| Con el magma bajo los pies Las
declaraciones del presidente Hugo Chávez durante la semana pasada estimulan, por su
gravedad, rotundidad y reiteración, reflexiones en doble vertiente.
Comencemos por la más obvia: una ruptura de los poderes públicos puede conducir a la
instauración de sólo uno de ellos como árbitro excluyente de todo ejercicio de poder.
Ello nos lleva a situaciones que nadie ha deseado abiertamente desde que los libertadores,
con Simón Bolívar a la cabeza, instauraron en Venezuela los tres poderes clásicos que
Montesquieu inspiró para la democracia, con todos sus vaivenes e imperfecciones. Perder
ese juego de poderes es un mal en sí mismo, sobre el cual convendría que el Presidente
reflexionase serenamente. Especialmente él, tan afecto a las rectificaciones, virtud
digna de imitar, a la cual ni sus enemigos más enérgicos han negado asentimiento.
Desconocer el Congreso es un acto flagrante y deliberado de desacato y de ilegalidad (artículo
199 de la Constitución). Declarar la emergencia nacional y mantener la
convocatoria a referendo para elegir Constituyente contraviene explícitamente el artículo
186 de la Ley del Sufragio y Participación Política. Infringir una ley de
modo tan explícito implica no sólo la ruptura de los poderes, sino la inviabilidad de
aquéllos que no cuentan con el sustento de fuerza indispensable para ejercer sus
funciones. Ello encamina, pues, a la disolución del poder legislativo y del poder
judicial por parte del ejecutivo. Una ruptura, por tanto, del hilo constitucional, con
todas sus consecuencias de incertidumbre y desconfianza, no sólo nacional sino
internacional. Ello puede fácilmente conducir a situaciones trágicas que no son,
lamentablemente, desconocidas en Venezuela.
Por la otra vertiente, está una crítica que queremos ejercer con el mismo énfasis y
con el mismo espíritu productivo y democrático. Desde el inicio de su mandato el nuevo
gobierno ha estado restringido en sus funciones, especialmente en el aspecto legal. No
discutiremos las razones de las impugnaciones al Decreto
Nº 3, ni las limitaciones que según el Presidente contiene la Ley
Habilitante. No lo discutiremos no porque carezcan de razones válidas,
sino porque parece obvio que en el juego político habitual que predomina en la oposición
no siempre las razones de esas impugnaciones y esas limitaciones han estado disociadas de
un ánimo obstaculizador, irreflexivo y peligroso.
Es irreflexivo porque no han tomado en cuenta que el fenómeno "Hugo Chávez"
no es más que un síntoma de los vientos que se sembraron durante años de rigidez
política, que no puede ocultar sus responsabilidades en la dramática situación que
vivimos. Si no se hubiera manifestado en la figura de Hugo Chávez, se hubiera expresado a
través de otros procesos, tal vez mucho más indeseables para los que adversan al
Presidente. No ha sido él el único síntoma, por cierto. Los hubo indiscutiblemente
indeseables, como el 27 de Febrero, para sólo mencionar el más desastroso. Otros
procesos pudieran ocurrir aún, mucho más graves.
Cualquiera sea la posición que cada quien tenga ante el presente gobierno, parece
obvio que hemos cruzado un "punto de no retorno". Ya Venezuela no es la que
vivimos hasta el 6 de diciembre de 1998. En esas elecciones más del 98% votó por
opciones de transformación de fondo, pues los principales candidatos obtuvieron sus
grandes o pequeñas votaciones bajo la promesa de un cambio, calificado incluso de
"radical" por Enrique Salas Römer, el que obtuvo la mayor votación,
nada insignificante, después de Hugo Chávez. La mayoría de la población no entiende
los argumentos institucionales que exponen muchos opositores que tienen una alta
responsabilidad en la situación que vive esa mayoría, la popularidad del Presidente así
lo indica e ignorarlo revelaría una ofuscación por lo menos imprudente. El Presidente ha
dicho que el país está "a punto de una guerra civil". Tal vez no exagera,
lastimosamente. En esas situaciones las mentes reflexivas dan paso a las que se dejan
apabullar por los argumentos emocionales, y el presidente Chávez ha mostrado en el manejo
de las emociones más talento que sus adversarios. Algunos expertos lo han calificado de "mago
de las emociones". No es ese terreno en donde el Presidente es más
débil.
Venezuela Analítica hace un llamado a todos los sectores responsables de Venezuela
para que cumplan un mandato de transformación que jamás en la historia había tenido ese
grado de evidencia. Los llamados a deponer intereses particulares han sido siempre palabra
vacía de contenido, pero nunca como en este momento crucial ese clamor había tenido un
sentido tan terminante. El esfuerzo debe ser doble: por una parte el Ejecutivo debe
comprender la gravedad histórica de una acción de ruptura constitucional, potencialmente
trágica y cuya responsabilidad, en los hechos, asumiría en su totalidad ante la
historia. Y la oposición debe comprender que el contexto actual no es aquel en que muchos
de sus representantes se habituaron a mantener intacto el sistema político, como si no
bullera bajo sus pies un peligroso magma de imprevisible peligrosidad. También ella
asumiría esa responsabilidad ante la historia.. |
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