La Feria va camino de superar el número de visitantes y ventas

Doce autores cuentan por quién y cuándo han hecho colas en busca de una dedicatoria

Winston Manrique, Madrid. - Si el buen tiempo sigue de aliado, en la Feria del Libro de Madrid se superarán el número de visitantes y la cifra de ventas del año pasado (2,5 millones de personas y 1.100 millones de pesetas). Así lo reconoció su director, Jesús García Bayón, tras el primer sondeo, que revela que el fin de semana pasado se acercaron al Retiro 600.000 personas y se vendieran ejemplares por valor de más de 102 millones. Y los cálculos indican que puede haber récord antes del 13 de junio.

Cuando por fin tuvo a Jorge Luis Borges al frente, no supo a dónde habían ido a parar las dos últimas horas que llevaba haciendo una fila culebrera entre los jardines de Cecilio Rodríguez, en Madrid, mimados por el otoño del 83. Sólo se le vino a la cabeza imaginar qué trazos de colores podría estar viendo el escritor argentino, mientras, y sin dejar de contemplarlo, le pasaba su libro Ficciones y le decía sonriente y con su voz apurada: "Mi nombre es Álvaro Pombo". Ésta ha sido la única firma que ha cazado el autor de La cuadratura del círculo (Anagrama), uno de los 210 autores que ayer firmaron sus libros.

Como Pombo, y a la sombra del fresco acomodado en los dos metros cuadrados que tiene cada una de las 466 casetas del Retiro, 12 escritores evocaron cuándo revolotearon por la dedicatoria de un autor y soñaron por quién buscarían la forma de obtener una firma. Quienes contaron cuándo estuvieron, de alguna forma, al otro lado de la caseta fueron Bryce Echenique, Almudena Grandes, Manuel Vicent, Valerio Massimo Manfredi, Ian Gibson, Francisco Ibáñez, José Luis Sampedro, Manuel de Lope, José María Mendiluce, Jorge Volpi y Antonio Gala.

A pesar de que todos ellos generan colas en los dos kilómetros de Feria, la mitad afirma no ser muy fetichista con los libros y no haber hecho lo que el millón y medio de personas ha demostrado por ellos en estos últimos nueve días. No niegan que sí cazarían firmas de algunos autores como Rulfo, Joyce, Mann, García Márquez, Cervantes y el mismísimo Homero.

Sólo Almudena Grandes, que firmaba Atlas de geografía humana (Tusquets), aseguró no haber buscado "nunca jamás" una firma, ni hacer nada por obtener alguna. Pero, aclara, que agradece a la gente que se acerca a ella en ese plan y entiende que "esto de las firmas forma parte del mercado de ilusiones".

Si Pombo aguantó amagues de lluvia por Borges, Mendiluce, que dedicaba Pura vida (Planeta), tuvo que correr para conseguir una dedicatoria de Julio Cortázar. Fue en 1984, en Managua, cuando coincidió en una cena con el escritor argentino en casa del entonces ministro de Cultura nicaragüense, Ernesto Cardenal. Acabado el segunda plato y apurado el postre, salió, tomó un taxi, fue a su casa y cogió el libro; regresó a la cena y puso en manos de Cortázar Rayuela.

En cambio, el ganador del premio Biblioteca Breve por En busca de Klingsor (Seix Barral), el mexicano Jorge Volpi, no tuvo que ir muy lejos tras su sueño; sólo hacer exactamente lo que hoy hacen por él, y allí mismo, en el paseo de Coches, cuando hace tres años recorrió la feria una y otra vez hasta lograr que Mario Vargas Llosa y Javier Marías le firmaran algunos de sus libros. "Aunque, la verdad", dice Volpi, "la firma era el pretexto para poder acercarme a ellos, conocerlos y preguntarles algunas cosas".

También allí en la feria, pero en estos días y a lo mejor ahora mismo, Francisco Ibáñez, que tenía ayer una larga espera de admiradores de su Mortadelo y Filemón (Ediciones B), ha buscado dedicatorias de colegas como Alfonso Ussía "y muchos otros porque es una cosa que me gusta".

Un caso de búsqueda, motivado por admiración personal fue el de Sampedro, Mar a fondo (Destino), cuando le pidió al general Gutiérrez Mellado, vicepresidente del primer Gobierno democrático de España, que le firmara un libro porque, asegura, "es un hombre que se lo merece".

Los cazadores de firmas

El autor que siempre forma marañas de gente frente a su caseta nunca ha pedido la firma de nadie. Antonio Gala confiesa que nunca ha sido devoto ni de las firmas de autores ni de las primeras ediciones. "Admiro mucho a la gente que hace estas colas y les agradezco que me visiten", dice el autor de Las afueras de Dios (Planeta), el libro más vendido, por ahora, en esta edición de la feria. "Yo tengo los libros", añade, "como elementos de trabajo", aunque reconoce que le encantaría tener una dedicatoria de Garcilaso de la Vega.

Una fila devorada por el horizonte sería lo menos que estaría dispuesto a hacer por Homero Massimo Manfredi, autor de Aléxandros (Grijalbo-Mondadori). En una situación posible "trataría de conseguir la firma de García Márquez", igual que Álvaro Pombo, que añadiría la de Thomas Mann. Ian Gibson, que firmaba El amor que no pudo ser (Plaza & Janés), se pondría al otro lado de la caseta por Cervantes y Joyce, "sobre todo por cómo Ulises ha influido en mi vida".

Las firmas como pretexto para cruzar un par de palabras sería la estrategia a seguir por Manuel Vicent en el caso de que Nabokov le firmara un Lolita. "No estaría seguro de hacer una cola, pero sí de buscar un momento más personal", señala el autor de Son de mar (Alfaguara), que ayer conversó una hora con un nutrido grupo de sus lectores en el pabellón de Encuentros Culturales del Retiro. El mismo objetivo de acercamiento regiría a Volpi en el caso de Rulfo.

En cambio, quien pudo tener la firma del autor de Pedro Páramo y no lo hizo por vergüenza fue Bryce Echenique. Se quedó paralizado cuando Rulfo se la pidió a él.

Manuel de Lope dejó por un momento la firma de Las perlas peregrinas (Espasa), para decir que no es fetichista de los libros, y añadió que le hubiera encantado tener unas letras de Michel Leiris.

El País Digital (España), 7 de junio de 1999