Reconstruir a Venezuela y preparar su entrada al nuevo milenio

José Gómez Oriol

Conocemos las culturas que nos han precedido por los legados en obras de infraestructura y obras de arte que nos dejaron. El mundo maya y el egipcio con sus pirámides y templos, así como las catedrales góticas de la Europa medieval nos señalan el enfoque religioso y trascendente de la vía como un valor intrínseco de esos pueblos.

Con el advenimiento del Racionalismo en Europa a partir de la Reforma, surge el Paradigma Cartesiano (René De Cartes), que reza: 'Si conocemos las partes y las relaciones entre ellas, podremos conocer al todo' y 'Duda de todo aquello que no sea claro y distinto a tu mente'. Newton logra componer el universo a partir de puntos y fuerzas y surge el Mecanisismo en las ciencias. Paralelamente en Inglaterra nace el Empirismo, para el cual sólo aquello que es demostrable y comprobable mediante experimentación en laboratorio o en la práctica será verdadero.

La comunidad científica en el mundo occidental producto de este nuevo paradigma, separó al hombre en dos partes, dejando el estudio de los cuerpos físicos a los científicos y el del espíritu a los religiosos, ello permitió el desarrollo de las ciencias (Química, Física, Biología, Matemáticas, etcétera), de la Medicina y de la Ingeniería como aplicación práctica de éstas, pero descompuso al todo en dos mitades.

En apenas cuatro siglos, las grandes obras de infraestructura, pasaron al servicio material del hombre. El arte y la arquitectura se concentraron en el desarrollo de grandes edificios para complejos financieros y se construyeron grandes centros comerciales, hoteles, salones de convenciones y sistemas de transportes para el traslado y llegada de hombres de negocio y turistas.

Venezuela a principios de este siglo descubre petróleo, comienza a desarrollar esta industria y con la llegada del gobierno de Pérez Jiménez en la mitad del mismo, llega la modernización del país a través de un programa de obras de infraestructura utilizando los recursos obtenidos con éste. Los ministerios de la infraestructura para ese entonces invierten un 80% de sus recursos en obras y un 20% en control y gasto de gestión.

Hoy nos encontramos con un país en donde el 85% de los recursos o más, se invierten en gasto corriente, es decir: burocracia, y en pago de deuda tanto externa como interna y si acaso se invierte un 15% del presupuesto de infraestructura en la construcción de obras que quedan inconclusas por largos períodos.

El arte se ha concentrado en los bancos intervenidos, en las casas de narcotraficantes y en los museos para el disfrute visual del hombre. La humanidad occidental se ha materializado a tal extremo que el péndulo ha comenzado a devolverse y la especulación está haciendo estragos en los mercados de capitales. Venezuela ha estado inmersa en estos valores y las consecuencias las estamos viviendo.

Reconstruir a Venezuela para preparar su entrada al nuevo milenio y la labor de liderazgo del próximo Presidente de todos los venezolanos para que esto ocurra, es el meollo de estas elecciones. Y digo reconstruir, pues no sólo bastará dar mantenimiento a lo existente, concluir lo inconcluso y empezar nuevas obras que tanto hacen falta para activar al país, sino que hay que reprogramar al venezolano en sus valores y forma de actuar, si queremos un país próspero económicamente y sólido moralmente.

En un mundo globalizado por la tecnología comunicacional y las interacciones de los mercados, es fundamental el rescate de los valores trascendentes si queremos ir a alguna parte.

El todo pasa a ser más importante que las partes y Venezuela que es una parte del todo debe dar un salto gigantesco, el cual comienza por el 'yo quiero' y después el 'yo puedo', es decir por la fuerza de su corazón y de su espíritu. Sólo cuando entendamos que somos uno en el todo, es decir cuerpo y espíritu reunificado; que hay que cuidar tanto lo uno como lo otro y buscar el equilibrio, sucederá el cambio que tanto deseamos.

Señor Presidente electo, hay mecanismos para reconstruir físicamente a Venezuela si usted se lo propone, como lo es la actual Ley de Concesiones si le da el apoyo debido y se perfecciona reglamentándola, así como también hay otros instrumentos que pueden ser desarrollados para este fin, como sería una ley de valoración por mejoras que ayude a construir obras con el aporte de los beneficiados; pero para reconstruir a Venezuela, también hace falta un programa de concientización y educación colectiva que en libertad y con disciplina, nos ubique en el contexto del progreso tanto moral como económico. De su liderazgo, de su ejemplo y de su capacidad para entusiasmar a todos los venezolanos, depende nuestro éxito colectivo.


El Universal Digital, 13 de enero 1999


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