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Nota del editor Un No a la violencia El país vio con asombro como el pasado sábado, fecha en la cual se instaló el octavo Congreso democrático, turbas dirigidas por dirigentes del Movimiento V República pedían a gritos frente al Capitolio "la sangre de los corruptos". En aquel espectáculo tosco y violento, cientos de ciudadanos, envilecidos por el odio y estimulados por sus dirigentes, esperaban a los Parlamentarios para "darles su merecido castigo". Los medios de comunicación fueron testigos de la barbarie que se reprodujo a las puertas del Palacio Federal. El nombre del pueblo atropellaron con palabras impublicables a los parlamentarios, y a todo aquel ciudadano que atravesada las puertas del Parlamento. Lo ocurrido el pasado 23 de enero no puede repetirse. El nuevo gobierno debería prestar su concurso para evitar que se reproduzcan las escenas violentas que a nadie convienen en esta época de cambios transcendentes de vida Republicana. Si se escogió la vía democrática y civilizada para producir las transformaciones del modelo político y económicos, se debería hacer un esfuerzo para mantener la civilidad de la transición, y garantizar el respeto de los derechos de todos los ciudadanos. La opinión pública internacional no vería con buenos ojos el ajusticiamiento, al clásico estilo medieval, de la clase política que resultó derrotada el pasado 6 de diciembre. Todos somos venezolanos y los cambios deben abarcar la sociedad en pleno, y no sólo aquellos que gozan del afecto popular por estos tiempos. |
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