Radiografías
Entre la Codicia y la Prudencia
Justo López Madriz
Con las pilas cargadas y la cabeza alborotada arribó al aeropuerto de La Carlota la semana pasada el Presidente Hugo Chávez, una vez concluida su gira por Colombia y México. Tal como fue recogida la información por los medios de comunicación (prensa y televisión), pudimos evidenciar cómo fue entrevistado el Presidente en el Hotel Santa Clara, de Cartagena; nos sorprendió el tono reflexivo, pausado y tranquilo con el cual conversó con los representantes de los medios, respondiendo una a una y sin rodeos las preguntas ante las principales dudas que existen en relación al compromiso democrático y su proyecto de transformación para Venezuela. Parecía la Caperucita Roja; sus respuestas, sobre todo en el tema constituyente, fueron explícitas. El objetivo principal de este proceso constituyente indica el entregar todo el poder político a Chávez, quien desea, como lo ha expresado públicamente, perpetuarse en el poder por diez o catorce años. En otras palabras, Chávez desea la reelección inmediata y quiere la figura de un vicepresidente, como lo ha anunciado su consorte y partner Alfredo Peña, pues en la mayor parte de las democracias occidentales funcionan estas propuestas sin mayores problemas. Por cierto, una de las respuestas de Chávez al periodista en Cartagena fue en relación a la polémica generada por su declaración de neutralidad frente al conflicto colombiano, asumiendo que ésta refleja un cambio de actitud, posición e intención de Venezuela, queriendo indicar que no es enemigo de la guerrilla colombiana y, obviamente, tampoco del gobierno. ¿El Presidente Pastrana lo entenderá?
Continuemos con el tema; tuvimos a un Presidente Chávez en esa gira por Colombia y México pausado, reflexivo, tranquilo, con cordura, bien vestido, regalando corbatas rojas por dondequiera, sin soltar ni una sola frase agresiva de las que desatan dentro y fuera de Venezuela temores por el futuro del país. Pero, a pesar del buen trato de los hermanos colombianos y de los manitos mexicanos, Chávez llegó a Caracas, como dije al principio, con las pilas cargadas y la cabeza alborotada; instó a los precandidatos a la ANC del Polo Patriótico a salir a la calle a buscar firmas y a divulgar sus ideas (densas y profundas), pues "estamos en tiempos de protagonismos". Su actitud desafiante, a la cual ya estamos acostumbrados, no se hizo esperar frente al complaciente y timorato CNE; "que me abran uno y mil expedientes, eso a mí ni me va ni me viene, ya yo estuve dos años y medio en la cárcel", y continuó con su incontinencia verbal expresando que aquí en Venezuela no ha funcionado la democracia, sino una tiranía de cúpulas, cogollos y partidos. Por cierto, cúpulas, cogollos y partidos que han respetado las reglas de juego de la democracia, el resultado de unas elecciones libres y soberanas, previstas en nuestra Constitución Nacional y regidas por una institución como lo es el CNE, que debe hacer cumplir la Ley del Sufragio a todos los ciudadanos de este país por igual, respetando y acatando las leyes vigentes. Cosa que no parece interesarle mucho al Presidente.
Pero no, el tono de discordia, atropello, frases agresivas e irrespeto fueron fuente de inspiración a su regreso a Venezuela. Qué distinto sería para el país y para el propio Chávez ponerse en sintonía con discursos conciliatorios, diálogo y respeto, al igual que lo hizo creer ante colombianos y mexicanos. No hay necesidad de instar a la desobediencia, a la insurrección y al irrespeto, sobre todo para aquellos que disienten de sus criterios y formas de pensar; eso sería lo correcto, lo sensato y lo honesto.
