La Cigarra Venezolana

Carolina Jaimes Branger

Mientras no se cambie la mentalidad del venezolano, ningún otro cambio servirá para nada.

Hace una semana presencié un hecho que me hizo evocar la fábula de Esopo "La cigarra y la hormiga" . Entré en una panadería, donde dos empleadas, una portuguesa y una venezolana, sostenían la siguiente conversación:

-No, yo no puedo hacer ese gasto ahora. Tengo que pagar el colegio de los niños y la casa-decía la portuguesa.

-Ay, no, chica. Yo sí me lo voy a comprar. Yo tengo que pagar el colegio también, pero eso va a tener que esperar. La vida es una sola y hay que disfrutarla-contestó la venezolana.

Pensé en la fábula: ¿será que sólo aprenderemos cuando, como la cigarra, estemos muertos de hambre y de frío?...

Las grandes civilizaciones florecieron en lugares donde el hombre tuvo que dominar el medio ambiente. Nuestro ambiente cornucópico, si en algo ha contribuído, es a empobrecernos. Cito a François Depons, agente del gobierno francés que visitó Venezuela alrededor de 1800: "El indio pasa la vida bebiendo y durmiendo; no abandona su hamaca sino cuando, muy a su pesar, los trabajos agrícolas de su mujer han resultado inútiles a causa del mal tiempo. Forzado a salir de caza o de pesca, toma bastante bien sus medidas para que el trabajo de un solo día le asegure la subsistencia y el reposo durante una semana". Han pasado doscientos años y parece que Depons hubiera estado aquí ayer. ¿Es que vamos a seguir bailando hasta que se nos acabe el país?...

¿Cómo vamos a salir del hoyo donde estamos metidos si los maestros ganan una miseria?. ¿Cómo vamos a progresar si a los maestros no se les dan los conocimientos necesarios para ser cada día mejores?. La solución es atacar estos problemas por todos sus flancos. Educar y reeducar a todos por igual. Tener los maestros mejor preparados y los mejor pagados del mundo. Dar a la educación su importancia real y su presupuesto real. Pero sobre todo, que los artífices de ese cambio profundo sean personas preparadas, gerentes de la educación, que se aboquen a llevar a cabo las transformaciones de fondo que son de tanta urgencia ejecutar.

Ninguna estrategia, ninguna política, ninguna corrección será efectiva, duradera y profunda si no se parte de la base de que para cambiar las instituciones hay que cambiar primero al hombre. Porque si no cambiamos, ¿a la puerta de qué hormiga iremos a tocar cuando nos demos cuenta de que nuestra filosofía de la vida no funcionó?...

Carolina Jaimes Branger
C.I. 5.590.343
Master en Educación, 1984
Universidad de Harvard
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