Leyes, risa presidencial y economía

Gilberto Carrasquero Naranjo

Chávez vuelve al ataque. El Presidente se ha despojado una vez más de la "majestad" de su cargo para lanzarse al ruedo político, de frente y sin titubeos, a hacer campaña por sus candidatos a la Constituyente. Su actitud de "criollo sobrao", constituye un abierto reto a las instituciones y una violación flagrante a la normativa legal vigente. Esta nueva acometida de Chávez -lejos de reafirmarlo en el liderazgo del país- lo hace sentir débil, a él y a su organización política. Si Chávez estuviese convencido de que va a "arrasar" en la Constituyente, no tendría necesidad de recurrir a sus ministros para tener candidatos ganadores y mucho menos se sentiría en la necesidad de retar -una vez más- a las instituciones y ponerse al margen de la Ley, haciendo campaña por candidatos que de otra manera no podrían aspirar un puesto en la Asamblea Nacional Constituyente. Sin embargo, Chávez sabe que en la Constituyente se lo está jugando todo. Si pierde, no sólo perderá en su tema central: la reelección, sino que, igualmente, perderá la posibilidad de actuar políticamente como lo ha hecho hasta ahora: en un vacío de oposición. Por eso sale a la calle, por eso abraza ministros, por eso hace campaña y por eso se lo juega todo. Quizás, políticamente, no tiene alternativa. Pero, como conducta presidencial, deja mucho que desear.

Confianza y reactivación económica

Todo esto sucede una semana después de que el Presidente abordara un grupo de empresarios e inversionistas nacionales y extranjeros en el evento montado por The Economist en el cual Chávez insistió en que se había hecho y se estaba haciendo todo lo conducente para la reactivación económica. Chávez todavía no entiende que lo único que ha hecho es no "loquear" en lo fiscal, lo cual le reconocemos y le aplaudimos. Sin embargo, nada se ha hecho para reactivar la economía. Nada se ha hecho para echar a andar el aparato productivo y nada se ha hecho para corregir la profunda distorsión de los precios en moneda local de bienes y servicios producto de una sobrevaluación que ahoga a la industria nacional.

Es obvio que aparte de las medidas de orden económico que debemos tomar para reactivar el aparato productivo, debemos trabajar también en algo más etéreo y mas complicado: debemos generar confianza para que pueda haber inversión. La confianza de los inversionistas es producto de un complejo cúmulo de circunstancias. Sin embargo, las variables de mayor peso en la ecuación son la madurez institucional y la seguridad jurídica. Podríamos resumir la situación aseverando que los inversionistas quieren un Estado de Derecho fuerte y eficiente.

Ese Estado de Derecho debe existir más allá de la retórica. Chávez cree que la confianza se decreta. El Gobierno trabaja en la redacción de una ley de protección a la inversión extranjera. Es decir, que el Presidente cree que va a generar la confianza para invertir en el país a través de la instauración de mecanismos de carácter legal que garanticen a los inversionistas la seguridad jurídica que nuestro sistema judicial "putrefacto y corrupto" es incapaz de garantizar. Pero, en el camino, insiste no sólo en colocarse "más allá de la ley" sino que declara que le "da risa" los procedimientos que podrían seguírsele por su insistencia en hacer campaña al margen de la Ley.

En efecto, en El Universal del pasado lunes 30 de mayo aparece un reportaje de Alicia La Rotta en el que se cita al Presidente declarando lo siguiente: "Tendrán que amordazarme para que no haga campaña (...) que me abran uno y 1.000 expedientes, a mí eso ni me va ni me viene"; y, por último, "vengan por mí, que me lleven (preso) 20 días y luego 20 más (...) me da risa". No puedo evitar acordarme de la reflexión con que los humoristas de La Reconstituyente cierran el espectáculo: "Nos hemos reído de nuestros gobernantes. Pero, no hay que preocuparse de un país en el que el pueblo se ríe de sus gobernantes. Hay que preocuparse cuando los gobernantes se ríen del pueblo".

Vox populi versus Estado de Derecho

El Presidente se ríe de las leyes y de las instituciones porque cree tener una suerte de mandato popular "originario". Estoy seguro de que la argumentación jurídica del Presidente y sus asesores va a lo largo de un hilo como éste: Chávez fue electo por abrumadora mayoría, esa mayoría quiere una Constituyente, esa mayoría no cree en los poderes constituidos y Chávez es el mandatario legítimo de esa voluntad popular; por lo tanto, puede violar la ley en función de "fines superiores" de cara a una suerte de derecho natural. Si esto fuese así, Chávez no necesitaría hacer campaña, porque el "soberano" como no se equivoca (según Caldera y Chávez) eligiría de todas maneras a los constituyentistas más adecuados.

Sin embargo, con la caída de las monarquías y la instauración de los regímenes republicanos surgió el Estado de Derecho y el imperio de la ley sustituyó la voluntad del monarca. El pueblo es el soberano, pero su voluntad se traduce en norma a través de los mecanismos establecidos justamente para evitar el atropello de cualquiera que, en un momento dado, se sienta depositario único del mandato popular. La sujeción a las normas se hace indispensable no sólo para evitar atropellos por parte de quien ejerce la autoridad, sino también para evitar el desastre que ocurriría producto de la volatilidad de la "voluntad popular".

Las matrices de opinión son altamente manipulables y volátiles. Imagínese usted que cada vez que un presidente se vea obligado a tomar decisiones impopulares pudiese ser removido de su cargo. Imagínese ahora si usted consultase al soberano sobre materias tributarias; estoy seguro de que la "voluntad popular" se manifestaría en contra de la propia existencia de los impuestos. Por eso necesitamos un Estado de Derecho y una madurez institucional que nos proteja de excesos en el ejercicio de poder y de la volatilidad de la voluntad popular. Sin estos elementos jamás generaremos la confianza para lograr los niveles de inversión necesarios para acometer el desarrollo.

El Presidente tiene que ser factor generador de esa confianza y debe hacerlo sujetándose estrictamente a la ley y al Estado de Derecho, aun cuando piense que el pueblo quiera otra cosa. De lo contrario, estaríamos cayendo en una paradoja parecida a la de aquella franela que se puso de moda en los 60 con el logo, las letras y los colores de Coca Cola y que decía: "Coma caca". Abajo en letra pequeña apuntaba: "5.000 millones de moscas no pueden estar equivocadas".

El Nacional On Line, 16 de junio de 1999