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| Disolver
el desempleo Moisés Ramírez Furiati Existen tres maneras de atacar un problema, planteaba R. Ackoff hace un poco más de dos décadas: a) Solucionarlo; b) Resolverlo; y c) Disolverlo. Cuando los problemas son sencillos o existe un buen nivel de información sobre el sistema o situación en que ocurren, es posible optar por la primera de las formas de atacarlos, es decir, buscar una solución. Por ejemplo, si no se puede explotar un yacimiento petrolero porque está en un lago, se construye una plataforma en el agua y sobre ella se colocan los equipos necesarios y (Dios mediante los precios del crudo) ¡a sacar petróleo! Cuando los problemas son relativamente complejos o existen niveles de incertidumbre, Ackoff recomendaba desechar el camino de las soluciones y optar por buscar resoluciones. Esto significa que, en lugar de atacar frontalmente el problema, se analizan los distintos aspectos o componentes del sistema donde se inscribe el problema, con la idea de reducirlo a un mínimo aceptable. Por ejemplo, en lugar de empeñarse en lograr una solución drástica al problema de la inflación (como la de creer que controles de precios y de cambio la harían desaparecer), es necesario que el gobierno actúe con una acertada combinación de políticas fiscales, monetarias y cambiarias que logre en el menor plazo reducirla a niveles de un dígito. Pero, finalmente, existen problemas que por su naturaleza se escapan de soluciones o resoluciones. Uno de ellos, entre muchos, es el desempleo. De hecho, países que han logrado prácticamente eliminar la inflación, no han podido con este problema. Tal es el caso, entre otros, de Argentina y de varios países de la Comunidad Europea. Creo entonces que en esta situación, Ackoff recomendaría disolver el desempleo. Disolver significa redefinir nuestro entendimiento del sistema en el que se inscribe el problema, de tal manera que en la nueva visión ese problema no tendría cabida y, por lo tanto, quedaría disuelto. Cuando las estadísticas oficiales se refieren a la población ocupada, se entiende a todo aquel que realiza una actividad económica independientemente de si dicha actividad es formal (porque se realiza a través de una empresa que paga impuestos o porque la persona natural declara) o informal. De allí que las personas ocupadas en el sector informal terminan siendo vistas como diferentes a los considerados como desempleados, siendo éstos los que alguna vez han estado empleados como parte del sector formal pero se encuentran actualmente en busca de emplearse en dicha área nuevamente (claro, las cifras de desempleo en Venezuela resultan relativamente bajas al compararlas con las de Argentina o la CE, pero siendo la base formal de estos países mayor, la comparación no parece tener tanta validez). Si la distinción formal/informal fuese eliminada, convirtiendo todo en informal (a través de un simplísimo sistema impositivo en el que no hiciese falta declarar) el problema del desempleo se disolvería porque hablar de algo así no tendría sentido. La categoría "empleado'' sería sustituida por la de "ocupado'' en proyectos u organizaciones de diversa índole. El asunto sería entonces de niveles de ocupación o desocupación de la población (conceptos con los que ya estamos familiarizándonos en el país desde hace un tiempo), categorías más cercanas al crecimiento y dinamismo de la economía que el hecho de formar parte o no de una empresa que retiene y paga impuestos. V. Tanzi, especialista en políticas fiscales del Banco Mundial y creador del concepto "seniorage'', escribió un trabajo hace varios años proponiendo la sustitución de los impuestos progresivos (como el Islr) por donaciones voluntarias. Una propuesta así eliminaría la necesidad de engorrosos sistemas de declaraciones y rendición de cuentas, dándole un chance a esquemas menos persecutorios, basados en la responsabilidad y solidaridad de ciudadanos y empresas. La pregunta que surge es sobre los "free-riders''. ¿Si con todas las obligaciones muchos evaden, cómo sería si no hubiese ninguna obligación? Pero también cabe preguntarse: ¿Si con todo lo que se paga los servicios son pésimos, no sería mejor que con las donaciones se lograse un eficiente manejo y supervisión para producir mejores resultados? Es importante situarnos como país en las tendencias actuales. El impacto de los avances tecnológicos sobre la productividad crea, a un mismo tiempo, desempleo y ocupación. Si fijamos la atención en el desempleo podemos perdernos en una lucha (luddita) por condenar social y políticamente la tecnología, y buscar maneras de "salvar'' empleos, rigidizando aún más el mercado laboral. Si nos concentramos en los altos niveles de ocupación que pueden surgir con distintos esquemas de outsourcing, teletrabajo, etc., podemos hacer que Venezuela logre con éxito y prosperidad su entrada al siglo XXI. Master en Políticas Públicas Economía Hoy, 21 de enero de 1999 |
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