Un tema para el debate: ¿para qué sirve el Estado?

Samuel Sotillo Hermoso

Una de las mejores respuestas a esta pregunta que este autor conozca es la que diera el filósofo norteamericano, Robert Nozick, en su obra "Anarchy, State and Uthopy" (Anarquía, Estado y Utopía), y que le valiera el equivalente norteamericano a nuestro premio nacional de literatura en 1975. Esta obra es uno de los pilares fundamentales de ese movimiento finisecular conocido como "libertarianismo" (o neoliberalismo para otros). También es una pieza brillante del más fino y agudo análisis en torno a esos conceptos fundamentales que su título evoca. ¡Cómo me gustaría saber que todos los postulantes a esta nuestra Asamblea Nacional Constituyente de 1999 (ya sea que lo aprobasen o no en su totalidad) al menos alguna vez lo hubieran tenido en sus manos, y lo hubiesen leído!. Pero sé que eso es pedir mucho. Sólo espero que alguno lo haya hecho, y que el debate en torno a estos temas no se reduzca a citas extraviadas de viejos filósofos de tradición socialista o liberal. Espero que haya nuevas ideas.

La respuesta de Nozick, para volver al tema central de este artículo, es que la función principal del Estado es la de garantizar la convivencia (dicho en mis palabras); es decir, que el Estado es el "árbitro de lo correcto", al fijar por encima de los intereses individuales o grupales cuáles son las transgresiones que atentan contra esa convivencia, y establecer su castigo. Es muy importante que para ello, el Estado surja del consenso, y es esa la razón por la cual lo más conveniente es que sea democrático, único medio eficiente conocido (hasta ahora) para alcanzar dicho consenso. Es bueno aclarar que para él la convivencia se construye sobre la base de derechos, y es allí donde entra en juego la moral, la propiedad privada, la coacción, etc. etc. La interpretación de Nozick nos lleva a un Estado mínimo, visto en los términos de la visión de éste último que nos es común.

Para quien escribe esto, la posición de Nozick es bien interesante, sobre todo si la vemos desde la perspectiva del ideal de democracia directa y participativa en la que me confieso firme creyente. Sin embargo, creo que él no consideró algo muy importante, un factor no muy evidente antes como es el papel del conocimiento. Por ejemplo, Nozick plantea muchas veces la objeción moral de los anarquista al rol monopólico y coercitivo del Estado. Cuando el Estado surge, lo hace sobre la base de la usurpación de ciertos derechos propios del individuo, que en términos de Locke, aquel sacrifica para asegurarse la tan deseada convivencia en sociedad (fuera de ese "estado natural" pleno de derechos). Esa usurpación es amoral para los anarquistas. Pues bien, el Estado ideal para ellos sería el que no existe; es decir, una sociedad sin Estado. Tal cosa es pura utopía para mucha gente, sobre todo para los seguidores del Estado tradicional, representativo y democrático, el de Hobbes, Locke, Hegel, Rousseau, Montesquieu y un gran etc. Por otra parte, las relaciones de los individuos dentro de la sociedad se ven sólo en términos de su capacidad de actuar en términos estrictamente económicos (ya sea bajo las premisas marxistas o del laissez faire). Pero, de nuevo, ¿y qué hay del conocimiento? ¿Cómo afecta la abundancia o escasez de éste a esas relaciones entre individuos? En términos económicos, ¿cuál es el papel de los costos de transacción en la forma ideal de organización social? (La preocupación central de la "nueva izquierda europea", como por ejemplo, la de los laboristas ingleses y su Tercera Vía.) Por ejemplo, en una sociedad carente de Estado y donde haya una absoluta igualdad de conocimiento, ¿necesariamente reinará la anarquía? ¿Qué tan utópica es la no existencia del Estado, realmente? ¿Qué papel juega el conocimiento en relación a la existencia de la pobreza? ¿Es la pobreza únicamente un problema de carencias materiales? ¿Será el conocimiento y no la justicia social la clave para la igualdad material? ¿Será acaso la igualdad de conocimiento la clave fundamental para vencer las desigualdades sociales, y no el socialismo de Estado o el capitalismo de Estado? (Entendido este último en términos de la propuesta de algunos "neoliberales" que auspician una forma de Estado promotor del laissez faire, como el propuesto por el economista argentino Cavallo, recientemente.) ¿Será acaso el paso de la sociedad de la información a la sociedad del conocimiento la clave para el verdadero desarrollo armónico sustentable?

Como ven, que emocionante sería poder escuchar un debate profundo sobre estos temas, que seguramente serán de mucha importancia en el siglo por venir, en nuestra ANC de 1999. Pero pareciera que no va a ser así. ¿Por qué? Bueno, porque hoy se habla de democracia participativa sin que pareciera haber una conciencia clara del término. ¿Participativa para quién y cómo? Se habla de redefinir el rol del Estado sin que se señale en profundidad qué y por qué debe redefinirse, si es sólo (y suficiente) su marco institucional, o si son sus funciones, o su alcance, o si debe seguir existiendo o no. Se habla de justicia social o de libertad económica como ideales de toda sociedad, sin que haya una idea clara de para quién va dirigida esa supuesta justicia y quiénes podrán gozar realmente de esa libertad, y bajo qué condiciones. Se habla de productividad, de competitividad, de ingeniería social y de muchos otros términos, sin profundizar realmente en la significancia, la eficiencia, la eficacia y la conveniencia de los modelos de sociedades que estos plantean, de su ajuste a nuestra realidad, del nivel de comprensión e internalización que los ciudadanos, los individuos en el marco de la sociedad, tienen de ellos. ¿Puede una sociedad cambiarse así realmente, sin propiciar un cambio profundo concurrente en sus ciudadanos?

Si en lugar de discutir lo realmente importante se insiste en temas tan balurdos como los que se escuchan día a día, en discusiones estúpidas sobre formulismos o formalismos de quincalla, en dimes y diretes, quizá haya que empezar a considerar seriamente la imagen que Uslar Pietri nos diera de aquello en lo que podría devenir esta nuestra ANC de 1999: en una gallera. ¡Ojalá no sea así!

ssotillo@uc.edu.ve