Guatemala: la memoria del silencio
La Comisión de esclarecimiento histórico denuncia actos de genocidio

Eduardo Mora Tavares

Al sur de nuestro país, en la vecina Guatemala, la humanidad perdió a una parte valiosa de sí misma, en una guerra fratricida que alcanzó niveles de violencia irracionales. Más de 200 mil muertos en tres décadas de conflicto armado, que enlutaron no sólo hogares sino a toda esa nación centroamericana. Las heridas son muy recientes y dolorosas, pero la reconciliación guatemalteca, ahora más que antes, debe convertirse en la utopía posible. Este gran desafío está en manos de la sociedad, su gobierno, el ejército y los antiguos guerrilleros.

Que la historia que pasamos quede en las escuelas, para que no se olvide, para que nuestros hijos la conozcan", expresó un testigo ante la Comisión de Esclarecimiento Histórico (CEH) que investigó, de julio de 1997 a mayo de 1998, la tragedia de Guatemala. Miles de testimonios fueron escuchados y con ellos se ha dibujado una imagen dantesca: el horror de actos de genocidio, que nunca jamás debieron haberse repetido, tuvo lugar, entre 1981 y 1983, en las zonas mayas, donde el ejército guatemalteco realizó operaciones contrainsurgentes salvajes.

La CEH registró en total 42 mil 275 víctimas, incluyendo hombres, mujeres y niños. De ellas, 23 mil 671 corresponden a ejecucion esarbitrarias y seis mil 159 a víctimas de desaparición forzada. De las víctimas plenamente identificadas, 83 por ciento eran mayas y 17 por ciento ladinos.Combinando estos datos con otros estudios realizados sobre la violencia política en «MDBR»Guatemala, la CEH estima que el saldo de muertos y desaparecidos por el enfrentamiento llegó a más de 200 mil personas.

Las fuerzas del Estado y grupos paramilitares guatemaltecos fueron responsables de 93 por ciento de las violaciones a los derechos humanos durante el enfrentamiento armado; la guerrilla fue responsable de 3 por ciento, mientras que en el restante 4 por ciento de los casos se incluyen otros autores o no fue posible reunir elementos suficientes para establecer la responsabilidad de los hechos, según el documento Guatemala. Memoria del silencio, que contiene las conclusiones y recomendaciones de la CEH.

La CEH, establecida por los acuerdos entre el gobierno de Guatemala y la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG) suscritos en Oslo en junio de 1994, constató 626 masacres cuya autoría atribuye a fuerzas del Estado. La CEH estableció que mediante las masacres y las denominadas operaciones de "tierra arrasada", planificadas por las fuerzas del Estado, se exterminaron por completo comunidades mayas, se destruyeron sus viviendas, ganado, cosechas y otros elementos esenciales de sobrevivencia. A la guerrilla se le atribuyen 32 masacres, en su mayoría perpetradas entre 1981 y 1982.

El asesinato de niños y niñas indefensos, a quienes se dio muerte en muchas ocasiones golpeándolos contra paredes o tirándolos vivos a fosas sobre las cuales si lanzaron más tarde los cadáveres de los adultos; la amputación o extracción traumática de miembros; los empalamientos; el asesinato de personas rociadas con gasolina y quemadas vivas; la extracción de vísceras de víctimas todavía vivas en presencia de otras; la reclusión de personas ya mortalmente torturadas, manteniéndolas durante días en estado agónico; la abertura de los vientres de mujeres embarazadas y otras acciones igualmente atroces constituyeron no sólo un acto de extrema crueldad sobre las víctimas, sino, además, un desquiciamiento que degradó moralmente a los victimarios y a quienes inspiraron, ordenaron o toleraron estas acciones", dice el informe de la CEH.

¿Qué explica esta magnitud de violencia irracional? Para la comisión que presidió el jurista alemán Christian Tomuschat, este nivel destructivo no fue resultado sólo del enfrentamiento armado, sino de a estructura y la naturaleza de las relaciones económicas, culturales y sociales en Guatemala, así como del racismo, el cierre de espacios de participación y la renuencia a impulsar reformas sustantivas del Estado.

