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Columna
virgen Santiago Romero Sánchez Emanuel Kant ha figurado en la filosofía de la historia y en la historia de la filosofía como el primer pensador del siglo XVIII. Entre sus obras despunta como estrella La paz perpetua, y sus teorías y sus métodos intelectuales aún se estudian, critican, vilipendian o elogian. El ensayo trata de los conflictos de Europa en aquella época de guerras y contiendas generalmente entre familias de la nobleza y de la burguesía. Intereses económicos, de mando y linaje alimentaron, por interminables decenios, esta endémica situación de discordia. Precursor de la trilogía tesis, antítesis y síntesis, Kant, en el estudio recordado, presenta soluciones antibeligerantes, pero con bases eminentemente especulativas: teorías divorciadas de la realidad, pero vinculadas irrestrictamente con principios de alta proyección mental. Concepciones retóricas confluyentes en la utopía -ficción, desde luego inalcanzable- y que provienen de ingeniosa imaginación y de un cerebro excepcional. Parece que en Colombia se ejercita esta anacrónica lección. Porque se desconocen hasta el momento las iniciativas concretas, ciertas, posibles, veraces, directas del Ejecutivo, que puedan conducir indefectiblemente a la paz anhelada sin salvedad alguna, por todos los nacionales. Los resultados prontos y seguros, solamente se hallan por modos y medios prácticos y sencillos, sujetos a las factibilidades del país y a la unanimidad de las partes en pugna. Las interpretaciones vagas y el protagonismo -publicidad enfermiza con fotogenia oligofrénica- deben proscribirse de la metodología para la concordia. Las dificultades existen, como es elemental. Y como se presenta un auténtico armisticio, la confrontación de conveniencias debe ser explícita, leal y seria, como el Tratado de Wisconsin. El primer problema, por ejemplo, antes de la misma cesación de hostilidades, es el perteneciente al factor económico, pues este y su solución firme y certera generan la terminación de la etapa "muerte al enemigo y sus aliados". Base esencial para no incurrir en yerros históricos. Las expresiones "despeje", "desarme" y otras de hoy son equivalentes a los fundamentos kantianos de ayer. Irrealizables por su abstracción. Y entonces se espera que la dialéctica sea la rectora para lograr estos fines. De lo contrario, el país se vería precipitado por la ruta incierta y peligrosa señalada por el fraile conceptista, nacido en España, y de nombre Baltazar Gracián (q.e.p.d.): "Tan gloriosa es una bella retirada, como una gallarda acometida." El Tiempo (Colombia), 20 de enero de 1999 |
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