Vigía
El poder de la sociedad civil
Jorge Gómez Mantellini
En el mundo de las ideas, la sociedad civil está de moda. Admitido este presupuesto, diríase, que es casi imposible leer un artículo sobre política nacional o internacional que no contenga alguna mención sobre este concepto. Además, la 'sociedad civil' atrae a diestra y siniestra, lo mismo en las sociedades más avanzadas del globo que en las subdesarrolladas. Los políticos de todas las tendencias entonan alabanzas en su honor. Ese renovado interés crea una cultura, que es necesario tener en cuenta, sobre todo, cuando este mundo nuestro, cada vez se vuelve más hermético y hostil para sus propios habitantes y cada día más divididos, más atemorizados ante la llegada de los 'Cristos violentos' que anuncian el terror de Estado. Donde, los nuevos señores, 'grandes inquisidores', reinan utilizando la rebelión de los oprimidos, alegando como única justificación la construcción de una nueva humanidad, donde la cuestión de la legalidad desempeña un lugar secundario. En estas circunstancias, hay que poner cada cosa en su lugar y la sociedad civil desempeñar el rol que le corresponde. Pues, es un problema de concepción de la convivencia social lo que este país tiene planteado. Por ello, conviene destacar: es habitual, casi tópico, que los análisis acerca de la realidad venezolana concluyan en la afirmación, que se cifra en falta de una comprensión normal; sustituida por el enredo, la intolarencia y algo peor todavía el abandono del diálogo frente a la amenaza de la fuerza, conclusión: los signos de un peligro cierto nos acecha. Pero, además, sería trágico que pudiera decirse que los venezolanos la sociedad civil pudieron hacer algo para impedir el crimen y, sin embargo, no lo hicieron. ¡Esta vez el drama nos pertenece a todos! Planteado así el asunto quizá sea su misión aquí y ahora conservar vivo lo que pueda librar a la propia sociedad civil del despotismo.
Por ello, frente a las propuestas de transformación de la sociedad que padecemos y la confusa situación anímica que vive el venezolano, no te dejes raptar por promesas demagógicas o seductoramente fáciles. Mientras estas cosas suceden, se debate el colectivo venezolano dentro de la mayor incertidumbre, y aunque ha despejado sus fantasmas a base de incorporarlos, está interesado en conocer el futuro inmediato que le aguarda. Es ridículo, entonces, reducir estas cosas a un veredicto simplista. Sin embargo, los pueblos, si bien, no son prototipo de hacer grandes y sesudos razonamientos, son por excelencia intuitivos, mezclados de pesadillas, emociones y amantes de su libertad y decoro personal. Entretanto, sin que ello suponga descortesía para nuestro 'noble y amable' anfitrión, debemos seguir fiel al ideal político de la defensa de las libertades públicas, de la plena separación de los poderes y de reforzamiento en cuanto en las instituciones públicas ponga el pacto entre iguales por encima de la predestinación de uno solo. Ante esta situación hay innumerables preguntas sin respuestas, por lo cual la sociedad civil debe estar atenta a que esos sueños de libertad social, no se pierdan en manos de intereses subalternos.
El Universal Digital, 7 de junio de 1999