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La alternabilidad del poder

Uno de los principios democráticos que ha prevalecido en los últimos tiempos es la alternabilidad del poder. La permanencia de un mismo hombre en el mando pareciera no arrojar resultados positivos a la hora de hacer un balance sobre las gestiones gubernamentales.

Venezuela tiene ejemplos históricos de lo que ha significado perpetuarse en el poder. En este siglo que se apresura en culminar, podemos citar a Blanco, Gómez y Pérez Jiménez. Fueron hombres que amoldaron el poder a su pensamiento y cometieron los errores propios del depotismo y la tiranía.

El siglo XXI impone nuevas formas de pensamiento y de actuación política. Los cambios que reclama la sociedad deben enmarcarse dentro de verdaderas propuestas de transformación. Ha llegado la hora de dejar de lado los vicios que han corrompido el Estado y la sociedad toda. La propuesta constituyente de ejercer el poder por una década no parece ser la vía más conveniente para sacar el país de la crítica situación en que se encuentra. El país está pidiendo definiciones concretas en el ámbito económico, financiero, político e institucional. Perpetuarse en el poder no pareciera ser la solución a ningún problema existente.

El nuevo gobierno debería dedicarse a analizar con los expertos las posibles soluciones al problema económico y de políticas públicas, y dejar para un momento más oportuno, las pretensiones de perpetuarse en el poder. Estamos frente a los nuevos tiempos que reclaman seriedad y eficiencia de las autoridades. Dejemos en la centuria que se acaba los despóticos vicios de gobiernos.



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