| Finaliza un Quinquenio democrático Sean
cuales sean las diferencias que puedan tenerse con el gobierno constitucional del
Presidente Rafael Caldera Rodríguez, es justo reconocer que bajo su mandato no se
perdieron las libertades democráticas establecidas en la Constitución Nacional de 1961.
La historia reconocerá que a pesar de los desaciertos y aciertos de su obra de gobierno,
el Presidente Caldera actúo como un estadista y respetó el sistema democrático, por el
que ha luchado desde su juventud.
En su discurso de despedida ante el Congreso, el Jefe de estado saliente abogó, con
llanto la defensa del régimen de libertades. Citó al hoy muy citado, Simón Bolívar,
para argumentar el verdadero significado de la libertad, lo que significa perderla y lo
que cuesta recuperarla.
Ciertamente, la inquietud del anciano líder se dejó colar entre los análisis.
Caldera tiene miedo que en el próximo gobierno, cuya duración se desconoce hasta ahora,
al igual que su tendencia, su alcance y sus programas, pueda perderse la democracia y con
ella la libertad. La preocupación del Presidente Caldera es justa y comprensible. Nos
encontramos inmersos en una era de cambios radicales. A partir del inicio del nuevo
gobierno, los venezolanos no sabremos qué leyes nos gobiernan. Habrá que esperar la
consolidación de esas transformaciones, y la refundación de la República para saber, a
ciencia cierta, hacia dónde vamos y cuál es el modelo de país que se impondrá luego de
las labores de la todopoderosa Asamblea Constituyente.
Desde esta tribuna nos mantendremos vigilantes y optimistas. No se puede condenar un
nuevo régimen si aún no se conoce lo que el mismo trae consigo. Tampoco se puede imponer
la negación al cambio, dominados por la incertidumbre de los desconocido. Lo se sí se
puede es pedir a las nuevas autoridades del país que respeten las libertades
democráticas y mantengan el diálogo con todos los sectores de la sociedad venezolana
para que las transformaciones radicales tengan durabilidad y se sostengan sobre base al
consenso. |
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