La estructura y la naturaleza de las relaciones económicas, culturales y sociales en Guatemala han sido profundamente excluyentes, antagónicas y conflictivas, y son un reflejo de su historia colonial. El carácter antidemocrático de la tradición política guatemalteca tiene sus raíces en una estructura económica caracterizada por la concentración en pocas manos de los bienes productivos, sentando con ello las bases de un régimen de exclusiones múltiples, a las que se sumaron los elementos de una cultura racista, que es a su vez la expresión más profunda de un sistema de relaciones sociales violentas y deshumanizadoras, dice la CEH.

En su balance histórico, la CEH señala: "Después del derrocamiento del gobierno del coronel Jacobo Arbenz en 1954 tuvo lugar un acelerado proceso de cierre de espacios políticos, inspirado en un anticomunismo fundamentalista que anatematizó un movimiento social amplio y diverso, consolidando mediante las leyes el carácter restrictivo y excluyente del juego político. Fenómenos coincidentes como la injusticia estructural, el cierre de los espacios políticos, el racismo, la profundización de una institucionalidad excluyente y antidemocrática, así como la renuencia a impulsar reformas sustantivas que pudieran haber reducido los conflictos estructurales, constituyen los factores que determinaron en un sentido profundo el origen y ulterior estallido del enfrentamiento armado."

La Guerra Fría tuvo también influencia especial. La CEH precisa que la asistencia militar de Estados Unidos a Guatemala se destinó a "reforzar los aparatos de inteligencia nacionales y entrenar a la oficialidad en la guerra contrainsurgente, factores clave que incidieron en las violaciones a los derechos humanos durante el enfrentamiento armado". Y agrega: El anticomunismo y la Doctrina de Seguridad Nacional fueron parte de la estrategia antisoviética de Estados Unidos en América Latina. En Guatemala asumieron primero un sentido antirreformista, luego antidemocrático y, en último término, contrainsurgente convertido en criminal.

El diario The New York Times recordó el 7 de marzo que es bien sabido que la CIA organizó el golpe de Estado contra Arbenz en 1954 y que fue pródiga con entrenamiento y equipo para una serie de gobiernos derechistas. Documentos desclasificados indican que la CIA tuvo un papel clave en la centralización de las estructuras de comando y comunicaciones de las agencias que podrían estar involucradas con los escuadrones de la muerte por años. Estos documentos contienen reportes de la CIA sobre ejecuciones secretas de líderes comunistas por agencias gubernamentales guatemaltecas en 1966, que los funcionarios de Guatemala negaron públicamente.

El 10 de marzo en Guatemala, en el marco de su visita a Centroamérica, el presidente estadunidense Bill Clinton admitió que tal apoyo a las fuerzas militares y de inteligencia vinculadas con la violenta represión en Guatemala fue "equivocado". Clinton dijo luego que Estados Unidos no debe repetir ese error. "Por el contrario, debemos continuar apoyando la paz y la reconciliación en Guatemala."

Y si bien la insurgencia guatemalteca surgió como la respuesta de un sector de la población ante los diversos problemas estructurales del país, la influencia de Cuba y su exaltación de la lucha armada incidieron tanto en Guatemala como en el resto de América Latina. La CEH concluyó que "el apoyo político, logístico, de instrucción y entrenamiento que prestó Cuba a la insurgencia guatemalteca durante todo el periodo, supuso otro factor externo importante que marcó la evolución del enfrentamiento armado".

La CEH aclara dos cosas importantes: que "la magnitud de la respuesta represiva del Estado (fue) absolutamente desproporcionada en relación con la fuerza militar de la insurgencia" y que "en ningún momento del enfrentamiento armado interno los grupos guerrilleros tuvieron el potencial bélico necesario para constituir una amenaza inminente para el Estado".

Los contados combatientes no pudieron competir en el plano militar con el ejército de Guatemala, que dispuso de más efectivos, muy superior armamento, así como mejor entrenamiento y coordinación. También se ha constatado que durante el enfrentamiento armado, el Estado y el ejército conocían el grado de organización, el número de efectivos, el tipo de armamento y los planes de acción de los grupos insurgentes. De esta forma, explica la CEH, fueron conscientes de que la capacidad militar de la insurgencia no representaba una amenaza concreta para el orden político guatemalteco.

