Satie como reacción al romanticismo tardío
Exceptuando a Claude Debussy y a algún otro visionario, el grueso de los músicos del período conocido como romanticismo tardío ni siquiera consideraba a Erik Satie un compositor serio.La razón por la cual Satie fuera a menudo tildado de amateur fue probablemente la incomprensión de su reto propuesto a la estética musical de sus contemporáneos.
En el romanticismo tardío el panorama musical francés estaba principalmente conformado por las figuras de Frank (Deificado en la Schola Cantorum de París como el sucesor francés de Beethoven), Fauré, D´Indy y Saint Saëns. Todos ellos eran propensos al estudio meticuloso de las formas y a la complejidad en la arquitectura musical. La elaboración de vastos frescos sinfónicos y música de cámara eran las prácticas más comunes y apreciadas. Es deducible el hecho de que si esta escuela Beethoveniana francesa ya miraba con cierto recelo las obras de autores tan renombrados como Ravel y Debussy, miraran con desdén las aparentemente simplísimas obras de Satie. Hay que ahondar un poco más en la obra de Satie para comprenderlo del todo, pues la fachada de facilidad y simpleza que caracteriza su obra, podría hacernos creer que fue un compositor inexperto o al menos bastante cómodo. Nada más lejos, esta aparente ingenuidad en la música de Satie, no es más que una forma de concebir la música, una música que por su carácter más bien ascético y de protesta al renunciar a los estandartes estructurales, de forma y de desarrollo alcanzados a través de la historia musical moderna, no es facilista o simple, es una música profundamente conceptual.
Los elementos de ascetismo musical se pueden distinguir en cualquiera de sus piezas, pero hay una obra en particular que puntualiza estas connotaciones, el segundo de sus Trois valses distingueés du precieux dégûté es un vals desprovisto tanto de barras de métrica como de cualquier complicación imaginable. Consiste en un tema muy sencillo y hermoso con un acompañamiento harto simple en blancas y negras, el tema no es desarrollado en lo más mínimo, al contrario son repetidos éste y el carácter armónico en séptimas derivado de su fusión con el acompañamiento. El epígrafe de la pieza tal vez nos hace entender mejor el porqué de su desnudez. "Nos vieilles moeurs interdisaient au jeune homme pubère de se montrer nu dans le bain, et la pudeur jetait airsi de profondes racines dans les àmes (Cicerón: De la república). Y es que tal vez este epígrafe nos da una idea de cuan molesto podía estar Satie con los compositores que creyéndose Beethoven, intentaban innovar las formas sin importar cuanto las desformaran, de alli la simplicidad como reacción a la complicación. Satie era un compositor que buscaba elementos distintos para enriquecer su música, elementos que nada tenían que ver con los ideales de Heroísmo de un Wagner o de un Strauss, quienes buscaban la riqueza musical en la novedad, aun cuando para encontrarla tuvieran que llevar los sistemas tonales hasta su sepultura, Siendo Schönberg el sucesor de tales maestros el sepulturero oficial. En vez de desarrollar, Satie siempre prefirió repetir, así que su obra era de un carácter más bien hedonístico que romántico y tenso. Buenos ejemplos de esto son sus casi hipnóticas Gnossienes, la extrema relajación de sus Gimnopedies, o la casi total ausencia de tensión melódica en sus Trois Sarabandes. Satie, a menudo hacía notar su desdén hacia los Maestros románticos, con frecuencia encontramos en sus piezas unos Tempi agudamente irónicos, citando algunos: Toque como un ruiseñor... al que le acaban de sacar la muela o Trés lent, s´il vous plais, de hecho las indicaciones interpretativas del vals que mencioné anteriormente son una narración en lugar de una dinámica. Es famosa su indiferencia hacia la crítica que a menudo le reclamaba la falta de consistencia formal en su música e incluso se sabe que llegó a componer una pieza cuyo título era pieza en forma de pera muy a modo de burla.
Tal vez queda aclarado que la obra de Erik Satie es de hecho una reacción a una estétia musical que seguía muy apegada al Werther de J.W. Goethe mientras ya se había comenzado a publicar lo mejor del Realismo francés. La figura de Satie es comparable en este caso a la de Cervantes, quien ridiculiza la novela de caballería que tanto gustaba a España mientras el resto de europa ya era barroca.