¿Salvan al bosque talando árboles?

Luis Pazos

(AIPE).- ¿Qué pensaríamos de un gobernante que presentara un programa en el cual con el fin de salvar los bosques cortara todos los árboles? Esa incongruencia la hemos sufrido en los planes gubernamentales de los últimos 25 años en México: rescatar, equilibrar y fortalecer al gobierno a costa de empobrecer y enflaquecer a los ciudadanos. Nuestros actuales gobernantes parten de la idea que el gobierno es una institución superior a los gobernados, que debe sanearse, privilegiarse y equilibrarse, a costa de desequilibrar y desangrar a los ciudadanos. "El bosque es más importante que los árboles" es la visión de los colectivistas y tecnócratas que gobiernan en casi todos los países iberoamericanos. Al analizar las políticas fiscales, monetarias y de precios nos damos cuenta que son diseñadas para darle mayores ingresos a los gobernantes, sin importarles que para lograr ese objetivo generen horribles presiones tributarias, inflación, alzas de tasas de interés y reducción de salarios reales para la mayoría de la población.

Las políticas gubernamentales les complican la vida a trabajadores, profesionales, comerciantes, agricultores, industriales y prestadores de servicios, pero permiten mayores ingresos al gobierno para reducir su déficit, consolidar sus finanzas y gastar más, teóricamente en beneficio de "los árboles". La consigna parece ser "Hay que sanear el bosque aunque enfermemos a los árboles".

El problema de fondo es que los gobernantes han perdido la brújula que les indicaba su razón de ser. Por ejemplo, en la Secretaría de Hacienda parecen no tener una visión global ni social de la función gubernamental, que es la de lograr el bien común. Solamente tienen en mente el objetivo de recaudar dinero, es decir, igual a la idea de los publicanos de tiempos de Cristo. En aquel entonces, la función de recaudar impuestos era arrendada a mercaderes a cambio de adelantos de dinero al rey. Los publicanos buscaban cobrar la mayor cantidad de dinero sin importar el perjuicio causado a los ciudadanos ni el destino del dinero recaudado.

Aunque ha cambiado la retórica y ahora se habla de democracia y de gobiernos al servicio de la sociedad, las acciones de los gobernantes continúan como hace 2000 años, funcionando para mantener y enriquecer a quienes gobiernan. No para crear un marco jurídico y social que permitan mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos. Eso sólo será posible cuando los gobernantes comprendan que el bosque sin los árboles deja de ser bosque y que sin árboles sanos es absurdo hablar de un bosque "saneado".

© Director del Centro de Investigaciones sobre la Libre Empresa.