|
| La ilusión de Taylor Miguel Bahachille M. A principios de siglo el ingeniero norteamericano Frederick Winslow Taylor ideó lo que él llamaba 'la dirección científica de la empresa'. Partió de la estricta idea de que para cada acción inserta en los ciclos de trabajo existía un 'camino óptimo'. Aunque tuvo grandes éxitos en la racionalización de los desarrollos laborales, sus logros provenían no precisamente por los principios de sus ideas sino por su persistencia metódica de estudiar los procesos de trabajo. Se dio cuenta de que no existe ni existirá nunca un procedimiento específico y que era mucha más adecuada la adaptación de las máquinas al hombre que el hombre a las máquinas. A pesar de todo, el padre de la medición de tiempos no renunció a su ficción de 'camino óptimo'. Al final de su carrera tuvo que vivir con sorpresa del naufragio de su 'dirección científica de la empresa'. Perseguía captar el proceso de trabajo de la manera más objetiva posible con el fin de eliminar del mundo las injusticias, sus conflictos y las luchas sociales de toda clase. Elaboró un sistema de trabajo colectivo que no era otra cosa que una coartada para sus duras reglas de trabajo a destajo. Evidentemente tal ilusión no hace sonreír. Las discusiones de los métodos taylorianos de aquella época nos llevaron a descubrir las 'humans relations'. El significado de las relaciones sociales se llevó al juego de la organización del trabajo humano. Así ha permanecido su esencia hasta hoy. Se sabe que la motivación del colaborador es muy importante. Se habló de una política de información en la empresa, se buscaba fomentar el bienestar general en el dominio social. ¿Qué se consiguió con esto? A grosso modo lo que se intentaba era 'racionalizar' de la misma manera que la relación hombre-máquina, la relación social de los hombres y los intereses psíquicos de las personas pertenecientes a la empresa. La utilización de conceptos modernos extraídos de las ciencias sociales como normas de grupo, identificación, autorrealización, no debe inducirnos a creer que actualmente se busca todavía un cambio considerado como único correcto u óptimo. Por el contrario, ahora vemos que la meta que se trata de alcanzar es la organización considerada 'la única correcta'. Una vez más se coloca en primer plano el método, el 'cómo', en lugar del 'para qué' social que concierne a tales organizaciones. Si se hiciese esto último, la locura de la concentración de organizaciones económicas no causaría tantos estragos. Precisamente porque el poder se aleja continuamente del individuo y fluye a través de los filtros de las organizaciones burocráticas resulta tan fuerte el clamor por la participación y la cogestión. Es de temer que acuerdos legalizados y altamente reglamentados acerca de la cogestión no constituyan más que una nueva coartada. La cogestión efectiva no está garantizada por determinaciones formales. Algunas buenas disposiciones estatales naufragaron ante la incomprensión de los políticos, algunas buenas disposiciones empresariales hicieron lo propio ante la testarudez de los jerarcas, tanto de la industria como de los sindicatos. ¿Quién tiene que, cuándo y cómo participar o cogestionar? La cogestión se presenta inalienable como medio necesario para la modificación de las relaciones sociales existentes. Por otra parte ésta sólo es posible donde cada individuo puede abarcar el terreno donde va a implantarse, donde puede imaginarse las consecuencias de su influencia e incluso controlarla. La cogestión es ilusoria sin la posibilidad de control directo y efectivo. Al fin y al cabo, significa un reparto de responsabilidades, de lo cual se infiere que sólo puede cogestionarse en donde existe, al mismo tiempo, corresponsabilidad. En resumen: la cogestión sería necesaria precisamente en las grandes organizaciones y debería ser llevada a cabo por las más amplias capas. Pero su control sólo sería posible, nuevamente, a través de la delegación. Una vez más el individuo particular se vería separado de aquellos que deciden en su nombre. Como para la eficacia de la cogestión deben establecerse nuevos reglamentos, de ello pueden derivar muchas posibilidades de esquivar responsabilidades y, para casos concretos, recurrir a coartadas disponibles para quien necesite utilizarlas. miguelbm@etheron.net El Universal Digital, 16 de enero de 1999 |
Todas las páginas de este Site fueron diseñadas por Venezuela Analitica Editores © 1998 |