Venezolanos porque así lo quisieron
Carolina Jaimes Branger
Una de las cartas que más me conmovió cuando escribí mi artículo 'El pobrecitismo', me la envió una persona que no conocía: el señor Naldi Lerza. Debajo de su firma escribió: 'un venezolano porque así lo quiso'.
Nadie escoge el sitio donde va a nacer. Pero tener otra nacionalidad es una escogencia consciente y meditada. No me gusta el término 'segunda patria' que con frecuencia se usa. La persona que opta por nacionalizarse tiene dos primeras patrias. Y tener dos primeras patrias es una riqueza que no se puede cuantificar.
Venezuela es un país que ha demostrado sus bondades para con los inmigrantes quizás como ningún otro en la historia. Esta es una de nuestra grandezas y debemos enorgullecernos de ella. Y Venezuela ha tenido la suerte de que los inmigrantes la quieran, en la mayoría de los casos, mucho más que los que nacimos aquí. Marcos Pérez Jiménez va a pasar a la historia por haber abierto de par en par las puertas a la immigración.
Hace unos años escuché hablar al señor Zarikian, en un homenaje que le hizo la Cámara de Industriales del Estado Aragua. No exagero al decir que a un venezolano por nacimiento le hubiera costado superar sus palabras de amor, gratitud y patriotismo hacia el país que por propia voluntad hizo suyo.
¿Y quién no lloró a Billo Frómeta. Nuestro inolvidable Billo, que pidió 'en vez de una oración sobre su tumba, el último compás de Alma Llanera'?
Entonces me pregunto: ¿por qué los nacionalizados no pueden ir a la Constituyente? ¿Es que acaso son 'venezolanos de segunda', y 'segunda' no se refiere a 'segunda' patria, en este caso? Es una bofetada a quienes han hecho de Venezuela su hogar, que han trabajado por ella, que han dado trabajo a otros, que han tenido hijos aquí.
Mi suegro era británico de origen, pero más venezolano que el pabellón o las hallacas. Vino como ingeniero agrónomo contratado por el Gobierno y aquí se casó y formó su familia. La reforma agraria le quitó la hacienda que había trabajado por casi veinte años y que estaba comenzando a producir cuando se la expropiaron. Jamás lo escuché decir nada contra Venezuela. Al contrario, siempre se refirió a lo maravillosa que había sido su vida aquí. Gracias a Dios que no está para presenciar esta humillación, porque es una humillación a la que se está sometiendo a los nacionalizados.
A mí me gustaría ver en la Constituyente, por ejemplo, a don Pedro Grases, de origen catalán, uno de los más grandes propulsores y benefactores de la cultura en Venezuela.
También a Francisco Rodríguez, oriundo de Galicia, el dueño de Festejos Mar. El señor Rodríguez ha creado un emporio a costa de trabajo, trabajo y más trabajo, y mucha disciplina y constancia. Ha dado empleo a miles de personas, y colabora con cuanta obra benéfica le solicita ayuda. Tendría mucho que aportar a la Asamblea y a la nueva Constitución con su experiencia y su capacidad.
Me gustaría ver también a cualquiera de los portugueses dueños de abastos y automercados; a los italianos que tanto empuje han dado a la industria; a los árabes y a los chinos, que han apuntalado nuestro comercio; a los judíos, que han enriquecido nuestra cultura y nuestra ciencia; en fin, a cualquiera que haya escogido a Venezuela como Patria y que haya dado tanto como cualquiera de nosotros. Sólo pensemos cómo seria Venezuela si no hubiera habido inmigración.
¡Venezolanos por nacimiento!: unamos nuestras voces de protesta por nuestros hermanos VENEZOLANOS que nacieron en otros lugares del mundo. Ellos merecen ser tomados en cuenta tanto o más que cualquiera de nosotros. Total, ellos son venezolanos porque así lo quisieron.