 'yo lo había dicho'. Pero a veces no parece quedar más remedio. Que nuestros desocupados lectores nos perdonen entonces la insoportable pedantería de citarnos a nosotros mismos. En un artículo publicado aquí mismo el 9 de agosto de 1998, decíamos lo siguiente:

'Pero sigamos al pie de la letra la proposición de una Asamblea Constituyente. Si ella no es simplemente sinónimo de milagrería, debe entonces dedicarse a redactar una Constitución. El punto nodal del asunto no es la Constituyente como la Constitución. Y es a su proposición que queremos referirnos. Desde 1857, y con tres excepciones (1936, 1947 y 1961), las reformas constitucionales han tenido un solo objetivo: prolongar el mandato del Ejecutivo. Es ese pues, el tema central de esos debates, si llegan a darse'.

Un solo objetivo claro

Hasta ahora, la campaña por la Asamblea Constituyente tenía un solo objetivo claro: crear un organismo que se opusiese al Congreso y actuase como coartada para su disolución. Dicho en otros términos, borrar no sólo los resultados, sino hasta la fecha del 6 de diciembre de 1998: Chávez no triunfó ese día, sino el 4 de febrero de 1992.

Pero el propio Presidente electo acaba de mostrar el otro objetivo y como se dice, la verdadera madre del cordero. Declaró en España que es favorable a la reelección, aunque eso no signifique una sucesión indefinida de gobiernos. Esta última frase suena como el clásico saludo a la bandera. Tal vez no sea puramente simbólico el hecho de que sus intenciones las haya proclamado Chávez frente al rey de España, cuya condición de jefe de Estado es, como se sabe, vitalicia.

De todas maneras, y como escribíamos en agosto de 1998, lo fundamental no es la Constituyente como la Constitución que habrá de redactar. Lo decimos haciendo referencia a un precedente histórico. Cuando en 1947 fue electa la Asamblea Nacional Constituyente, se sabía que tipo de Constitución redactaría, pues la fuerza mayoritaria había venido exponiendo su proyecto de sociedad al menos desde 1941, si no desde 1936 y, en el exilio, desde 1931.

Nos quedamos cortos.

En verdad, al decir 'la fuerza mayoritaria' nos quedamos cortos: el programa democrático de 1936 se había convertido en proyecto nacional, más allá de las circunstanciales fronteras partidistas. Sobre sus conveniencias y sus inconvenientes se venía discutiendo públicamente durante los diez años anteriores a la ANC del 47. Tan así era, que, a falta de nada que oponer, la oposición (como lo comentaba con feroz ironía un observador extranjero), tuvo que refugiarse en dos cuestiones que, como todo el mundo sabe, pueden ser resueltas por votación popular: la existencia de Dios (supuestamente excluido de la Constitución) y saber si los restos que guarda el panteón son en verdad los de Simón Bolívar.

Hasta ahora, son aquellos los dos únicos adelantos de las intenciones de esa formación política que sólo admite el nombre de 'chavismo'. Y que, lo han dicho alguno de sus voceros más conspicuos, piensa diseñar un país para los próximos cincuenta años. Menos mal: Hitler diseñó el suyo para que durase mil años, de los cuales cumplió sus primeros y tambi
n últimos doce años. En todo caso, lo que nos ofrecen en materia de Constitución es, por cincuenta años, la disolución de los poderes contralores y la reelección presidencial por un período ('por ahora...').

La peor de las versiones.

Cierto, hay una diferencia con lo que se proponía el 4 de febrero de 1992: esta vez, se recurre 'al pueblo' para que, simplemente, apruebe lo que el Ejecutivo decida, en la peor de las versiones de la democracia 'plebiscitaria' (tal como la califica uno de esos 'intelectuales' de servicio que gracias al autobombo, se elevan al nivel señalado mordazmente por Pocaterra: '...en su barrio son glorias nacionales').

Dicho en otros términos, que se amenaza a cada rato con aplicar lo que uno de ellos ha llamado 'la aplanadora patriótica'. ¡Y lo hace gente que durante toda su vida ha reprochado eso, exactamente eso, a los adecos desde 1945 y también a los copeyanos aliados a los primeros desde 1948! Es una renovada versión del principio 'Haz lo que yo digo, no lo que yo hago'.

Pero lo fundamental en todo esto es que hasta este momento, nadie sabe cuál sea el programa que servirá de base a la redacción de una nueva Constitución; lo cual no impide que la gente firme 'por el comandante' cuyas únicas intenciones abiertamente proclamadas son las de disolver el Congreso y hacerse reelegir. Si posible, porque no hay tiempo, sin Constitución.


El Universal Digital, 17 de enero de 1999



Todas las páginas de este Site fueron diseñadas por Venezuela Analitica Editores © 1998