Crisis: compromisos, oportunidades

Eddo Polesel

La crisis: Nadie puede negar que es profunda y que la principal causa ha sido la forma como se han conducido los asuntos públicos debido, en gran parte, a que los gobiernos no han respetado el mandato de cumplir y hacer cumplir lo que contempla la Constitución y las leyes; por otra parte, han venido invadiendo funciones y responsabilidades de otros órganos del Poder Público causando serias desviaciones que han contribuido a que se arraigaran formas de conducta contrarias al interés público, todo lo cual ha minado la disciplina, el rendimiento y la responsabilidad dentro de la Administración Pública en general. Por otra parte, la forma como se ha legislado ha creado confusión y un cuadro inconexo de normas que ha venido entrabando el sistema, lo cual se ha traducido en ineficiencia operativa y obstaculización del desarrollo económico, constituyéndose en caldo de cultivo de la corrupción a todos los niveles. La justicia se ha venido administrando en forma lenta, injusta y costosa, especialmente en vidas humanas, con el resultado de que existan culpables sin sanción e inocentes sancionados por no haber sido juzgados.

En efecto, ni los gobiernos, ni la dirigencia política, salvo excepciones, supieron valorar las observaciones que le venían presentando las organizaciones de la sociedad civil en general y del empresariado en particular; con demasiada frecuencia se prestaba atención a intereses de grupos, desconociendo a las organizaciones institucionales del empresariado que alertaban sobre el peligro que encerraban neustras debilidades económicas e institucionales y la respuesta a los planteamientos que se formulaban era que aplicar medidas para corregir los problemas causarían un elevado costo político que no podían acusar. Así fue como la situación se vino deteriorando, las reformas no se han concretado y se fue sembrando la duda acerca de la capacidad de rectificación por parte de la dirigencia política, lo cual condujo al resultado electoral del 6 de diciembre. Ahora, frente a la propuesta de cambio, las sugerencias para que se actúe con prudencia especialmente para la materia constitucional no están surtiendo efecto porque quienes la solicitan son considerados como los principales responsables políticos de los incumplimientos y de lo ocurrido al país.

Los compromisos: No cabe la menor duda de que la situación está muy comprometida, lo cual obliga a aplicar correctivos inmediatos y a rectificar rumbos y el desafío nos obliga a mantener una presencia vigilante y activa, de manera que no se cometan los mismos errores u omisiones del pasado que nos han llevado a la situación actual; y si bien el status quo no nos sirve, tampoco podemos regresar a métodos superados y a políticas que han fracasado; por lo tanto, el reto es avanzar y es nuestra obligación tratar de que no se cometan excesos que desnaturalicen el proceso hacia la modernización que necesita el país. Por otra parte, debemos impedir que la camisa de fuerza impuesta por el capitalismo de Estado que fue lo que permitió controlar el poder, con medidas populistas propias de un régimen clientelar y que ha marginado a la iniciativa privada de actividades productivas, cuyo resultado ha sido un progresivo empobrecimiento del país, sea sustituido por otro tipo de hegemonía porque ello podría costarnos muy caro en términos de libertades políticas. Por esas razones los empresarios no debemos deslumbrarnos por una eventual y mera tranquilidad en el ámbito económico aunque ello es requisito indispensable para combatir la pobreza sino que debemos estar vigilantes para que la transformación política sea integral y auténticamente democrática, de lo contrario simplemente cambiaremos de 'amo'.

Las oportunidades: Por esas razones, debemos continuar actuando con la esperanza de que esta vez nuestras sugerencias tengan mejor suerte; por lo tanto, los que hemos venido luchando por un desarrollo económico con justicia social y en libertad debemos continuar haciéndolo. Las instituciones de la sociedad civil en general y en particular las del empresariado deben mantenerse firmes en la defensa de los principios que conforman las bases para la construcción de una sociedad justa, próspera y en libertad. Tengamos presente que no hay valor más preciado que la libertad, pero que ésta no puede ser conquistada y menos mantenida dentro de un cuadro de pobreza, como tampoco debemos aceptar que una supuesta mejoría en términos económicos deba tener como contrapartida restricciones en el plano político. No nos apartemos de esos principios, no cedamos a conveniencias circunstanciales y aceptemos ser actores para la construcción de la Venezuela que queremos tener, tomando en cuenta que el precio que hemos pagado individualmente y el país en general por la aplicación de políticas equivocadas no sólo afectaron nuestra cartera, sino también la capacidad de emprender y de invertir, que es lo que tiene estancadas las actividades económicas, empobrecido al país y castigada a su gente.

E-mail:Rquepole@telcel.net.ve

El Universal Digital, 15 de enero de 1999



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