| Más de lo mismo Buena
la que se ha armado con la elección del Fiscal General de la República y el Contralor
General de la República. Un torneo de descalificaciones, que a decir verdad ya no
sorprenden, pero sí causan indignación en la población. El bombardeo comenzó desde la
Presidencia de la República, desde donde, según palabras del Jefe de Estado, apunta un
cañón de 155 milímetros ráfaga a quienes difieran de sus conceptos y opiniones.
Trágico esto en un país que se dice democrático.
Lo cierto es que al parecer todos, de parte y parte, tienen razón. Insólito.
Durante años se conoció que en Venezuela bastaba una reunión entre Rafael Caldera y
Rómulo Betancourt, para designar a estos funcionarios y, de ñapa, a los magistrados de
la Corte Suprema de Justicia. Estas funciones fueron delegadas con el tiempo en quienes se
constituían como cabezas de las cúpulas de AD y Copei.
Durante el pasado período constitucional, se llegó a un acuerdo en aras de acabar con
esta práctica malsana y se instituyó un baremo que serviría, supuestamente, para
garantizar que la escogencia se haría en forma transparente y tomando en cuenta los
méritos de los aspirantes. Aquel, que obtuviera la mayor puntuación debería, por
lógica, constituirse como Fiscal o Contralor, según el caso.
Más de cien personas provenientes de todos los sectores presentaron en esta
oportunidad sus credenciales y se entrevistaron con los parlamentarios integrantes de la
comisión designada para evaluar los currícula de los candidatos. De estas
conversaciones debía salir una lista de 20 que se iría reduciendo hasta llegar a un
mínimo de candidatos entre los cuales la plenaria del Congreso debía decidir.
Sobre el Contralor, supuestamente hubo consenso. ¿Pero no se trataba de puntuación y
meritocracia? Se pregunta el colectivo entonces. Los intríngulis de su designación no
han salido todavía al aire.
Pues bien, hasta allí todo estaba perfecto. La duda surge después de enterarse que
los resultados del baremo arrojaban que Elio Gómez Grillo alcanzó la más alta
calificación con 105 puntos, seguidos por Alberto Arteaga con 78 puntos.
Inexplicablemente, el Fiscal resultó otro: Rafael Pérez Perdomo. A quien sus
opositores le incriminan por haber sido defensor de Carlos Andrés Pérez en el caso de la
partida secreta. "Defienda la Constitución como a CAP", fue el reto que le
lanzó el presidente Chávez.
Durante la conferencia de prensa que regularmente ofrece Donald Ramírez a la salida
del Comité Nacional de Copei de los lunes, narró como el entonces ministro de Relaciones
Interiores, Luis Miquilena, citó (en tres ocasiones) a las cúpulas de AD y Copei a las
oficinas de Multinacional de Seguros, empresa presidida por Tobías Carrero para discutir
y llegar a un acuerdo sobre la designación de los referidos funcionarios (¿No era,
entonces, que tratarían de hacer las cosas en forma distinta y transparente en esta nueva
administración? ¿Por qué en ese sitio? Son algunas de las preguntas que surgen
inmediatamente). Allí Miquilena defendía la tesis de llevar a Franklin Arriechi al
Ministerio Público. Arriechi, para más señas, se desempeña como consultor jurídico de
la empresa lugar de las citas, además fue defensor de Orlando Castro ¡Qué tal!. Este
desempeño fue el que sirvió a la oposición para descalificar a Arriechi.
De allí en adelante fueron barajándose nombres hasta llegar a una lista final de
integrantes que incluía a Elio Gómez Grillo, Franklin Arriechi, Dilia Parra, Alirio
Abreu Burelli y Rafael Pérez Perdomo. El resultado ya lo sabemos. Pero para descrédito
del presidente Chávez y el gobierno, el vencedor contó con el apoyo, no sólo de AD y
Copei, sino de un sector del MAS y, lo peor para el Jefe de Estado, de Luis Miquilena.
Por cierto, que los platos rotos los pagó Felipe Mujica, presidente del MAS, a quien
se le atribuyó la autoría del apoyo de un sector del partido naranja a Pérez Perdomo.
¿A quién creer? Es difícil decidir. A todos y a ninguno, sería una buena
alternativa.
La verdad es que son estas actuaciones las que certifican el descrédito de las
organizaciones políticas y sus representantes, incluidas las del oficialismo, que hoy
pretenden aparecer ante la opinión pública como los buenos y los distintos de la
partida.
Más de lo mismo, simplemente. |