La actitud presidencial
Fernando Ochoa Antich
Escribo este artículo dominado por el impacto negativo que me ha producido escuchar los discursos del presidente Chávez en Puerto Nutrias y Capacho, y leer el artículo publicado en El Universal titulado Reflexiones de una venezolana independiente, de Julia Lares de Molina. Definitivamente Hugo Chávez no acatará la ley ni el llamado del Consejo Nacional Electoral, transformando la campaña para la Constituyente en la más cínica y ventajista acción política que haya vivido la democracia venezolana. El presidente Chávez utilizará todas las ventajas del poder para promocionar a los candidatos del mal llamado Polo Patriótico, dejando sin ninguna oportunidad a los vastos sectores de independientes que, en algún momento, tuvimos quizás la intención de participar en la elección. Escuchemos las sentidas palabras de Julia Lares de Molina: 'La contienda no se resume en la valoración de ideas para la nueva Constitución y de calidad profesional comprobada de los candidatos, sino entre los que apoyen o no al Presidente de la República. He decidido dejar de ser aspirante a candidata para la Asamblea, ya que comprendo que la posibilidad de llegar, que al principio era difícil, hoy la considero casi imposible'. Definitivamente vamos rumbo a una Asamblea Constituyente hegemónica y sectaria.
Hugo Chávez continúa en su afán de dividir el país entre los que son 'honestos y patriotas' sólo por apoyar a su gobierno y los 'corruptos', responsables, según él, del desastre nacional de estos últimos cuarenta años. Según el Presidente, todo el que hace oposición es adeco o copeyano, sin quitársele el sambenito de ladrón. No quiere entender que en Venezuela hay vastos sectores que no comparten sus equivocadas ideas y sus absurdas posiciones, pero que tampoco han apoyado a ninguno de los gobiernos anteriores. Además, no existe ninguna razón para que el Presidente de la República utilice su alta investidura y los medios del Gobierno para agredir a venezolanos por el sólo pecado de pertenecer a una de esas organizaciones políticas. Estoy convencido de que el radicalismo del presidente Chávez, sus odios contenidos, sus marcadas frustraciones, conducirán a Venezuela a un grave enfrentamiento social y político, que sólo podrá dirimirse en medio de la violencia. No creo que los venezolanos que votaron por Hugo Chávez quieran ver al país dividido en bandos irreconciliables, como ocurre en Colombia o como, para tragedia de sus pueblos, sucedió en Centroamérica.
¿Qué legitimidad puede tener una Asamblea Constituyente electa en medio de un permanente irrespeto por parte del presidente Chávez a la ley electoral y de un tan marcado ventajismo político? ¿Podrá surgir el necesario consenso nacional alrededor de la próxima Constitución venezolana en un ambiente de tan inconveniente enfrentamiento? Estas preguntas deben ser respondidas por aquellos vastos grupos de la sociedad civil que se ilusionaron con el sistema nominal de elección para decidir si deben mantener o no las candidaturas independientes. También creo que todos los sectores opositores al Gobierno debemos analizar si nuestra presencia en el debate electoral no legitima la aspiración hegemónica del chavismo. ¿No sería más conveniente para la democracia venezolana denunciar ante los venezolanos y el mundo las inequitativas condiciones electorales que quiere imponer el gobierno de Hugo Chávez para obtener la mayoría en el proceso constituyente? ¿Qué harán los miembros del Consejo Nacional Electoral? ¿Tendrán el valor de renunciar? La actitud del doctor Vicente Grisanti, presidente del Consejo Nacional Electoral, quien renunció al cargo ante el fraude electoral de Marcos Pérez Jiménez en el año 1953, es un buen ejemplo de dignidad republicana.
El Universal Digital, 7 de junio de 1999