Las Invasiones: un buen momento para reflexionar y cambiar

Tema espinoso el de las invasiones, que se complica desde el momento mismo en que se utiliza ese adjetivo invasores para calificar a quienes argumentando la necesidad de un hogar se apropian de terrenos y propiedades privadas para tratar de resolver su problema de vivienda.

Y no se trata de justificar a quienes proceden de esta manera, sino de reconocer la enorme necesidad atraviesa un vasto sector de la sociedad venezolana de tener techo propio. No se trata sólo de personas pertenecientes al sector marginal. No. Aquejado por este drama está un grueso de personas pertenecientes a la clase media que día a día se ve disminuida por la merma de su poder adquisitivo.

La invasiones han existido siempre. No es un fenómeno nuevo. Se incrementa siempre en períodos de cambio de gobierno. Hoy día estamos nuevamente ante esta situación. La historia se repite. Por poner un ejemplo, extensas zonas del estado Zulia se han constituido en barrios descomunales de la noche a la mañana que, para ampararse de la mano de ley, son bautizados con nombres de políticos de moda: Angélica Lusinchi, Menca de Leoni y pare usted de contar. Y pruebe hacer un censo de la población allí refugiada y podrá constatar el grueso de indocumentados, que ven mediante este procedimiento, solucionado su problema de residencia en el país. Pero ese no es el tema.

Lo grave de esta ocasión es la simultaneidad y magnitud con que se ha presentado en todos los estados del país. Una campaña orquestada, han dicho algunos. Una consecuencia del discurso populista, han dicho otros.

Lo cierto es que el problema está presente y requiere de soluciones urgentes e inmediatas pues de lado y lado del problema hay razón en las argumentaciones: "Es que necesito un techo", "Eso es el fruto de mi trabajo y merece respeto. Hay que garantizar el derecho a la propiedad privada".

El fenómeno ha dado pie a la realización de un censo, que vaya usted a saber si refleja a ciencia cierta el tamaño del problema. El Gobierno ha anunciado que adjudicará 7.600 viviendas a las personas elegibles para ello. Porque hay que decirlo también: más de un "vivo" se coleó en el asunto para ver si "se ponía en un terrenito". Igualmente se ha anunciado que tierras del Instituto Agrario Nacional serán dadas en propiedad para el cultivo. El establecimiento de una estadística acerca de la necesidad de vivienda en el país tal vez sea uno de los aspectos positivos del asunto. Falta ahora saber si se dispone de los recursos necesarios para ejecutar un plan masivo de construcción de viviendas.

Otro problema es la planificación: ¿dónde estarán ubicadas las nuevas viviendas? Tal vez sea una buena ocasión para empezar a desmasificar los grandes centros poblados del país. La prensa se ha llenado de soluciones. Estudiosos y no estudiosos de la materia se han pronunciado. Pero a la luz del asunto han salido buenas propuestas: es la oportunidad de poblar las fronteras, han dicho.

Lo importante en todo esto es evitar que la politiquería se apropie de la situación, y como siempre sólo sirva ofrecer soluciones momentáneas que a la postre revierten en un problema de mayores consecuencia. Se requiere de soluciones efectivas alejadas del populismo y el mesianismo. Puede ser el momento de hacer justicia por un lado y establecer compromisos por el otro. Los beneficiados deben entender que no se trata de dádivas del Estado o del simple cumplimiento de una promesa electorera. Todos deben pagar su precio, todos deben entender que ha llegado el momento de trabajar para garantizar el desarrollo del país. Todos, absolutamente todos.Sin excepción.

 

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