La CEH concluye que el Estado magnificó deliberadamente la amenaza militar de la insurgencia, práctica que fue acreditada en su concepto del enemigo interno. Incluir en un solo concepto a los opositores, demócratas o no; pacifistas o guerrilleros; legales o ilegales; comunistas y no comunistas, sirvió para justificar graves y numerosos crímenes. El terror sin precedentes, provocado por las masacres y la devastación de aldeas enteras entre 1981 y 1983, desencadenó la huida masiva de comunidades mayas hacia el sur de México. Se estima que entre 500 mil y un millón de personas fueron desplazadas por el conflicto, interna y externamente. Unas 150 mil personas se refugiaron en México y la tercera parte de ellas se ubicó en campamentos de refugiados.

La CEH esta consciente de que la reconciliación en Guatemala supone un proceso largo y complejo. Es necesario profundizar el proceso de desmilitarización del Estado y la sociedad, fortalecer el sistema de administracióne justicia, abrir mayores espacios de participación efectiva y asegurar la reparación de las violaciones a los derechos humanos de las víctimas Al mismo tiempo, el país debe recuperarse de las pérdidas económicas, si se considera que en sólo una década (1980 a 1989), el costo del enfrentamiento armado fue equivalente a que Guatemala dejara de producir durante casi 15 meses.

Tras admitir que la presentación de la Memoria del silencio ha estremecido al mundo y que se trata de un pasado amargo que no se debe volver a repetir, el 12 de marzo, la URNG, "con profundo dolor y humildad, pidió perdón a la memoria de las víctimas, a sus familiares y a sus comunidades que hayan sufrido daños irreparables, injusticias u ofensas a causa de cualquier clase de excesos, equivocaciones o irresponsabilidades cometidas en el curso del enfrentamiento armado por cualquiera de los miembros, personal o colectivamente, de lo que fueron las fuerzas" de esa organización. Para la URNG el cumplimiento de los acuerdos de paz suscritos con el gobierno en 1996 es un componente ineludible de la reconciliación.

En su primer comentario público sobre el informe de la CEH, según un reporte de Reuters, el gobierno del presidente Alvaro Arzú expresó el 16 de marzo que la Memoria del silencio debe ser un instrumento para la reconciliación, y aseguró que el ejército ya realizó una reestructuración interna. Grupos defensores de derechos humanos guatemaltecos criticaron al gobierno por desconocer la recomendación del informe, de establecer una comisión independiente que destituya a los oficiales involucrados en las atrocidades.

Para Alfonso Alem, representante de la Fundación Rigoberta Menchú en México, es preocupante la actitud del gobierno de Arzú de desentenderse de las recomendaciones de la CEH, lo que indicaría que no habrá depuración en las fuerzas armadas y que el Estado no está dispuesto a asumir su cuota de responsabilidad en el conflicto que ensangrentó a Guatemala. Los alcances del informe de la CEH, al que califica como histórico y trascendental, no han sido registrados en su verdadera dimensión, según Alem, aunque afirma que la sociedad guatemalteca recibió la Memoria del silencio con una mezcla de optimismo y pesimismo, de rabia e indignación.

Algunos analistas internacionales destacan que el informe de la CEH no es un documento en blanco y negro, sino con muchas zonas grises y que muchos resultaron sorprendidos al ver que la comisión tuvo el valor de denunciar actos de genocidio del ejército y de señalar que las causas del conflicto armado en Guatemala son de carácter estructural. Algunos analistas señalaron incluso que, en realidad, no se puede afirmar que en Guatemala se vivió un conflicto armado, dada la enorme disparidad de fuerzas entre el ejército y la guerrilla, sino simple y llanamente una represión masiva de las fuerzas del Estado contra la insurgencia y la sociedad. Lo cierto es que los familiares de muchas de las víctimas aún esperan saber dónde están sus muertos y quiénes los mataron.

