| Los Incentivos
Oscar
García Mendoza
A
principios de los años 90 vino a Venezuela, quien había sido el
"superministro" de la economía española, Miguel Boyer. Fue el artífice de
buena parte de la transformación de la economía española, que impresiona
por su prosperidad. Pasaron muchos años, después de la guerra civil, para
que España se transformara en la potencia económica de hoy. Ejemplos
notables los encontramos en su internacionalización mediante inversiones
que realizan hoy día en América Latina, desde bancos a telecomunicaciones.
En una conferencia dictada en Caracas, analizó las causas y razones de los
cambios y enfatizó en las privatizaciones. Se detuvo analizando los
incentivos en las empresas del Estado, nunca iguales a los de las empresas
privadas, pues sus fines son mucho más políticos que económicos.
Hago estos razonamientos en vista de la situación de PDVSA. La
estatificación del petróleo tuvo lugar, en 1976, hace 23 años.
Estatificación y no nacionalización, pues el petróleo siempre fue y seguirá
siendo venezolano. Pasaron a control del Estado venezolano una importante
serie de empresas privadas: Creole, Shell, Mobil, etc, que se
transformaron en Lagoven, Maraven, Corpoven, etc. De alguna manera los
ejecutivos de estas empresas continuaron y mantuvieron las culturas de sus
predecesores. Era fácil, para los petroleros, decir que fulano o mengano
eran originarios de Creole o Shell.
Por bastantes años y gracias en buena parte a que las caídas de precios
nunca fueron ni lo suficientemente grandes, ni prolongadas, es decir, que
la contribución al fisco era mantenida, se permitió el Estado no intervenir
demasiado en la "industria". Los dejaba hacer, pues recibía de ella tanto
como necesitaba.
Durante este ultimo quinquenio la poca prosperidad que vivimos se debió al
alza de los precios y a la posterior apertura petrolera. El entusiasmo por
Venezuela durante junio de 1997 no tuvo comparación. Las más importantes
empresas ofrecieron y pagaron enormes sumas de dinero por asociarse con
PDVSA. Más de dos mil millones de dólares ingresaron al fisco y el
gobierno, pedía que celebraran nuevas rondas, con el evidente fin de poder
gastar más, de cubrir huecos, de malbaratar sin medida.
Nadie previó la caída de precios. Ni las petroleras que invirtieron en la
tercera ronda, de quienes no debería dudarse su competencia técnica, ni
PDVSA, ni tampoco el Cambridge Research Associates, una de las empresas de
análisis petrolero de mayor importancia en el mundo.
Ante esa circunstancia, (la caída de los precios y la subsiguiente caída de
ingresos) el Estado reaccionó de la manera que siempre lo ha hecho:
necesitaba más, exigió más y obtuvo más.
El dueño "efectivo" de PDVSA es el gobierno venezolano. Y los intereses de
éste son muy diversos de los que pueden tener los dueños reales. Este
gobierno quería y pudo llegar hasta el final de su período sin
importarle las consecuencias que a corto o largo plazo pudiesen tener para
la industria petrolera (y luego para todo el país, como nos vamos a dar
cuenta durante los próximos años) sus exigencias de más dinero. Le
exigieron y obtuvieron mucho más de lo justo.
Mientras tanto las grandes petroleras mundiales, viendo el panorama, van
fusionándose para reducir costos y fortalecer su capital. Los últimos,
Exxon y Mobil indican en su proyecto de fusión que la caída de los precios
podría prolongarse en el tiempo. Actúan en el interés de los accionistas.
No descapitalizan a la empresa, antes por el contrario, tratan de maximizar
su valor.
En Venezuela se hace lo contrario. Para mantener una efímera paz social se
obliga a PDVSA a firmar un contrato petrolero costosisimo y sin incremento
de productividad. Para mantener la ilusión de un bolívar "fuerte" se les
exacciona para incrementar reservas. En fin, se hace lo gerencialmente
indebido, pues quien ejerce el poder sobre la empresa es el gobierno de
hoy, que sabe que mañana no estará y por tanto solo le interesa el
presente. Estas razones, entre otras, justifican la privatización de PDVSA.
Cuando las empresas son del Estado sus finalidades difieren en general del
interés económico. Los incentivos políticos las llevan al fracaso, como
podemos observar en el mundo entero.
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