Sí, la vida es bella

Julia Márquez

Roberto Benigni definitivamente se robó el show en aquella fastuosa noche de la entrega del Oscar. Resultaba realmente impresionante verlo cruzar la sala montado en las butacas - haciendo caso omiso de la posibilidad de estropear algún peinado o quizás peor aún algún lujoso vestido - para subir a recoger su estatuilla. En ese momento él era pura emoción, quizás la misma que le hizo escribir ese hermoso mensaje cinematográfico que es en sí un canto a la vida.

"La vida es bella" es una de esas películas que se levanta necesariamente genial y original, frente a tanta competencia que existe en las realizaciones de la temática del holocausto. Mágicamente cuenta las experiencias de un padre que se empeña en encontrar el sentido humorístico de las situaciones extremas de un campo de concentración y todo eso con tal de hacer sentir bien a su hijo; de hacerle sentir que la vida puede ser un juego aún frente a las inhóspitas habitaciones de un campo de concentración.

En una entrevista de televisión Benigni dijo que le impresionaba ver como muchas personas en Estados Unidos se le acercaban para felicitarlo; algunos, poco tímidos le daban las gracias por su película. Yo no se de que forma reaccionaría si tuviera la oportunidad de conocer a este famoso director. A veces las palabras no fluyen con la elegancia o la belleza que uno quisiera en este tipo de oportunidades. Pero sinceramente sí creo que pudiera decirle, aquí reposadamente frente a mi computadora, que también agradezco su película, que es un artístico mensaje de esperanza. Ahora en un mundo globalizado, cuando otras guerras nos azotan, distintas sí, a aquellas de los años cuarentas pero tan crudas como la más insignificante de las luchas armadas lo puede ser.

El ser humano es bastante complejo, a través de las distintas culturas el hombre a tratado de explicar y entender su propia estructura. Desde los antiguos filósofos hasta los complejos psiquiatras. Esta parece ser una necesidad imperecedera en nosotros los humanos y además se sabe que las conductas agresivas parecen estar presentes a través de toda la historia, con tantas y variadas expresiones; pero también las historias sobre el amor en sus muy diversas manifestaciones. Entonces, parece que el individuo frente a las experiencias debe decidir como actuar, no es a veces tanto el problema como la solución que se les otorgue y, eso nos hace únicos; sin entrar en temas de catalogaciones sobre el éxito o el fracaso, porque todo esto requeriría una profunda disertación y esa no es la idea. Mi intención, más bien, es escribir humildemente este mensaje de agradecimiento inspirado en quien parece creer que el amor puede superar cualquier obstáculo.