Andanzas de un guerrillero

Julio César Macías, autor de Mi camino: la guerrilla (Planeta, 1999), concedió una entrevista a EPOCA en torno de los temas de su libro y la Centroamérica de hoy. Militante de tres movimientos insurgentes en el curso de tres décadas (primero en Guatemala, luego en El Salvador y por último en Nicaragua, luchando contra los contras), el combatiente, mejor conocido como César Montes vivió también las experiencias revolucionarias y socialistas de Cuba, Vietnam, China, la Unión Soviética y Corea del Norte. En su libro expone las razones de la lucha armada, sus éxitos, fracasos, divisiones, costos humanos y sociales e incluso anécdotas simpáticas, como aquella en que relata que el comandante de las Fuerzas Armadas Rebeldes (FAR), Turcios Lima, salió de Cuba, en un largo periplo vía Europa Oriental y Occidental, hacia México, disfrazado de mujer. En su libro afirma que las luchas insurgentes terminaron con "las dictaduras militares en Centroamérica" y que "el futuro es de quienes mantengan joven su espíritu, sus concepciones, su flexibilidad, su creatividad". Estas son algunas de las ideas manifestadas en la entrevista:

La experiencia guerrillera: en Centroamérica nos libramos de los dictadores, de la dinastía de los Somoza, de las 14 familias de El Salvador, y de la contra nicaragüense, en contra del país más poderoso del mundo. Los costos sociales y los éxitos de la insurgencia: creo que si nos la hubieran dejado más barata, hubiéramos aceptado... Un compañero dijo: "Ganamos en Nicaragua, empatamos en El Salvador y perdimos en Guatemala". La derrota en Guatemala y los acuerdos de paz: hubo errores en la conducción estratégica, de manera que la ofensiva contrainsurgente llegó a las masacres, no es muy fácil que se resistan 400 aldeas arrasadas hasta las cenizas... En la negociación de los acuerdos de paz se obtuvieron victorias políticas que abren la puerta al proceso democrático. El informe de la CEH: es muy doloroso, muy serio, no sabíamos del grado de salvajismo en las masacres; del salvajismo del entrenamiento a los kaibiles, convertidos en máquinas de matar... en lo personal, ¿cómo puedo perdonar a los que asesinaron a mis hermanos? Mi esposa murió combatiendo, fue muerta en acción, pero mi hermano Jorge no, fue torturado; mi hermano Francisco fue desaparecido, quizás en el mar... La depuración del ejército: no la ha habido y existe el peligro de que llegue por la vía electoral a la Presidencia uno de los más grandes masacradores que ha habido, Efraín Ríos Montt... No todos los oficiales tienen las manos manchadas de sangre y ellos tienen que depurar a los que sí las tienen...Fidel Castro: siempre hemos tenido mucho respeto por él... Cuba debe plantearse las transformaciones y los cambios que los cubanos exijan... El Che Guevara: lo conocí en 1962, no como un santón sino en una dimensión muy humana... era muy acre, un poco cáustico, lo conocí como un ser humano muy brillante, muy excepcional, con el cual uno podía identificarse, del que se podían seguir sus pasos... hay toda una serie de razones por las que el Che siempre ha estado y estará más cercano a los revolucionarios guatemaltecos y a César Montes... Marcos , la guerrilla zapatista y la guerrilla centroamericana: hay diferencias sustanciales, nosotros no estábamos luchando por las transformaciones étnicas, ni estábamos exigiendo los derechos de los indígenas, estábamos luchando por tomar el poder por las armas... el subcomandante, con todo el respeto que me merece, no se ha planteado la toma del poder... las diferencias son muy grandes... la guerrilla zapatista es una gran campaña de propaganda armada, que no tiene parangón en el mundo... aquí en México fue una desproporción la matanza en Acteal contra la población civil desarmada... en México ha habido cierta prudencia, no ha habido una contrainsurgencia al estilo guatemalteco, que arrasaba poblaciones civiles... corresponde a las formas propias de México y a las formas propias del desarrollo de los medios de comunicación que el subcomandante Marcos pueda hacer el tipo de guerra que está haciendo, y me alegro mucho que no se parezca nada a los procesos centroamericanos, que fueron muy cruentos.

Revista Epoca, 23 de marzo de 1999