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| La tortuga y el conejo Alberto Krygier En la clase de posgrado de Gerencia Avanzada, con frecuencia estudiamos una fábula adaptada de un cuento que el profesor John Kay nos relató hace tiempo en Londres. Me parece apropiado compartirla con ustedes a principios de un año con el que finalizamos un siglo y damos inicio a un milenio, así como a un nuevo Gobierno ya que suscita mucha reflexión sana. Había una vez una tortuga que vivía en las ciénagas, al borde de los llanos. La tortuga estaba contenta y tranquila hasta que se pusieron de moda las competencias. Lo que le preocupaba eran los certámenes que frecuentemente se organizaban entre los animales en los llanos. A la tortuga le iba muy bien cuando se jugaba a los escondites pero no en las carreras ya que se quedaba atrás y siempre le ganaban los conejos. ¿Qué podía hacer? Habló con sus compañeros y le aconsejaron que se pusiera en contacto con la firma de consultores de gerencia Drucker Keynes & Associates, a la que contrató inmediatamente. A los pocos días la visitaron varios jóvenes de la UCAB y de la Simón Bolívar con cámaras y microcomputadoras, tomaron nota de las medidas de la tortuga, de sus hábitos de vida, de cómo se movía, qué comía y qué le preocupaba. Entrevistaron a sus familiares y amigos y hasta hablaron con sus rivales, los conejos. Sobre esta base, presentaron sus hallazgos iniciales: la razón de sus males se debía a que la tortuga era más lenta que los conejos, lo que ilustraron con películas y diapositivas, además de gráficos y matrices tridimensionales. ¡Asombroso! En pocos días habían dado con la clave del problema, lo que demostraba su habilidad e ingenio. Pero faltaba más: los consultores explicaron por qué la tortuga era más lenta que los otros animales: tenía las patas muy cortas y era muy gorda; además el caparazón pesaba mucho. La tortuga estaba muy contenta y agradecida. Ahora tenía una explicación completa, con fotos diagramas, matrices, hasta recomendaciones detalladas de qué dieta debía hacer y cómo debía correr en comparación con los conejos. Un acertado diagnóstico con el correspondiente benchmarking y un diagrama de la reingeniería recomendada. Además, los consultores le ofrecieron confidencialmente un nuevo sistema desarrollado por sus oficinas en Japón, que había sido probado en Occidente. Abriendo un lujoso maletín que tenían cerrado con llave, mostraron con cuidado unas fotos de un elegante jaguar, con extremidades muy bellas y un cuerpo estilizado y esbelto, que dejaron a todos los presentes maravillados y envidiosos. El problema principal de la tortuga no era sólo sus patas, ni la gordura, ni el caparazón sino su autoestima, su mente, la inteligencia emocional. Los consultores tenían mucha experiencia con animales que padecían del mismo mal y los habían ayudado; precisamente contaban con un departamento especializado en cambio gerencial y podrían traer a sus especialistas del Japón para ayudarles. Le dejaron a la tortuga la factura por los servicios prestados y su propuesta para el nuevo trabajo con las referencias y testimonios. La tortuga estaba fascinada con los consultores y su experiencia. Pero antes de tomar una decisión tan importante fue a asesorarse con el sabio patriarca de las tortugas. El anciano gurú estuvo mucho tiempo meditando con los ojos cerrados, luego los abrió y, mirando hacia el horizonte, le dijo lentamente y en voz que apenas se podía oír: "Por muchos siglos las tortugas y los conejos vivieron y evolucionaron en diferentes ambientes. El conejo vive en espacios abiertos donde se requiere alta velocidad la cual le da una ventaja competitiva. La tortuga ha sobrevivido por muchos años en un territorio difícil y hostil, donde el caparazón la protege del clima y de sus enemigos, esa es su competencia medular. Por esto, aunque el llano te parezca más bello, es bueno para el conejo pero no para las tortugas. Así como los peces no pueden volar hasta la cima de la montaña, ni las aves pueden nadar en las profundidades del mar, los conejos no deben ir a las ciénagas y pantanos ni las tortugas a los valles y llanos. Un animal feliz es aquel que se adapta al ambiente en que opera y esto es lo que el proceso de evolución biológica le ayuda a lograr. Su fortaleza se basa en su competencia medular". La tortuga se quedó pensativa y un poco decepcionada y confusa. Unas semanas después, al ir al llano a presenciar el torneo, se enteró de que un lobo había aparecido en el llano y había matado al conejo mientras estaba descansando del fuerte entrenamiento. La tortuga perduró muchos años en la ciénaga y escribió esta historia para que futuras generaciones de tortugas aprendieran a vivir felices. akrygier@viptel.com El Nacional On-line, 12 de enero de 1999 |
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