Debate en tiempo igual: Medidas comerciales unilaterales

Bolívar o Páez?

Janet Kelly

Es una falacia reconfortante la idea de que progresamos con el tiempo. La historia del hombre no necesariamente corresponde al ciclo orgánico individual de crecimiento y maduración, sino más bien se asemeja a la evolución de los genes que se van reproduciendo con pequeñas variaciones, para bien y para mal, a través de las generaciones. Cambian las tecnologías y el potencial para transformar la tierra, pero las naciones y hasta las civilizaciones van sustituyéndose, a veces con acierto, a veces con barbaridad. Hoy coexisten Mandela y Milosevic, Castro y Clinton, Saddam Hussein y Sonia Gandhi. Queda para cada pueblo escoger su destino, aunque es difícil entender los procesos por los cuales se llegan a estas decisiones. Quizás están en el día a día, en los pequeños pasos que van conformando la suma de lo que somos. Por eso, es preocupante observar los pequeños movimientos de Venezuela hacia atrás en restringir el intercambio comercial con sus vecinos. Seguimos a Bolívar o a Páez?

Nuestros valores indican distintos caminos contradictorios. Por un lado, es políticamente incorrecto ser neoliberal, cantar las virtudes del mercado sin señalar sus vicios o abrir ingenuamente el comercio sin salvaguardar para asegurar la estabilidad del sector productivo. Por eso, luce razonable proteger nuestra flota camionera de las incursiones de los colombianos, por lo menos hasta que estemos en condiciones de competir en condiciones de igualdad (cuando se acabe la guerrilla en Colombia?, cuando la tasa de cambio nos favorezca?). Por otro lado, nunca antes se ha visto tanta retórica a favor de la unión latinoamericana, el mercado único regional, la moneda común, la Petroamérica. Tal confederación latina implicaría que nuestros gobiernos intervencionistas, nacionalistas y desarrollistas dejasen de decretar cuáles son las ventajas comparativas o competitivas de sus países respectivos. La integración significaría inevitablemente la desaparición de los sectores menos eficientes o su transformación y modernización frente a este peligro. Queremos la unión, como ideal político y como base para una América Latina pujante igual que Europa o América del Norte, pero no queremos pasar por los dolores que ésta significaría. Queremos exportar, pero no queremos importar. Queremos ser más eficientes, pero queremos que cada trabajador tenga garantizado su puesto de trabajo. No somos consistentes en nuestros deseos.

El asunto del transporte entre Venezuela y Colombia muestra perfectamente las contradicciones de la posición venezolana. En el comercio moderno los costos de llevar un producto al consumidor final no se encuentran sólo en la fabricación, sino también en los sistemas administrativos, las técnicas de empaque, las redes de distribución y las formas de organizar la venta final. El transporte juega un papel importante, como indica el hecho de que los chinos nos venden bluyines como si fueran cosidos en Catia. Se han reducido tanto los costos generados entre la fábrica y el comprador final que el lugar de producción casi no importa. Cualquier traba en la ruta significa la diferencia entre ser competitivo o no. En efecto, el trasbordo de la mercancía en la frontera entre Venezuela y Colombia no es trivial: implica la intervención de dos empresas de transporte (con sus overhead respectivos), mano de obra para el traslado, burocracia para asegurar que no haya trampa y, seguramente, otros costos escondidos que se sumarán a los costos de la transacción.

Compara estas trabas con las tendencias mundiales en el comercio, que suponen una fluidez prácticamente absoluta en las transacciones. Amazom.com toma pedidos en algún servidor computarizado, busca el inventario en el depósito más adecuado y emite una orden de entrega a cualquier punto en el globo. DHL o Federal Express actúan como intermediarios entre compradores y vendedores y pueden decirles en todo momento dónde se encuentra la mercancía en su trayecto. A Merril Lynch no se le ocurrió pedir la supresión de sus competidores electrónicos, sino tuvo que montar un servicio similar, que significará la pérdida de sus puestos de trabajo para muchos soldados en su ejército de corredores. Mientras tanto, un camionero en Táchira busca que su gobierno prohíba la entrada de su competidor colombiano, porque no puede con la competencia. Tenemos información fehaciente de que su problema está en el peligro de las carreteras en Colombia? Qué está haciendo la industria del transporte para prepararse para la globalización? Por qué un libro de Amazom.com cuesta el doble cuando se entrega en Caracas? No será que nuestros sistemas de distribución constituyen el flanco menos competitivo de la industria venezolana?

Venezuela puede seguir jugando la carta proteccionista a corto plazo, pero a largo plazo es una estrategia fatal. La tarea consiste en entender mejor las fallas empresariales que explican nuestras debilidades. La protección sólo permite posponer la modernización necesaria. Ojalá que gane Bolívar esta vez.

El Universal Digital, 7 de junio de 1999