Quinientos años de salsa

Roberto Hernández Montoya

Difícil entender cómo sobrevivió la música africana a de cinco siglos de represión, violencia simbólica, vituperio e infamia. Hoy domina triunfal los altoparlantes del mundo entero. No podemos oír casi ninguna música popular que no esté impregnada de alguna síncopa azabache. Blues, rock, jazz, rumba (y toda su inmensa familia, que abarca la flamenca), plena, merengue (incluyendo el caraqueño), calipso, reggae, fulía, bambuco, landó, samba, candomblé (padre del candombe argentino), bossa nova, milonga, tango (hijo, dicen, de la habanera; en todo caso el aire de familia es bien perceptible). La lista no es exhaustiva, claro está, y además, como el lenguaje, varía día a día como para que solo un academicista embrutecido, pero bien embrutecido de verdad, tenga pretensión de agotarla.

La población americana de origen africano, reducidas a escombros sus sabidurías, se empecinó en mantener viva su música, cultivándola, refinándola, prodigándola con cariño. Cuando uno oye el disco Buena Vista Social Club, que tomó al mundo por asalto el año pasado, uno percibe una cultura inmensa, delicada, elaborada, acendrada. No cualquiera puede cantar con esa armonía y ese ritmo tan complejos, depurados en siglos de ensayo. Lo que más sorprende no es que haya tanta sabiduría en esos sones, porque sabiduría hay también en la Capilla Sixtina, en cualquier fuga de Bach o en cualquier ópera china. Eso no es lo que sorprende porque el hombre es capaz de sabiduría en toda sazón y región. ¡Pero Miguel Ángel contaba con apoyo oficial y a Bach nadie le decía que su música era una inmundicia cultural! Al africano en cambio toda autoridad le decía que la suya era ruido de cacerolas, vulgar, chabacana, grotesca, infame, infernal porque era mandinga, como él mismo. Lo envilecían y luego lo llamaban vil. La crueldad humana no tiene límites.

Hegel definía el arte como «el sereno reino de las apariencias amistosas». Escucha cualquier canción de Beny Moré y sabrás de qué hablaba Hegel.

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Letras 6 de mayo de 1999