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En boca cerrada…

Bien reza el dicho que en "boca cerrada no entran moscas". Y es que la sabiduría popular da para todo, hasta para normar el juego diplomático. Las recientes declaraciones del presidente Hugo Chávez en vísperas del encuentro con su homólogo Andrés Pastrana, constituyen un buen ejemplo de lo que no debe hacerse en esta materia.

Dos palabras, sólo dos palabras sirvieron para "prender el avispero" de lado y lado de la frontera colombo-venezolana: neutralidad y beligerancia. Palabras aparentemente inocentes y sin ningún significado si se dicen en medio de un juego de bolas criollas o al calor de unos tragos en una reunión de amigos. Pero que adquieren un significado trascendente si se pronununcian en un medio de una rueda de prensa y, sobre todo, si su mentor es el Presidente de la República.

Dos palabras que provocaron el desencuentro de los mandatarios Andrés Pastrana y Hugo Chávez, por el resentimiento y protesta del primero en relación a los juicios emitidos por el segundo con respecto a las negociaciones de paz que se adelantan en la hermana República. La cancelación de la reunión de Ureña fue la respuesta inmediata de Pastrana, como medida de protesta ante los conceptos emitidos por Chávez, quien olvidó que las referidas palabras: neutralidad y beligerancia, son precisamente eso, conceptos con significados precisos en el lenguaje diplomático y la política internacional.

Como "cordial discrepancia" fue catalogado el incidente de aquel lado de la frontera. Adjetivo y sustantivo que en raras ocasiones, por no decir única vez, se escriben mancomunadamente.

Y no es ésta la única vez que las palabras del Presidente de Venezuela tienen resonancia en el vecino país. Ya en ocasión anterior declaró que el Gobierno acogería a soldados colombianos, no importa de cual bando sean, que a consecuencia de enfrentamientos tengan a bien refugiarse en nuestro país. La respuesta tampoco se hizo esperar: el Jefe de las Autodefensas Colombianas, Carlos Castaño, ha lanzado la amenaza de penetrar en territorio venezolano para perseguir a cualquier guerrillero de ese país que sea asilado en Venezuela.

Como brabuconadas han sido catalogadas tales palabras por representantes del gobierno de Hugo Chávez. Tal vez tengan razón, pero es bueno tener presente el eco que tienen las palabras dichas de éste lado más allá del Arauca.

La función del Canciller es llevar y mantener las relaciones exteriores y no andar enderezando entuertos. El inicio de las relaciones del presidente Chávez con Andrés Pastrana tuvo buen pie. La colaboración prestada por Venezuela en el proceso de paz colombiano tal vez sirva para abonar el terreno para un mejor entendimiento en la controversia que mantienen los dos países en otras materias, principalmente las límitrofes. Es bueno mantenerlas así, por lo que lo mejor es evitar que palabras dichas al vuelo y sin pensar puedan estropear la tierra que tanto trabajo a costado cultivar.