Ante todo esto, la preocupación más grande no deja de ser la situación económica
que vivimos en el país, la cual ha pasado a ser asfixiante. Recientemente, un grupo
interdisciplinario de profesionales reunidos en el Latin American Advisory Board Members
decidió evaluar la gestión presidencial de Hugo Chávez en sus primeros cien días de
gobierno, tanto en su gestión política como económica, la cual calificaron de regular
para mala, lo que se puede interpretar que fue aplazado; los resultados más resaltantes y
que afectan directamente el bolsillo y la barriga de los venezolanos es que en esta
consulta se reconoce que el Presidente en el tema económico ha jugado las reglas de la
economía de mercado y de la democracia política. Pero todos coinciden en que el Jefe del
Estado no tiene ni un programa que lidere el proceso de transformación que el país
reclama. Ya no sabemos, según estos criterios, si en el proceso constituyente del
Presidente se pueden establecer las bases de una sociedad generadora de riqueza, con
libertad e igualdad de condiciones y oportunidades para todos; o, por el contrario, se
puede, como en efecto se olfatea, constituir a través del proceso constituyente, en el
caso de que se incline hacia los partidarios del Presidente, en un mecanismo o sistema
para satisfacer la apetencia de recursos públicos, de poder político o de privilegios de
sectores cercanos al poder gubernamental.
Esta nueva Carta Magna deberá incluir el derecho que tenemos los venezolanos a la
información y libertad de expresión, los límites del Estado en el proceso de
endeudamiento fiscal, la independencia del Banco Central de Venezuela y los mecanismos de
estabilización macroeconómicos. Todo esto es posible en un país con una sociedad civil
y una juventud bien educadas, para que produzcan los cambios culturales que necesitamos y,
de una vez por todas, sentar las bases para una mayor productividad económica y
modernización de nuestras instituciones.
En este proceso de elecciones para elegir la ANC esperamos que la formación, preparación, capacidad intelectual, sindéresis y ganas de trabajar por el país estén presentes en todos los precandidatos nacionales y regionales que aspiran integrar la ANC. Aunque sabemos que no todo es así, hay que hacer el intento, pues lo que se quiere es una ANC pluralista, dentro del marco ideológico, con capacidad de criterio y libertad de actuación, y no una ANC que esté integrada por borregos incondicionales de nadie. Creo que los precandidatos deben informar en esta corta campaña a sus electores: primero, quién es, qué hace o qué ha hecho por el país. Segundo: qué quiere cambiar de la Constitución Nacional actual y por qué. Tercero: qué nos quiere dejar de la actual Constitución; en dos platos, debemos entender que todos tenemos derecho a aspirar y participar, pero lo que sí es un crimen para la ANC y para el país es la participación de personas, como hemos visto, con primer grado de instrucción y "raspaos" en plastilina, que caminan hacia adelante porque ven a los demás (ni tan calvos ni con dos pelucas), los cuales no tienen, y de ello estamos seguros, nada que aportar. Hay que acabar con los compadrazgos y los aduladores de oficio, que a través de la política del corcho siempre están arriba flotando.
Debemos llevar a la ANC a los mejores y a los más capaces, pues no es una Carta o Libro Gordo de Petete el que se va a redactar, es nuestra Carta Magna, que se va a elaborar en esa ANC con el objeto fundamental de rediseñar el marco institucional del Estado, que por mandato del referéndum del 25 de abril pasado establecer, una vez instalada, sus propios estatutos, teniendo como límites los valores y principios de nuestra historia republicana.
Así como el cumplimiento de tratados internacionales, acuerdos suscritos por la
República y las garantías democráticas dentro del más absoluto respeto a los
compromisos asumidos. Presidente Chávez, esto es un mandato del pueblo en el que no tiene
cabida el refrán que usted suele expresar cuando no le hablan por el oído que le gusta;
"a palabras necias, oídos sordos".
Es bueno recordar cuando la revolución de 1858, que derrocara a Monagas, la cual fue una
farsa, lo que dijera un insigne venezolano: "Yo olvido, señores, con todo mi
corazón; olvido como si hubiera bebido aguas del Leteo, y espero que Venezuela olvide
también, porque un pueblo que se vuelve atrás a remover el fango de su pasado merece la
suerte del sepulturero, vivir para siempre entre despojos humanos". Fermín Toro.
Presidente Chávez, no mire para atrás ni para coger impulso, recuerde que la codicia es un pecado capital y la prudencia una gran virtud.