Trasunto de las cosas

Dimensión gozosa del Bolívar 2000

Jesús Rosas Marcano

Las damas del Movimiento Bolivariano, para enriquecer sus tertulias proselitistas podrían apoyarse en la vida placentera, digamos que bonchona del padre de la patria, obviando la de los discursos y decretos, o sea, animar pláticas existenciales, no digamos faranduleras, pero sí deliciosas acerca de un hombre óseo y dérmico. No da nota eso de carne y hueso. Ese que a los doce años alternó aprendizajes de equitación, de esgrima y de baile, prolegómenos envidiables de galantería juvenil, ejercitados en la cuadra de las Bárcenas.

El collar amoroso de Bolívar tuvo cuentas, perlas, un par de zafiros, una esmeralda y una diadema de brillantes. En Santa Marta, ese collar como un delta al revés regresaba hilitos diáfanos, invisibles, de una fuente exhausta, legítima y única, su corazón vencido.

La Güera Rodríguez, Teresita Toro, Pepita Machado

Su primera cuenta fue la "Güera" Rodríguez, su amor veracruzano, descendiente del virrey Asanza. María Ignacia Rodríguez es la travesura de sus dieciséis años cuando iba rumbo a España; tres semanas.

Su diadema de brillantes es Teresita Toro y Alaysa, emparentada con los marqueses del Toro y de Inicio y con el conde de Rebolledo. Boda en Madrid el 13 de abril de 1802.

Marina, amiguita de Alejandro Manzoni, (autor de la novela Los Novios), es la cuenta milanesa del collar. Manzoni dice que Bolívar, tirado en un canapé, en su primer delirio (el otro es el del Chimborazo), exclamaba: -¡Esa mujer ha decidido mi suerte!

Una de las perlas es Fanny de Villars, casada con Dervieux de Villars, cortejada por el príncipe Eugenio. Francesa, veintiochena, charmante. Ella es el elíxir de su vida y quien le hace llevadera su viudez en París. Nostalgioso, Bolívar la llama Teresa.

Uno de los zafiros es Josefina Machado, la "Señora Pepa", una de las doce doncellas que lo coronó en la Iglesia de San Francisco en 1813. Fue su amor náutico entre bergantines y goletas hasta 1820.

En 1816, cuando en Juangriego una banda inglesa le tocaba "Yankee Doodle" Bolívar pescó su cuenta margariteña: Asunción Jiménez. Los legionarios habían reprochado a Bolívar haber perdido un paseo para contemplar la belleza de La Asunción. El héroe sonrió y les dijo que él había atesorado todo su aliento en la cubierta del bergantín. Se refería a la otra Asunción, ósea y dérmica.

Julia Cobier, Isabel Soublette, Bernardina Ibáñez

La perla antillana de Bolívar fue Julia Cobier o Gober; morena pálida, tierna, excitante y rica. Pernoctaba con ella en Kingston cuando sus enemigos fueron a la otra casa y asesinaron al pobre Félix Amestoy, quien lo esperaba para platicar, y por breve reposo ocupó su hamaca.

Su perla caraqueña en Guayana fue Isabel Soublette, hermana del general Carlos ídem. El intrigante coronel Hippisley escribió en el Times de Londres que Bolívar le había regalado a Isabel la más grata mansión de Angostura, donde podía verse una de las maravillas de la ciudad, la bella cama incluida en el obsequio para la señorita Soublette.

Juana Pastrano Salcedo es la cuenta humilde de Capacho, la Campaña Admirable. Cuando Bolívar brindó con Morillo en Santa Ana, preguntó por su graciosa campesina. Pero qué va; la madre la había ocultado en Piedra Gorda, aldea donde había nacido la flor silvestre.

Bernardina Ibáñez es la perla del Libertador que procede de Ocaña. Estuvo entre las quinceañeras que lo coronaron en Bogotá después de la batalla de Boyacá. Esa "Melindrosa" para Bolívar, pretende ser su ángel. Estaba prometida en matrimonio con el pavo del ejército, el coronel Ambrosio Plaza.

Manuelita Sáenz, Joaquina Garaicoa, Jeanette Hart La esmeralda del collar fue Manuelita Sáenz, quiteña que consume toda la literatura amorosa del héroe. La procuró para siempre en el Baile de la Victoria. Enloqueció por Bolívar. Celosa, lo arañó brutalmente por un arete de brillantes encontrado en su lecho.

Joaquina Garaicoa es el otro zafiro del collar. Ella es la "Gloriosa". Bolívar, "su sol naciente", "el objeto de su adoración". Una cuenta de brillo fugaz es la francesita Anita Lenoit. -No, Ani, tú no puedes ir para la campaña del Magdalena. Benedicta Nadal es su cuenta boliviana de amor. "Tu amante", le anota el héroe. Manolita Madroño es su perla peruana trashumante, Huaylas, después de Ayacucho. Jeanette Hart es su perla norteamericana. La conoció en el puerto de El Callao en una recepción en la goleta insignia "United States".

Perlitas sueltas y mostacillas

Se enhebran Teresa Laisne, madre de Flora Tristán; sus primas Aristiguieta, las bellas de Ocaña, Bárbara y Juana de Dios Lemus; Salustiana y María de Jesús Patiño; Nicolasa Ibáñez, hermana de la "Melindrosa". En el ensarte siguen Manuelita White, maestra parvularia en Caracas; Teresa Mancebo a quien le produjo insomnios. La poetisa peruana Tomasa de Suero y Larrea que le escribe poemas en francés. ¡Ay!, y la perlita realista Aurosa Pardo, decidida a no bailar con ése en un baile en Lima en honor a Sucre. Ella grita, ¡viva España! Bolívar la estrecha contra su pecho. Ella con aliento nuevo: ¡Si tú eres el Libertador, viva la gloria!

El Nacional On Line, 7 de junio de 1999