Derechos ciudadanos y la Constitución

Jacob G. Hornberger*

FAIRFAX, VIRGINIA (AIPE).- Se cree equivocadamente que los derechos de los estadounidenses provienen de la Constitución. Nada está más lejos de la verdad.

A lo largo de la historia, era normal creer que la gente estaba sujeta incondicionalmente a las órdenes del gobierno. Si el rey daba instrucciones de abandonar a la familia e ir a pelear en una guerra a miles de kilómetros de distancia, el individuo tenía que obedecer. El rey podía controlar y regular tanto las vidas como las propiedades por ser soberano y supremo, mientras que el súbdito era un ser inferior. Cuando el rey hablaba, la gente obedecía.

Gradualmente se comenzó a cuestionar el control irrestricto de los reyes sobre la vida y fortuna de la gente. Por ejemplo, en 1215, por la Magna Carta, el rey de Inglaterra tuvo que admitir que su poder sobre la ciudadanía era limitado.

Pero fue en 1776, con la publicación de la Declaración de Independencia, cuando se volteó totalmente el concepto histórico de la soberanía. Jefferson le declaró al mundo que el gobierno no era supremo ni soberano, sino los individuos, mientras que los funcionarios gubernamentales están subordinados y son inferiores a la ciudadanía.

La Declaración resaltó que los hombres gozan de ciertos derechos fundamentales e inherentes, previos a la existencia de los gobiernos. En otras palabras, los derechos ciudadanos no provienen del rey ni de ningún funcionario público. Derechos tales como a la vida, la libertad, la propiedad y la búsqueda de la felicidad existen independientemente del gobierno y no gracias al gobierno.

También resaltaba que la razón por la cual la gente forma un gobierno es para que proteja el ejercicio de estos mismos derechos. Es decir, en ausencia de un gobierno, antisociales como ladrones, violadores y asesinos le harían la vida miserable a todos los demás. Por eso, el gobierno debe arrestar, enjuiciar y castigar a ese tipo de gente.

Y ¿qué pasa cuando el gobierno excede sus atribuciones, convirtiéndose en más dañino de lo que sería la total ausencia de gobierno? La Declaración nos dice que es el derecho de la gente alterar o abolir al gobierno que fue diseñado para proteger y no para destruir nuestros derechos naturales. El reto de los fundadores de la patria era cómo crear un gobierno que permaneciera limitado en el tiempo a jugar un papel inferior y subordinado, en lugar del papel de soberano tradicional. En 1787, nuestros próceres intentaron resolver el problema escribiendo una Constitución creando al gobierno federal. Esa Constitución dejó claro que nuestro gobierno, a lo contrario de otros a lo largo de la historia, no tendría poderes ilimitados. Como lo indica expresamente la Constitución, el gobierno federal tiene ciertos poderes, limitados a los expresamente otorgados en el Artículo 1°, Sección 8 de la Constitución.

Por lo tanto, la pregunta correcta no es "¿qué derechos la Constitución le concede a los ciudadanos?" sino más bien, "¿qué poderes la Constitución le concede al gobierno? Si cierto poder no está expresamente enumerado, el gobierno no tiene autoridad para ejercerlo.

Desconfiando aún de los funcionarios elegidos democráticamente, los ciudadanos se aseguraron de la promulgación de las primeras diez enmiendas a la Constitución, llamadas "Declaración de Derechos", pero que más apropiadamente se han debido llamar "Declaración de Prohibiciones", porque expresan las restricciones al poder gubernamental, en lugar de conceder derechos a los ciudadanos.

Algunos argumentan que esta "Declaración de Prohibiciones" era innecesaria porque el poder gubernamental ya había sido limitado a los expresamente enumerados en la Constitución misma. Por ejemplo, como al gobierno no se le concedió el poder de regular la libre expresión, no había necesidad de prohibirle toda intervención por medio de la Primera Enmienda. Pero temerosos de la tendencia gubernamental al dominio y el control, la gente se sentía más segura con estas restricciones expresas al poder de interferir en sus más sagrados derechos. Y para estar seguros, se añadió la Novena Enmienda: "La enumeración en la Constitución de ciertos derechos no será interpretada como la negación o menosprecio de otros derechos retenidos por la gente".

Así es que la próxima vez que alguien le hable de "derechos constitucionales", recuérdele que nuestros derechos no provienen de la Constitución y, si quiere ponerlo a pensar seriamente, pregúntele si no cree que actualmente el gobierno federal está destruyendo aquellos mismos derechos para cuya protección fue creado. ©

*Presidente de Future of Freedom Foundation.